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LA DOCTRINA DE LA RESPONSABILIDAD DEL HOMBRE
Por toda las Sagradas Escrituras tenemos una prueba
clara de la doctrina de la Responsabilidad del Hombre ante Dios. Todo
mandamiento dado por Dios y cada invitación graciosa hecha al
hombre nos
muestra que el hombre esta responsable de obedecer á Dios y de
responder á Él. Si
esto no fuera verdad, entonces tenemos que decir que Dios no puede
tener al
hombre (y esto lo digo reverentemente,) obligado por cualquier cosa. En
hecho,
no debe de haber un Día de Juicio si en alguna manera el Hombre
estaba
totalmente libre de su responsabilidad á Dios. El hombre pudiera
vivir como
quisiera sin temer las consecuencias de sus acciones ya que no tuviera
que dar
una cuenta de su vida.
Otra manera de ver esto es en considerar la
Soberanía
de Dios en la vida del Hombre. Previamente notamos que Dios es soberana
sobre
el hombre, incluso sobre sus pecados y salvación. Si uno tiene
un punto de
vista o entendimiento erróneo de esta doctrina, entonces uno se
pudiera
inclinar en decir que debido á la Soberanía de Dios sobre
nuestras vidas,
entonces no debiéramos ser responsables por cualquier cosa que
pensamos, o que
dijimos, o que hacemos. En hecho, el apóstol Pablo se
refirió á esta clase de
pensar en Romanos 9 por el disputar de la soberanía de Dios
sobre la vida de
uno: “Me dirás pues: ¿Por qué, pues,
se
enoja? porque ¿quién resistirá á su
voluntad?” En otras palabras, ¿por qué
me tiene Dios responsable por hacer aquello que es según
á Su voluntad
soberana? Pero note que Pablo no trata de explicarlo. Simplemente
él sólo les
dice: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres
tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al
que le labró: ¿Por
qué me has hecho tal?” (vv. 20-24).
Cada persona, ora sea cristiano o no, esta delante de
Dios como un individuo responsable. No hace ninguna diferencia quienes
son,
donde nacieron, qué son sus circunstancias o condición,
etc., etc. No hay
ninguna exenciones; “Porque escrito está:
Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará
toda rodilla, Y toda lengua
confesará á Dios. De manera que, cada
uno de nosotros dará á Dios razón de sí”
(Romanos 14:11, 12). También
leemos en 2 Corintios 5:10 – “Porque es
menester que todos nosotros
parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno
reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo,
ora sea bueno ó malo”. Además, el apóstol
Pedro nos dice en su primera
epístola que “es tiempo de que el
juicio comience de la casa de Dios:
y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el
fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?
Y si el justo con
dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el
infiel y el pecador?” (4:17,
18). Luego somos solemnemente recordados en el Apocalipsis que “los
muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y
los libros
fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la
vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas
que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el
mar dió los
muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los
muertos que
estaban en ellos; y fué hecho juicio de
cada uno según sus obras. Y el infierno y la muerte fueron
lanzados en el
lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no
fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado
en el lago de fuego” (20:12-15).
Estas Escrituras de sí mismas, querido lector,
confirman
que somos responsables delante de Dios; de otra manera, como dije, no
podemos
ser tenidos responsables por nuestras vidas. Pero permíteme
interponer algo
aquí que es muy importante saber. Los juicios del creyente
verdadero en el
Señor Jesucristo y del incrédulo son muy distintos, es a
saber, ¡hay una
diferencia definida! Ya ves, el creyente será juzgado por su
vida como un cristiano; o lo ponemos de otra
manera, como un hijo de Dios. No tiene nada que ver con que si son
salvos o no.
Ellos han sido “salvos en Jehová con
salvación eterna” (Isaías 45:17), y por ello no hay
absolutamente nada que “nos podrá apartar del amor
de Dios, que es
en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). No
obstante, como hemos
notado, el pueblo de Dios, es a saber, los cristianos verdaderos
serán juzgados
por la manera que han vivido; “Eso es, (Dios) los juzgará cuando
lo merecen, y
los castiga si tiene que ser castigados. El mero hecho de que son Su
pueblo no
los salvará del castigo si lo merecen, más aún que
el hecho que uno es un hijo
amado lo salvará de la corrección cuando hace mal”
(Comentario de Barnes). Del
otro lado, el pecador perdido quien esta “sin
esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), y no tiene “arrepentimiento para con Dios, y la fe en
nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21); y por lo tanto “no conocen á Dios, ni obedecen al evangelio
de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:8)
será juzgado por todos
sus pecados, los cuales ninguno ha sido perdonado; por los cuales
tendrá que
pagar y sufrir por toda la eternidad “en
el lago de fuego” (Apocalipsis 20:15). Esto, por supuesto,
confirma la
Responsabilidad del Hombre delante de Dios; ¡o sea Salvo o No
Salvo!
