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Milton W. Howard

SIN VERGÜENZA
 
 

Romanos 1:16 "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para
salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego."

Muchos hombres de hoy día tienen vergüenza de las doctrinas de la gracia. Si en casa predican
estas doctrinas, lo hacen con mucha precaución. En sus intentos de hacer el evangelio aceptable al
hombre carnal, ellos disculpan y aclaran hasta no tener nada.

No me discuplo por creer y predicar las doctrinas de la libre y soberana gracia de Dios. Si hay un
Dios en el cielo (y solo un necio, deliberadamente ignorante, lo niega), este Dios es absolutamente
soberano en todas las cosas. Si todos los hombres no son depravados totalmente por la naturaleza,
incapaces de hacer nada para su propia salvación, la muerte de Christo es vana. Si Dios tenga un
pueblo a quien ama, y al cual es bondadoso, lo amó y determinó serles gracioso en la eternidad en
la elección eterna. Y el Dios eterno nunca cambia Su propósito y Su amor. ¡Él es imutable!

Si Cristo Jesus, el Hijo de Dios, murió en el lugar de los pecadores como su sustituto legal delante
de Dios, estos pecadores son redimidos y deben ser salvos. Sus méritos infinitos y la justicia de
Dios demandan su salvación.

Si Dios el Espíritu Santo determina salvar cualquier hombre, este hombre será salvo por medio de
su poder irresistible; la omnipotencia no puede fallar ni ser derrotado.

Y cada pecador, creyendo en Cristo, será preservado y guardado por el poder de Dios hasta la
gloria eternal. Nadie puede perecer siendo salvo por el Dios todopoderoso.

Estas cosas son el centro de mi fe. Al rechazar una de estas doctrinas, estas verdades, sería
rechazar mi Dios y Salvador y hasta el evangelio mismo. Lo que Dios me ha enseñado por Su
Espíritu, atravez de Su Palabra y mi experiencia, lo debo creer. Y lo que yo sepa ser la verdad de
Dios debo proclamar, no importa el costo ni las consecuences. Hacer otra cosa sería traición de
parte mía y a los que me oyen, a mi Dios, y a mi alma.

Nuestro Dios, para salvar Su pueblo, ha tomado nuestro pecado y nuestra culpa y lo ha puesto
sobre Su Hijo unigénito, haciéndole a Él pecado por nosotros, aún Él que no conoció pecado.
Haciéndole a Él pecado por nosotros, Dios mató a Su Hijo como sacrificio infinito por el pecado
en nuestro lugar, en estricto acuerdo con Su justicia divina.

En consecuencia de este traspaso de pecado, cada alma que cree en Cristo recibe un perdón
perfecto y justicia perfecta. Cristo fue hecho pecado para que nosotros fuesemos hechos la
verdadera justicia de Dios en Él. Esto es sustitutición. Es el corazón del evangelio.

La esperanza del creyente es nuestra esperanza de todo bien necesario en tiempo y eternidad,
fundado sobre las promesas, relaciones, y perfecciones de Dios y el oficio, la justicia, y la
intercesión de Cristo. Es un compuesto de deseo, esperanza, paciencia, y gozo.

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