DIOS DETERMINA TODO LO QUE
ÉL HACE. "Empero si él
se determina en una
cosa, ¿quién lo apartará? Su alma
deseó,
é hizo" (Job
23:13); "Y
todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el
ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace
según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga:
¿Qué haces?" (Daniel
4:35); "En
él digo, en quien asimismo
tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al
propósito del que hace todas las cosas según el
consejo
de su voluntad" (Efesios
1:11).
Dios es un agente voluntario. Hay muchos
poderes en
la naturaleza los cuales operan sin volición. El fuego
consume
el combustible, el vapor mueve la máquina, y el
venéno
quita la vida; pero estos no tienen voluntad. Aún las cosas
que
poseyen voluntad, en veces actúan involuntariamente, y en
veces
en contra la voluntad de ellos, o por la compulsión de un
poder
superior. Dios actúa voluntariamente en cada cosa que
Él
hace; --- no por una necesidad física; no por una
compulsión de algún poder superior; no por
equivocación, o yerro, o por el poder ejercitado
involuntariamente. Los hombres podrán disculparse en defensa
por
sus hechos, que fueron hechos con descuidado o en inadvertencia; pero
Dios nunca tiene que hacer tal excusa. "Conocidas son
á Dios desde el
siglo todas sus obras" (Hechos
15:14), y por lo tanto han sido
debidamente consideradas.
DIOS HACE CUALQUIERA COSA QUE HA DETERMINADO HACER. "Empero si él
se determina en una
cosa, ¿quién lo apartará? Su alma
deseó,
é hizo" (Job
23:13); "Y
todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el
ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace
según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga:
¿Qué haces?" (Daniel
4:35); "En
él digo, en quien asimismo
tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al
propósito del que hace todas las cosas según el
consejo
de su voluntad" (Efesios
1:11); "Que
anuncio lo por venir desde el
principio, y desde antiguo lo que aun no era hecho; que digo: Mi
consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere"
(Isaías
46:10); "Y
el rey hará
á su voluntad; y se ensoberbecerá, y se
engrandecerá sobre todo dios: y contra el Dios de los dioses
hablará maravillas, y será prosperado, hasta que
sea
consumada la ira: porque hecha está
determinación" (Daniel
11:36).
No es Dios ominpotente, si Él
absolutamente
quiere o desea hacer cualquier cosa, y falta en cumplirlo.
CUALQUIER COSA QUE DIOS HACE ES SEGÚN Á UN
PROPÓSITO QUE ES ETERNO, INMUTABLE, PERFECTAMENTE LIBRE, Y
INFINITAMENTE SABIO. "Empero si
él se determina en una cosa, ¿quién lo
apartará? Su alma deseó, é hizo" (Job
23:13); "¿A
quién
demandó consejo para ser avisado?
¿Quién le
enseñó el camino del juicio, ó le
enseñó ciencia, ó le mostró
la senda de la
prudencia?" (Isaías
40:14); "Que
anuncio lo por venir desde el
principio, y desde antiguo lo que aun no era hecho; que digo: Mi
consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere"
(Isaías
46:10); "Y
temblará la
tierra, y afligiráse; porque confirmado es contra Babilonia
todo
el pensamiento de Jehová, para poner la tierra de Babilonia
en
soledad, y que no haya morador" (Jeremías
51:29); "Y
sabemos que á los que á
Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es
á saber,
á los que conforme al propósito son llamados" (Romanos
8:28); "En
él digo, en quien
asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al
propósito del que hace todas las cosas según el
consejo
de su voluntad" (Efesios
1:11); "Conforme
á la determinación
eterna, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor" (Efesios
3:11); "Que
nos salvó y
llamó con vocación santa, no conforme
á nuestras
obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es
dada
en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos" (2
Timoteo 1:9).
Que Dios tiene un
propósito, nadie
puede negarlo, él que atribuye sabiduría
á
Él. En actuár sin propósito es la
parte de un
niño, o de un idiota. Un hombre sabio no actua sin
propósito, mucho menos el único sabio Dios. A
más
de esto, las Escrituras hablan tan expresamente de Su
propósito,
que nadie, quien admite la autoridad de la revelación, puede
rechazar la doctrina, no importa que tanto puede interpretarla mal o
abusarla. El termino implica que Dios tiene un fin en vista en
cualquier cosa que hace, y que tiene un plan según
á lo
cual Él actua.