Ahora, con respecto á nuestra doctrina, queremos
presentar dos razones obvias por su validez; y esto será
deducido de nuestras
dos Escrituras textuales. La primera tiene que ver con el “deber”
del Hombre; y la segunda tiene que ver con la “excusa”
del Hombre. Aunque esto no será
una presentación cabal de esta doctrina, todavía
habrá suficiente prueba para
mostrarnos nuestro “deber” como
responsable seres delante nuestro bendito Creador, y para prevenirnos
de hacer
cualquier clase de “excusa” por
nuestra irresponsabilidad, lo cual podrá ser fatal á
nuestras almas.
Además, también mostraremos que la gracia
de Dios esta
envuelta en nuestra responsabilidad á Él. Aunque es
verdad que aún aparte de la
gracia de Dios todavía somos responsables á
Él, no obstante, es SOLO por
Su gracia que podemos cumplir nuestro “deber”
y de prevenirnos de hace cualquier “excusa”.
Pero luego esto SOLO puede ser verdad en el Señor Jesucristo;
porque es SOLO en
Él que podemos obedecer á Dios y responder á Su
amor. Así que, amados, que este
estudio nos revele en donde estamos con respecto á nuestra
Responsabilidad á
Dios; y que Su gracia nos cause de arrepentirnos por la falta de
nuestro “deber” y por las muchas “excusas”
que hacemos por no obedecerle
y responder á Su Amor y Gracia. Amén.
En continuar nuestro estudio, ahora consideramos á
lo
menos dos razones por la Responsabilidad del Hombre á Dios, lo
cual tiene que
ver con si “deber” o “excusa”.
Nuestro texto primero, por supuesto, es
Eclesiastés
12:13 – “El fin de todo el discurso oído
es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. Literalmente, “Oiremos
la
terminación, o el fin, de todo el asunto, es a saber, de aquello
de lo que se
hablo: Teme á Dios, es a saber, reveréncialo,
especialmente al Dios Trino, y
guarda, es a saber, atiende á Sus mandamientos, o Ley porque
esto es el todo
del hombre.” En otras palabras, después de haber dicho todo lo
que digo Salomón
en Eclesiastés , él llega á esta
conclusión, o termina con esto, que temer á
Dios y guardar Sus mandamientos es, y debe de ser, el todo y toda cosa
de la
responsabilidad y obligación del hombre de hacerlo. El
comentario de Barnes lo
pone así: “En reverenciar á Dios y en obedecerle es el
hombre entero,
constituye el ser entero del hombre; que sólo es concedido al
Hombre…”; el
comentario de Juan Gill nos dice que “la obediencia á toda la
voluntad de Dios,
es el fruto, el efecto, y la evidencia de lo anterior; e incluye todos
los
mandamientos de Dios, morales y positivos, o sea bajo la
dispensación anterior
o presente; y una observancia de ellos por fe, de un principio de amor,
y con
una vista á la gloria de Dios…, y hace á un hombre un
hombre completo,
perfecto, entero, y nada faltándole; por lo cual, sin esto,
él es nada, aunque
tenga tanto de la sabiduría, las riquezas, el honor, y los
provechos de este
mundo…, el deber, y el trabajo y los negocios de cada hombre, de todo
hijo de
Adán, sea lo que sea, alto o bajo, rico o pobre, de toda edad,
sexo, y
condición; o esta es la felicidad de todo hombre, o que lo lleva
á ello.”
También, leemos en el comentario de Mateo Henry que “es todo sus
negocios y
todas sus bienaventuranzas; todo nuestro deber esta sumado en esto y
toda
nuestra consolación esta ligado en esto. Es el interés de
cada hombre, y debe
de ser su cuidado de continuo y principal; es el interés
común de todos los
hombres, de todo su tiempo. No es nada á un hombre o sea rico o
sea pobre, alto
o bajo, pero es el asunto principal, es el todo en todo á un
hombre, de temer á
Dios y hacer como Él manda”.
Ahora, nuestra Responsabilidad en “temer
á Dios, y guardar sus mandamientos” es debido á las
siguientes razones: Primero, porque
Él es nuestro Dios Creador; y como tal Él es digno de
nuestro temor y
obediencia. En crear á Adán, Él tenía todo
derecho en mandarle como leemos: “Y mandó
Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto
comerás; mas del
árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de
él; porque el día que de él
comieres, morirás” (Génesis 2:16, 17). La
extensión de este derecho esta
todavía con nosotros; porque aunque cada uno de nosotros
entramos á este mundo
por el proceso del parto natural, todavía somos la
creación de Dios; “Porque en él vivimos, y
nos movemos, y somos”
(Hechos 17:28). Secundariamente,
porque Él es nuestro Dios Soberano, queriendo decir que como tal
Él tiene todo
derecho en decirnos que hacer, o que no hacer. Ya que Él creo “todas las cosas, y por su voluntad tienen
ser y fueron criadas” (Apocalipsis 4:11), y “todo lo
que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en
las mares y en todos los abismos” (Salmo 135:6), tal Ser
Majestuoso y
Glorioso merece nuestro temor y obediencia; y ¡así que
somos responsables de
hacerlo! Terceramente, porque “Dios es
amor” (1 Juan 4:8, 16). Por
causa del pecado, el hombre ha venido á ser “aborrecedores
de Dios” (Romanos 1:30). Sin embargo, eso no hace menos su
responsabilidad
á Dios; al contrario, en despreciar el amor de Dios por causa de
nuestro pecado
nos hace (si podemos de ponerlo así), más responsables
por rechazarlo. Esto es
mostrado en Juan 3 donde el Señor dice, “Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en
él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna… El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no
creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios”
(vv.16, 18).
