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LA DOCTRINA DE LA RESPONSABILIDAD DEL HOMBRE

 “El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre(Eclesiastes 12:13); “Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusablesRomanos 1:19, 20). 

Por toda las Sagradas Escrituras tenemos una prueba clara de la doctrina de la Responsabilidad del Hombre ante Dios. Todo mandamiento dado por Dios y cada invitación graciosa hecha al hombre nos muestra que el hombre esta responsable de obedecer á Dios y de responder á Él. Si esto no fuera verdad, entonces tenemos que decir que Dios no puede tener al hombre (y esto lo digo reverentemente,) obligado por cualquier cosa. En hecho, no debe de haber un Día de Juicio si en alguna manera el Hombre estaba totalmente libre de su responsabilidad á Dios. El hombre pudiera vivir como quisiera sin temer las consecuencias de sus acciones ya que no tuviera que dar una cuenta de su vida.

Otra manera de ver esto es en considerar la Soberanía de Dios en la vida del Hombre. Previamente notamos que Dios es soberana sobre el hombre, incluso sobre sus pecados y salvación. Si uno tiene un punto de vista o entendimiento erróneo de esta doctrina, entonces uno se pudiera inclinar en decir que debido á la Soberanía de Dios sobre nuestras vidas, entonces no debiéramos ser responsables por cualquier cosa que pensamos, o que dijimos, o que hacemos. En hecho, el apóstol Pablo se refirió á esta clase de pensar en Romanos 9 por el disputar de la soberanía de Dios sobre la vida de uno: “Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá á su voluntad?” En otras palabras, ¿por qué me tiene Dios responsable por hacer aquello que es según á Su voluntad soberana? Pero note que Pablo no trata de explicarlo. Simplemente él sólo les dice: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal?” (vv. 20-24).

Cada persona, ora sea cristiano o no, esta delante de Dios como un individuo responsable. No hace ninguna diferencia quienes son, donde nacieron, qué son sus circunstancias o condición, etc., etc. No hay ninguna exenciones; “Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará á Dios. De manera que, cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí” (Romanos 14:11, 12). También leemos en 2 Corintios 5:10 – “Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno ó malo”. Además, el apóstol Pedro nos dice en su primera epístola que “es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el infiel y el pecador?” (4:17, 18). Luego somos solemnemente recordados en el Apocalipsis que los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar dió los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fué hecho juicio de cada uno según sus obras. Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego” (20:12-15).

Estas Escrituras de sí mismas, querido lector, confirman que somos responsables delante de Dios; de otra manera, como dije, no podemos ser tenidos responsables por nuestras vidas. Pero permíteme interponer algo aquí que es muy importante saber. Los juicios del creyente verdadero en el Señor Jesucristo y del incrédulo son muy distintos, es a saber, ¡hay una diferencia definida! Ya ves, el creyente será juzgado por su vida como un cristiano; o lo ponemos de otra manera, como un hijo de Dios. No tiene nada que ver con que si son salvos o no. Ellos han sido “salvos en Jehová con salvación eterna” (Isaías 45:17), y por ello no hay absolutamente nada que “nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). No obstante, como hemos notado, el pueblo de Dios, es a saber, los cristianos verdaderos serán juzgados por la manera que han vivido; “Eso es, (Dios) los juzgará cuando lo merecen, y los castiga si tiene que ser castigados. El mero hecho de que son Su pueblo no los salvará del castigo si lo merecen, más aún que el hecho que uno es un hijo amado lo salvará de la corrección cuando hace mal” (Comentario de Barnes). Del otro lado, el pecador perdido quien esta “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), y no tiene “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21); y por lo tanto “no conocen á Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:8) será juzgado por todos sus pecados, los cuales ninguno ha sido perdonado; por los cuales tendrá que pagar y sufrir por toda la eternidad “en el lago de fuego” (Apocalipsis 20:15). Esto, por supuesto, confirma la Responsabilidad del Hombre delante de Dios; ¡o sea Salvo o No Salvo!

Ahora, con respecto á nuestra doctrina, queremos presentar dos razones obvias por su validez; y esto será deducido de nuestras dos Escrituras textuales. La primera tiene que ver con el “deber” del Hombre; y la segunda tiene que ver con la “excusa” del Hombre. Aunque esto no será una presentación cabal de esta doctrina, todavía habrá suficiente prueba para mostrarnos nuestro “deber” como responsable seres delante nuestro bendito Creador, y para prevenirnos de hacer cualquier clase de “excusa” por nuestra irresponsabilidad, lo cual podrá ser fatal á nuestras almas.