El propósito de Dios es
eterno e inmutable.
El sabio, en ejecutar un propósito, podrá tener
muchas
voliciones separadas, las cuales son acciones
momentáneas
de su mente; pero su propósito es más duradero,
continuando de su primer formación en la mente hasta su
ejecución completa. El termino voluntad, como aplicado al
hecho
de la mente divina, no, en sí mismo, implica la
duración;
sino el próposito de Dios, del mismo significado de la
frase,
tiene que tener duración. Dios tenía que haber
tenido un
próposito cuando creó el mundo; y las Escrituras
hablan
de Su propósito de antes que el mundo comenzó.
Pero la
duración de él es todavía declarada
más
explicitamente en la frase, "la
determinación eterna"
(Efesios 1:11). El termino nunca es usado en el número
plural
por los escritores inspirados; como si Dios tenía muchos
planes,
o una sucesión de planes. Es un plan entero y glorioso; y la
fecha de él es desde la etenidad. Su eternidad implica su
inmutabilidad; y su inmutabilidad implica su eternidad; y su unidad es
según con ambos de estos propiedades.
El propósito de Dios es
perfectamente libre.
No es forzado sobre Él desde afuera; porque nada
existía
para restringir la mente infinita de Aquél quien era antes
de
todo. Es el propósito "que se
había propuesto en sí mismo" (Efesios
1:9). Es Su
voluntad; y por lo tanto, tiene que ser voluntario. Los terminos
voluntad y propósito aplicarán a la misma cosa en
aspectos diferentes de ello, o según a modos diferentes de
concebirlos. Si el propósito sugiere
más naturalmente la idea de duración, la voluntad
sugiere su libertad. No es
el hado creído por los paganos antigüos, por el
cual ellos
consideraban a los dioses ser ligados,como tan verdaderamente los
hombres.
El propósito de Dios es
infintamente sabio.
Hemos razonado que Dios tenías que haber tenido un
propósito porque Él es sabio; y por lo tanto, Su
sabiduría tenía que haber sido interesado en Su
propósito. No es un plan caprichoso o arbitrario; sino uno
trazado por la sabiduría infinita, teniendo el fin mejor
posible
para cunplirlo, y adoptando los mejores medios para su cumplimiento.
Los escritores de teología
han empleado el
termino Decreto, para denotar el propósito de Dios. Es un
objección a este termino, que no hay autoridad inspirada por
su
uso en este sentido. Cuando las Escrituras usan el termino decreto, lo
significan por un mandamiento promulgado, de ser observado por aquellos
debajo de autoridad. Es la voluntad de precepto, en vez de la voluntad
de propósito. Y además, su uso en el
número plural
no se acuerda tan bien con la unidad del plan divino.
Apenas alguna doctrina de
religión ha dado
tanta ocasión para el efugio y tropiezo como las de los
decretos
de Dios. Como si los hombres serían más sabios
que Dios,
ellos rehusan de dejarlo en formar un plan, o ellos hallan falta con
él cuando es formado; y muy pocos tienen tanta humildad y
simplicidad, como para escaparse enteramente del embarazo que las
objecciones a esta doctrina han producido. Por lo tanto, ellas
necesitan una examinación cuidadosa.
Objección 1.
- El propósito de Dios es inconsistente con la agencia libre
del
hombre.
Es una respuesta plena a este
objección, que
un mero propósito no puede interponers con la libertad de
alguno. Cuando un tirano designa de aprisionar uno de sus sujetos,
hasta que el designio es llevado a la ejecución, la libertad
del
sujeto no es invadido. Él vaga tan libre como siempre,
intacto
del mal premeditado. La infracción de su libertad comienza
cuando el propósito principia en ser ejecutado, y no antes.
Así que, en el gobierno divino, el propósito del
Gobernador Supremo no interpone de nada con la libertad de sus
sujectos, mientras permanece ser un mero propósito. La
objección que estamos considerando, es enteramente
inaplicable a
la doctrina del propósito de Dios. Su propio lugar, si hay
alguno, es encontra la doctrina de la providencia de Dios; y debajo de
esa cabeza, sería propio de enfrentarla. Era el
propósito
de Dios en crear un agente libre; y por consiguiente, lo
creó.
