Free Web Hosting | free host | Free Web Space | BlueHost Review
CAPÍTULO III - Las Obras de Dios. - La Providencia

   
Vamos acercarnos más cercas al objecto de nuestro supremo amor. Tal un ser como Dios sería digno del mejor afecto de nuestro corazones, si estuviéramos enteramente bajo el dominio de otro Señor, y debieramos nuestra existencia a otro poder creativo. Como la Reina de Seba, cuando oyó de la sabiduría y de la gloria de Solomon, pudiéramos con grande propiedad, desear de visitar el palacio remoto de Jehová, para que pudiéramos aprender de Su carácter, y de los arreglos de Su imperio. Si Dios, después de crear el mundo, hubiera dejado el manejo de ello en otras manos, y si se hubiera retirado para emplearse en otras obras, nuestras inquiraciones pudieran haberlo seguido, y pudiéramos laudablemente buscado de conocer el Creador nuestro. Pero Dios no está lejos de nosotros. En hacer este mundo, Él no lo dejó a así mismo, o lo cometió a otras manos; sino que es un objecto de Su cuidado constante, y Su mano está concernido en todos sus movimientos. O sea que miramos a la derecha, o sea a la izquierda, podemos ver en donde obra; y, en el despliegue de Su sabiduría, poder, y bondad, hallamos incitamentos de continuo para adorar y amar.

    El cuidado de Dios de Su creación, es terminado la Providencia; e incluye la Preservación y el Gobierno.

(Será continuado con Sección I. La Preservación)

Regrese a la Tabla