Además, también mostraremos que la gracia de Dios esta envuelta en nuestra responsabilidad á Él. Aunque es verdad que aún aparte de la gracia de Dios todavía somos responsables á Él, no obstante, es SOLO por Su gracia que podemos cumplir nuestro “deber” y de prevenirnos de hace cualquier “excusa”. Pero luego esto SOLO puede ser verdad en el Señor Jesucristo; porque es SOLO en Él que podemos obedecer á Dios y responder á Su amor. Así que, amados, que este estudio nos revele en donde estamos con respecto á nuestra Responsabilidad á Dios; y que Su gracia nos cause de arrepentirnos por la falta de nuestro “deber” y por las muchas “excusas” que hacemos por no obedecerle y responder á Su Amor y Gracia. Amén.

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  “El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre(Eclesiastes 12:13); “Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusablesRomanos 1:19, 20). 

En continuar nuestro estudio, ahora consideramos á lo menos dos razones por la Responsabilidad del Hombre á Dios, lo cual tiene que ver con si “deber” o “excusa”. Nuestro texto primero, por supuesto, es Eclesiastés 12:13 – “El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Literalmente, “Oiremos la terminación, o el fin, de todo el asunto, es a saber, de aquello de lo que se hablo: Teme á Dios, es a saber, reveréncialo, especialmente al Dios Trino, y guarda, es a saber, atiende á Sus mandamientos, o Ley porque esto es el todo del hombre.” En otras palabras, después de haber dicho todo lo que digo Salomón en Eclesiastés , él llega á esta conclusión, o termina con esto, que temer á Dios y guardar Sus mandamientos es, y debe de ser, el todo y toda cosa de la responsabilidad y obligación del hombre de hacerlo. El comentario de Barnes lo pone así: “En reverenciar á Dios y en obedecerle es el hombre entero, constituye el ser entero del hombre; que sólo es concedido al Hombre…”; el comentario de Juan Gill nos dice que “la obediencia á toda la voluntad de Dios, es el fruto, el efecto, y la evidencia de lo anterior; e incluye todos los mandamientos de Dios, morales y positivos, o sea bajo la dispensación anterior o presente; y una observancia de ellos por fe, de un principio de amor, y con una vista á la gloria de Dios…, y hace á un hombre un hombre completo, perfecto, entero, y nada faltándole; por lo cual, sin esto, él es nada, aunque tenga tanto de la sabiduría, las riquezas, el honor, y los provechos de este mundo…, el deber, y el trabajo y los negocios de cada hombre, de todo hijo de Adán, sea lo que sea, alto o bajo, rico o pobre, de toda edad, sexo, y condición; o esta es la felicidad de todo hombre, o que lo lleva á ello.” También, leemos en el comentario de Mateo Henry que “es todo sus negocios y todas sus bienaventuranzas; todo nuestro deber esta sumado en esto y toda nuestra consolación esta ligado en esto. Es el interés de cada hombre, y debe de ser su cuidado de continuo y principal; es el interés común de todos los hombres, de todo su tiempo. No es nada á un hombre o sea rico o sea pobre, alto o bajo, pero es el asunto principal, es el todo en todo á un hombre, de temer á Dios y hacer como Él manda”.

Ahora, nuestra Responsabilidad en “temer á Dios, y guardar sus mandamientos” es debido á las siguientes razones: Primero, porque Él es nuestro Dios Creador; y como tal Él es digno de nuestro temor y obediencia. En crear á Adán, Él tenía todo derecho en mandarle como leemos: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2:16, 17). La extensión de este derecho esta todavía con nosotros; porque aunque cada uno de nosotros entramos á este mundo por el proceso del parto natural, todavía somos la creación de Dios; “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28). Secundariamente, porque Él es nuestro Dios Soberano, queriendo decir que como tal Él tiene todo derecho en decirnos que hacer, o que no hacer. Ya que Él creo “todas las cosas, y por su voluntad tienen ser y fueron criadas” (Apocalipsis 4:11), y “todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos” (Salmo 135:6), tal Ser Majestuoso y Glorioso merece nuestro temor y obediencia; y ¡así que somos responsables de hacerlo! Terceramente, porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16). Por causa del pecado, el hombre ha venido á ser “aborrecedores de Dios” (Romanos 1:30). Sin embargo, eso no hace menos su responsabilidad á Dios; al contrario, en despreciar el amor de Dios por causa de nuestro pecado nos hace (si podemos de ponerlo así), más responsables por rechazarlo. Esto es mostrado en Juan 3 donde el Señor dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna… El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios (vv.16, 18).

