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Tomado De La Gracia Soberana
La Biblia enseña que la salvación de los pecadores es sólo por gracia. Efesios 1:7-10, declara que el propósito principal de Dios en la obra de redención era el de exhibir la gloria de su gracia de modo que a través de los siglos las criaturas inteligentes la admiren según se manifiesta por su inmerecido amor e infinita bondad para con criaturas culpables, viles, y destituidas de poder para alcanzar la salvación por sí mismas.
A través de toda la Escritura los seres humanos son presentados como sumidos en un estado de pecado y miseria del cual son totalmente incapaces de librarse por sí mismos. Sin embargo, aunque merecedores de la ira y de la condenación Divina, Dios determinó en su gracia proveerles la redención al enviar a su Hijo, el cual asumió la naturaleza y culpa de éstos, obedeció y sufrió vicariamente, y Dios envió, además, el Espíritu Santo quien aplica la redención comprada por el Hijo.
En base al mismo principio de representación en virtud del cual nos es imputado el pecado de Adán, es decir que quedamos enteramente responsables del mismo y por el cual sufrimos sus consecuencias, nuestro pecado es imputado a Cristo y la justicia de Cristo es imputada a nosotros. Esto se expresa claramente en la presente explicación: "La justicia es un acto libre de la gracia divina, en virtud de la cual Dios perdona todos nuestros pecados, y nos acepta como justos mediante la justicia de Cristo imputada a nosotros y recibida por fe".
Puesto que Dios ha provisto esta redención o expiación a su propio costo, Dios puede conferir o retener su gracia según le agrade. El tiene el derecho de escoger a quienes desee salvar mediante la misma. No hay nada que la doctrina bíblica de la redención enfatice más, que su carácter absolutamente gratuito.
Los vasos de misericordia, al ser separados de la masa original, no en base a obras personales, sino únicamente en virtud de la gracia de Dios, pueden ver cuán grande es el don que se les ha conferido. En el futuro se descubrirá que muchos de los que heredan las bendiciones celestiales fueron pecadores mucho peores en este mundo que muchos de los que se pierden eternamente.
La doctrina de la predestinación echa abajo todo pensamiento de justicia propia que pudiera quitar algo de la gloria de Dios. Además, enseña al creyente que sólo puede estar eternamente agradecido de que Dios le salvó a él. En otras palabras, en el sistema calvinista no hay lugar para la jactancia, y el honor y la gloria que pertenecen únicamente a Dios son preservados.
"El mayor de los santos", dice Zanchius, "no puede gloriarse sobre el más vil de los pecadores, sino que es conducido a dar toda la gloria por su salvación, tanto del pecado como del infierno, a la buena voluntad y al propósito soberano de Dios, quien en su gracia fue el que estableció una diferencia entre él y el mundo que se encuentra en maldad". Los seres humanos por naturaleza sienten que deben ganar su salvación, y el sistema que apela de alguna forma a dicha tendencia tiene mucha atracción para ellos.
Pero Pablo destruye dicha idea cuando dice: "Porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley" (Gál. 3:31); y Jesús dijo a sus discípulos, "cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos" (Luc. 17:10).
Toda nuestra justicia, dice Isaías, es como un vestido inmundo, o, citando la Versión de Reina Valera, como trapo de inmundicia, a los ojos de Dios (64:6). Cuando Isaías escribió, "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche" (55:1),
El invitó a los pobres, a los hambrientos, a los sedientos, a que vinieran y tomaran posesión y disfrutaran de la provisión, libre de costo alguno, como si tuvieran derecho a ello. Y comprar sin dinero significa que los bienes ya han sido producidos y provistos a expensas de otro.
Mientras más avanzamos en la vida cristiana, menos inclinados nos sentimos a atribuirnos méritos a nosotros mismos, y más dispuestos a dar gracias a Dios por todo. El creyente no sólo mira hacia adelante a la vida eterna, sino también hacia atrás, hacia la eternidad antes de la fundación del mundo, y encuentra en el propósito eterno del amor divino el origen y el ancla firme de su salvación. -Heb. 6:19.
Si la salvación es por gracia, como las Escrituras tan claramente enseñan, entonces no puede ser por obras, sean estas actuales o previstas. Cabe señalar que en el acto de creer no hay mérito alguno ya que la fe misma es don de Dios. -Heb. 12:2. El actúa en el corazón de sus escogidos, mediante el Espíritu Santo a fin de que éstos crean, y la fe sólo es el acto de recibir el don conferido.
