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La verdad de Dios incluye la veracidad y la fidelidad: -- la veracidad en su delaración de las cosas como son, y la fidelidad en el cumplimiento completo de sus promesas y amenazas. Los hombres frecuentemente erran en sus testimonios por el yerro de la verdad, y faltan mediante la inhabilidad de cumplir las promesas que habían hecho con intenciones honestas. La omnisciencia de Dios hace imposible el error con él; y su omnipotencia y inmutabilidad hace el cumplimiento de sus intenciones ciertas. La verdad, como un atributo moral, es el acuerdo de la mente con lo que se dice de el que habla. Nunca culpamos a los hombres con la falta de la veracidad, cuando erran en su testimonio mediante el mero yerro; o con la falta de fidelidad cuando faltan de cumplir sus promesas enteramente por su inhabilidad. El testimonio de Dios es verdadero porque acuerda perfectamente con su vista de las cosas, y que esta vista acuerda con el estado actual de las cosas, resulta, no de su verdad, pero de su omnisciencia. Sus promesas son verdades porque ellas acuerdan precisamente con sus intenciones; y que estas intenciones son exactamente cumplidas, resultan de otros atributos, como ha sido explicado. La verdad es entendida por la mayor parte de referirse a algo hablado o escrito; pero la verdad de Dios puede ser entendida en un sentido más ancho, en denotar el acuerdo de todas las revelaciones o manifestaciones que él ha hecho de sí mismo, con su mente y carácter.
Porque las manifestaciones de Dios de sí mismo son verdaderas, no quiere decir que ellas son completas y perfectas. Él mostró su gloria a Moisés; pero era solo una parte de su gloria que él exhibió, porque Moisés no podía soportar el despliegue entero. Todas las manifestaciones a sus criaturas son necesariamente limitadas; y ellas son hechas según le agrada en su vista. Nuestro conocimiento de Dios, el cuál es necesariamente imperfecto por causa de nuestras debilidades, es frecuentemente erronea, mediante el maltratar nuestro de las manifestaciones que él ha hecho. Así que el mundo pagano, "habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á Dios...mudaron la verdad de Dios en mentira" (Romanos :21,25).
Cuando los hombres abusan el conocimiento de Dios que poseyen, y los medios de conocimiento que les ha concedido, no es inconsistente con su carácter de entregarlos, en juicio justo, a las concupiscencias de sus propios corazones. "Por cuanto no recibieron el amor de la verdad...Por tanto, pues, les envía Dios operación de error, para que crean á la mentira" (2 Tesalonicenses 2:10,11). Como Acab deseaba una profecía falsa, y sus profetas deseaban en gratificarle, así Dios lo entregó a ser engañado."Entonces el rey de Israel juntó los profetas, como cuatrocientos hombres, á los cuales dijo: ¿Iré á la guerra contra Ramoth de Galaad, ó la dejaré? Y ellos dijeron: Sube; porque el Señor la entregará en mano del rey" (1 Reyes 22:6). Esto es expresado, en la apariencia profética de la Escritura, por enviar un espíritu mentiroso a sus profetas. "Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá á Achâb, para que suba y caiga en Ramoth de Galaad? Y uno decía de una manera; y otro decía de otra. Y salió un espíritu, y púsose delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? Y él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: inducirlo has, y aun saldrás con ello; sal pues, y hazlo así. Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti" (vv.20-23). Acab era engañado; pero era a pesár de la palabra verdadea de Dios, por el profeta que él rechazó. Jeremías se quejó que Dios lo había engañado ["Alucinásteme, oh Jehová, y hállome frustrado" (Jeremías 20:7)]; pero esto, en la construcción más contraria que puede ser puesta en su lenguaje, suma a nada mas que una exclamación impaciente del profeta, bajo de una prueba severa.
Nosotros no podemos tener ningún conocimiento de Dios, sino por las manifestaciones que él ha hecho de sí mismo. Cuando las recibimos, como quiera que sean hechas, en expresandonos la mente y el carácter de Dios, ejercemos la fe en Dios. Pero cuando cerramos nuestros entendimientos y corazones encontra estas manifestaciones, o, por el disgusto de ellas, las misinterpretarmos en cualquier manera, somos culpables del pecado grande de la incredulidad, el cuál rechaza el testimonio de Dios, y lo hace un mentiroso.
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