Vamos ahora considerar nuestro segundo texto
que tiene que ver con la “excusa” del
hombre: “Porque lo que de Dios se conoce, á ellos
es
manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas
invisibles de él, su
eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación
del mundo,
siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son
inexcusables” Romanos 1:19,
20). Sabemos que el hombre pecaminoso (lo cual todos nosotros somos; “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos
de la gloria de Dios” [Romanos 3:23]), tienen que oír la
Palabra de Dios, y
en particular el Evangelio de Jesucristo, para que puedan conocer
quienes son y
la responsabilidad suya á Dios. Por supuesto, en uno vivir donde
fácilmente
puede ir á oír la Palabra de Dios, o tienen una Biblia
que es accesible á
ellos, aumenta la responsabilidad suya por no hacerlo. Pero nuestro
texto se
refiere á aquellos que nunca oyen la Palabra de Dios o que no
tienen una
Biblia; no obstante, ¡“son inexcusables”! Ya ves, la
Revelación Natural de
Dios es hecha á todo hombre que entra en este mundo “porque
lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se
lo manifestó”. Cuando el hombre ve alrededor de él y
arriba al cielo y ve
la creación natural de Dios, él puede entender que hay un
Dios quien lo creo, y
á quien él es responsable; y eso, ¡lo hace inexcusable!
¡Aún el salvaje
pagano matorral, desde su nacimiento hasta su muerte, quien nunca
recibe un
vislumbrar del “evangelio de la gracia de
Dios” (Hechos 20:24), no podrá “excusar”
su responsabilidad á Dios!
Entonces, se sigue que en el Día Grande de Dar
Cuentas, absolutamente ninguna persona podrá pararse delante de
Dios y decir,
“¡Excúsame, yo no sabia eso!” Aún aunque “dijo
el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1) no
podrá “excusar” su ignorancia, o su
obstinación, en negar la existencia de Dios; especialmente al pararse delante de Él “porque
lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se
lo manifestó” ¡TODOS
LOS DÍAS DE SUS VIDAS! El comentario de Barnes lo pone
así: “Es implicado aquí
que para que el hombre sea responsable, ellos deben de tener los medios
de
conocimiento; y que Él no los juzga cuando la ignorancia de
ellos es
involuntaria, y los medios de conocer la verdad no le han sido
comunicados.
Pero donde la gente tienen estos medios dentro de su alcance, y no se
aprovechan de ellos, toda excusa se les es quitada”. En otras palabras,
simplemente en la base de la Revelación Natural, es a saber, la
creación
natural alrededor de ellos, los hombres NO PUEDEN HACER “excusa”
de su Responsabilidad á Dios en su “deber” y
obediencia á Él, incluyendo su Amor y Adoración de
Él. Por
lo tanto, ya que Dios no ACEPTARÁ ninguna “excusa”
eso nos hace Responsable delante Él.
En terminar este segmento de la Responsabilidad del
Hombre, déjame hacerlo en declara, o sea que lo creemos o no,
que TODOS
NOSOTROS tenemos que dar una cuenta de nuestra Responsabilidad: No hace
ninguna
diferencia quienes somos, ¡o cristiano o no! Tenemos un “deber” delante de Dios, y no habrá ninguna “excusa” si faltamos en ello. Por eso es que el
apóstol Pedro nos
avisa que “es tiempo de que el juicio
comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros,
¿qué será el
fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y si el justo con
dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el
infiel y el pecador?” (1 Pedro
4:17, 18). No hay ninguna manera de evitarlo o de impedirlo; y la
prueba de
esto es la Resurrección del Señor Jesucristo en que Dios “ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al
mundo con justicia,
por aquel varón al cual determinó; dando
fe (seguridad) á todos con
haberle levantado de los
muertos” (Hechos 17:31); “porque
el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo;…
Y también le dió poder
de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre” (Juan 5:22, 27).
Así que,
¿en qué relación estaremos delante del
Señor Jesucristo en aquél DÍA? ¿Cómo
una
de Sus ovejas, o como cabrito? “Y cuando
el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos
ángeles con él,
entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán
reunidas delante de él todas las gentes: y los
apartará los
unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y
pondrá
las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda” (Mateo
25:31ff.).
¡Va notar que al leer el resto de este capítulo, vamos
estar responsables
delante de Él como “ovejas” o “cabritos”!
Qué le agrade al Señor de
traer á nuestro corazones la seriedad de nuestra Responsabilidad
delante de Él
y de concedernos, de Su gracia, hacernos “aptos
en toda obra buena para que hagamos su voluntad, haciendo él en
nosotros lo que
es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria
por los siglos de
los siglos. Amén” (Hebreos 13:21).