La fe es simplemente la causa instrumental y no la causa meritoria de la salvación. Lo que Dios ama en nosotros no es nuestros propios méritos sino el don que él mismo nos ha conferido, porque su inmerecida gracia precede a nuestras obras meritorias. Dios no confiere su gracia simplemente cuando oramos por ella, sino que la gracia misma nos mueve a orar a Dios por su continuación y aumento.
El libro de Hechos nos revela que el inicio mismo de la fe es obra de la gracia divina (18:27); que sólo aquellos que estaban ordenados para vida eterna creyeron (13:48); y que es la prerrogativa de Dios abrir el corazón para que preste atención al evangelio (16:14). La fe, por tanto, tiene la raíz en los consejos eternos, y los eventos en el tiempo son los resultados que la manifiestan. Pablo atribuye a la gracia de Dios el que seamos "hechura suya, -creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Ef. 2:10). Las buenas obras, por tanto, en ninguna manera son la causa meritoria sino los frutos y la prueba de la salvación.
Lutero enseñó esto mismo cuando escribió, "Algunos, aunque atribuyeron escaso poder al libre albedrío, insisten en que dicho poder es capaz de alcanzar la justicia y la gracia. Y cuando se les pregunta, ¿Por qué justifica Dios a uno y a otro no? Recurren al libre albedrío y contestan, Porque uno se esfuerza y el otro no, y Dios considera al que se esfuerza, y desprecia al que no se esfuerza; de otro modo Dios sería injusto".
La Biblia manifiesta una y otra vez que Israel debía su separación de los otros pueblos de la tierra no a nada bueno y deseable en sí mismo sino únicamente a la gracia y al amor fiel y continuo de Dios, a pesar de la continua apostasía, pecaminosidad y rebelión de los israelitas. -Eze. 20:5; Mal. 3:10.
Pablo dice que los que quieren basar la salvación en sus propios méritos, que éstos, "procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios", y por tanto no son parte de la iglesia de Cristo. El apóstol deja claramente establecido que "la justicia de Dios" se nos da mediante la fe y que entramos al cielo sólo por los méritos de Cristo.
La razón de este sistema de gracia es que aquellos que se glorían, se gloríen únicamente en el Señor y que nadie se jacte respecto a otra persona. La redención fue comprada por Dios mismo a un precio de infinito valor y por eso, él puede disponer de ella como quiera. Bien dijo el poeta: "Ninguno de los redimidos jamás apreció Cuán profundas fueron las aguas y cuán oscura la noche por la que el Señor pasó, antes que hallara la descarriada oveja que se perdió".
Pasaremos ahora a considerar la enseñanza de las Escrituras en algunos versículos donde se nos enseña que nuestros pecados fueron imputados a Cristo; y luego a otros que enseñan que la justicia de Cristo fue imputada a nosotros.
Isa. 53:4-6. "Ciertamente llevó el nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros".
Isa. 53:11,12 "Por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos... Habiendo él llevado el pecado de muchos".
2Cor. 5:21. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él".
En estos pasajes ambas verdades son claramente enseñadas, nuestros pecados son imputados a Cristo, y su justicia es imputada a nosotros. Cabe señalar que Cristo no ha podido ser "hecho pecado" o nosotros hechos "justicia de Dios en él" de ninguna otra manera que no fuese por imputación.
Cristo "llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuimos sanados" -1Ped. 2:24. Aquí, nuevamente, ambas verdades aparecen juntas. "Porque Cristo también padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (1Ped. 3:18).
Estos, y muchos otros versículos similares, prueban claramente la doctrina de la substitución. Y si alguien cree que estos versículos no prueban que la muerte de Cristo fue un sacrificio verdadero y adecuado por nuestros pecados, entonces el lenguaje humano no puede expresarlo.
Sin embargo, que su justicia es imputada a nosotros es enseñado en lenguaje igualmente claro. "Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él... Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él... Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación, por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en Su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo Su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, esta la jactancia? Queda excluida. ¿Por cual ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley" (Rom. 3:20-28).