Vamos ahora considerar nuestro segundo texto que tiene que ver con la “excusa”  del hombre: “Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusablesRomanos 1:19, 20). Sabemos que el hombre pecaminoso (lo cual todos nosotros somos; “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” [Romanos 3:23]), tienen que oír la Palabra de Dios, y en particular el Evangelio de Jesucristo, para que puedan conocer quienes son y la responsabilidad suya á Dios. Por supuesto, en uno vivir donde fácilmente puede ir á oír la Palabra de Dios, o tienen una Biblia que es accesible á ellos, aumenta la responsabilidad suya por no hacerlo. Pero nuestro texto se refiere á aquellos que nunca oyen la Palabra de Dios o que no tienen una Biblia; no obstante, ¡son inexcusables! Ya ves, la Revelación Natural de Dios es hecha á todo hombre que entra en este mundo “porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó”. Cuando el hombre ve alrededor de él y arriba al cielo y ve la creación natural de Dios, él puede entender que hay un Dios quien lo creo, y á quien él es responsable; y eso, ¡lo hace inexcusable! ¡Aún el salvaje pagano matorral, desde su nacimiento hasta su muerte, quien nunca recibe un vislumbrar del “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24), no podrá “excusar” su responsabilidad á Dios!

Entonces, se sigue que en el Día Grande de Dar Cuentas, absolutamente ninguna persona podrá pararse delante de Dios y decir, “¡Excúsame, yo no sabia eso!” Aún aunque “dijo el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1) no podrá “excusar” su ignorancia, o su obstinación, en negar la existencia de Dios; especialmente al pararse delante de Él “porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó” ¡TODOS LOS DÍAS DE SUS VIDAS! El comentario de Barnes lo pone así: “Es implicado aquí que para que el hombre sea responsable, ellos deben de tener los medios de conocimiento; y que Él no los juzga cuando la ignorancia de ellos es involuntaria, y los medios de conocer la verdad no le han sido comunicados. Pero donde la gente tienen estos medios dentro de su alcance, y no se aprovechan de ellos, toda excusa se les es quitada”. En otras palabras, simplemente en la base de la Revelación Natural, es a saber, la creación natural alrededor de ellos, los hombres NO PUEDEN HACER “excusa” de su Responsabilidad á Dios en su “deber” y obediencia á Él, incluyendo su Amor y Adoración de Él. Por lo tanto, ya que Dios no ACEPTARÁ ninguna “excusa” eso nos hace Responsable delante Él.

En terminar este segmento de la Responsabilidad del Hombre, déjame hacerlo en declara, o sea que lo creemos o no, que TODOS NOSOTROS tenemos que dar una cuenta de nuestra Responsabilidad: No hace ninguna diferencia quienes somos, ¡o cristiano o no! Tenemos un “deber” delante de Dios, y no habrá ninguna “excusa” si faltamos en ello. Por eso es que el apóstol Pedro nos avisa que “es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el infiel y el pecador?” (1 Pedro 4:17, 18). No hay ninguna manera de evitarlo o de impedirlo; y la prueba de esto es la Resurrección del Señor Jesucristo en que Dios “ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe (seguridad) á todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31); “porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo;… Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre” (Juan 5:22, 27). Así que, ¿en qué relación estaremos delante del Señor Jesucristo en aquél DÍA? ¿Cómo una de Sus ovejas, o como cabrito? “Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda” (Mateo 25:31ff.). ¡Va notar que al leer el resto de este capítulo, vamos estar responsables delante de Él como “ovejas” o “cabritos”! Qué le agrade al Señor de traer á nuestro corazones la seriedad de nuestra Responsabilidad delante de Él y de concedernos, de Su gracia, hacernos “aptos en toda obra buena para que hagamos su voluntad, haciendo él en nosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13:21).