Rom.5 :18,19. "Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos" El testimonio personal de Pablo al respecto fue:
Fil. 3:8,9. "Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe"
A la luz de estos pasajes, ¿no es extraño que persona alguna que diga regirse por las Escrituras insista en sostener su propio método de salvación por obras, no importa el grado de importancia que atribuya a dichas obras?.
Pablo escribió a los romanos, "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia" (6:14). Es decir, Dios los había quitado del sistema de ley bajo el cual se encontraban y los había puesto bajo un sistema de gracia, lo que implica que Dios en su soberanía no permitirá que caigan nuevamente bajo el dominio del pecado.
De hecho, si habrían de caer, sería sólo porque Dios les había quitado del sistema de gracia y les había puesto nuevamente bajo el sistema de ley, bajo el cual, entonces, sus propias obras habrían de determinar su destino. En la naturaleza del caso, en tanto la persona está bajo la gracia, está libre de cualquier demanda que la ley podría tener sobre él a causa del pecado.
El ser salvado por gracia significa que Dios no le trata conforme a lo que merece sino que soberanamente ha puesto a un lado la ley que le salva a pesar de su justo merecido, limpiándole de pecado, por supuesto, antes de que pueda entrar a la presencia divina.
Pablo se esfuerza por todos los medios en presentar de manera clara el hecho de que la gracia de Dios no es algo que ganamos por nuestros propios esfuerzos, sino que es algo que Dios nos confiere gratuitamente. Si la gracia pudiera ganarse por esfuerzos humanos, entonces, dejaría de ser gracia (Rom. 11:6).
En la condición actual de la raza, los hombres se encuentran ante Dios, no como ciudadanos de una nación a los cuales debe tratárseles por igual y dárseles la misma "oportunidad" de salvación, sino como criminales culpables y condenarles ante un juez justo. Ninguno tiene derecho a la salvación.
La maravilla de maravillas es, no que Dios no salve a todos, sino que siendo todos culpables perdone a tantos; y la respuesta a la pregunta, ¿por qué no salva Dios a todos? Ha de hallarse, no en la negación de la omnipotencia de su gracia sino en el hecho de que, como dice el Dr. Warfield, "Dios en su amor salva a tantos de la culpable raza humana como logra que su naturaleza entera consienta a salvar".
Por razones suficientes para sí mismo, Dios ve que no es lo mejor perdonar a todos, sino permitir a algunos seguir sus propios caminos y reservarles para el castigo eterno a fin de mostrar cuan vil es el pecado y la rebelión contra Dios.
Las Escrituras recalcan una y otra vez el hecho de que la salvación es por gracia, como si anticipasen la dificultad que tendrían los hombres en entender que la salvación no puede ser comprada por obras propias. También destruyen la arraigada creencia de que Dios está obligado a conferir la salvación a alguno.
Ef. 2:8,9. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe".
Rom. 11:6. "Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia".
Rom. 3:20."Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado".
Rom. 4:4 "Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda".
1Cor. 4:7. "¿Porque, quien te distingue? ¿O que tienes que no hayas recibido?"
1Cor. 15:10 "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy" .
Rom. 11:35 "¿O quien le dio a él primero, para que le fuese recompensado?" .
Rom. 6:23 "La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" .
La gracia y las obras son conceptos que se excluyen mutuamente. Sería tan absurdo hablar de un "don comprado" como de una "gracia condicional", porque cuando la gracia deja de ser absoluta, deja de ser gracia. Por tanto, cuando las Escrituras dicen que la salvación es por gracia, debemos entender que a través de todo el proceso de la salvación es obra de Dios y cualquier obra verdaderamente meritoria hecha por el hombre surge simplemente como resultado del cambio operado por el individuo.
Las obras, siempre son necesarias y se consideran como la base de la distinción entre los salvos y los perdidos y por esto dan lugar a que los salvados se gloríen sobre los perdidos, ya que ambos supuestamente tuvieron la misma oportunidad. Pablo, sin embargo, dice que toda jactancia queda excluida, y que nadie puede gloriarse sino en el Señor (Rom. 3:27; 1Cor. 1:31).
El redimido, que reconoce haber sido salvado únicamente por gracia, recuerda el lodazal del cual fue sacado, y su actitud hacia los perdidos es de piedad y compasión, ya que sabe que de no haber sido por la gracia de Dios ,él mismo se encontraría en la misma condición de los que perecen. El canto del redimido es: "No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria por tu misericordia y por tu verdad". -Sal. 115:1.
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