Hasta aquí, ni el propósito, ni la
ejecución de
él, puede ser acusado de infringir con la libertad moral del
hombre; sino que se unen en establecerlo. Era el propósito
de
Dios de gobernar al hombre como un agente libre; y, ¿no lo
ha
hecho así? Si cada hombre siente que la providencia de Dios,
mientras preside en los asuntos de los hombres, lo deja perfectamente
libre para actuar de escoger en todo lo que él hace,
¿qué básis hay por la queja, que el
propósito de Dios interpone con la agencia libre del hombre?
Si
el mal del cual es quejado no esta en la ejecución del
propósito, ciertamente no esta en el propósito
mismo.
Frecuentemente esta objección
nos viene
prácticamente delante de nosotros. Cuando somos llamados
para
una acción a lo cuál estamos contrarios, el
argumento se
presenta de sí mismo; si Dios ha preordenado todo lo que
viene a
pasar, el evento es cierto; y lo que será, será,
sin
nuestros esfuerzos. Es digno de notar, que este argumento nunca nos
persuadide de desviar de un camino a lo cual estamos inclinados. Si un
placer nos invita, nunca nos escusamos de la indulgencia, con la escusa
que si lo vamos a gozar de él, nos vamos a gozar de
él.
El hecho es suficiente para enseñarnos la
insinceridad de
la escusa, cuando admitido en otros casos. Sólo prevalece
con
nosotros mediante la engañez del pecado; y, en todo caso
qué especioso el argumento pueda aparecer, cuando coincide
con
nuestras inclinaciones, nunca confiamos en él en
algún
otro caso. Ningún hombre en sus sentidos quedará
quieto
en un edificio que esta en llamas, con la excusa, que si se ha de
escapar de las llamas, se escapará. La providencia de Dios
establece la relación entre la causa y el efecto, y da
rienda
suelta para la influenica de la voluntad humana. En argüir que
los
efectos serán producidos sin sus causas apropiadas, es en
negar
el arreglo conocido de la Providencia. Aquel quien espera del
propósito de Dios, aquello que la providencia de Dios le
niega,
espera que el propósito sea inconsistente con su propio
desarrollamiento. Él acusa el plan del Más
Altísimo, con inconsistencia y necedad, para poder hallar
una
salida para la indulgencia criminal.
Objección 2.
- Si Dios propuso la caída de los ángeles y de
los
hombres, Él es el autor de su pecado.
Antes de proceder en contestar esta
objección, es necesario en examinar los terminos en las
cuales
es expresada. ¿En que sentido propuso Dios la
caída de
los ángeles o de los hombres, o cualquier acción
pecaminoso? Hay en un sentido, conocido a los píos, en el
cual
cualquier evento que acontece, debajo la providencia de Dios que todo
lo dirije, es atribuída a Él, sea cualquier
agentes
subordinantes que podrán haber sido utilizados en efectarlo.
El
viento, el relampago, los Caldeos, los Sabeos, eran todos ocupados en
las afliciones que cayeron sobre el patriarca Job; pero él
reconoció la mano de Dios que todo lo dirige en cada evento,
y
píamente, exclamó: "Jehová
dió, y Jehová quitó: sea el nombre de
Jehová bendito"
(Job 1:21). Así José,
cuando vendido por sus hermanos en Egipto, vió la mano de
Dios
en el evento, y explicó el designo de Su providencia: "Para
preservación de vida me
envió Dios delante de vosotros"
(Génesis 45:5). En
precisamente el mismo sentido en el cual la providencia de Dios es
interesado con tales eventos, Su propósito es interesado con
ellos; y en ningún otro.
Con esta explicación,
procederemos en
considerar la objección. ¿Designó
José en
cargar sobre Dios el origen del pecado de sus hermanos? Nada estaba
más lejos de su pensamiento. Ellos habían sido
verdaderamente culpables de la sangre de su hermano; y sus propias
consciencias los culpaba con ello. Ellos sentían que eran
responsables por el pecado, y José sabía lo
mismo; y nada
de lo que él decía era designado para transferir
la
responsabilidad de ellos a Dios. Sin imbargo, él
vió y se
deleitó en contemplar el propósito de Dios en el
evento.
Ese propósito era "para
mantener en vida á mucho pueblo"
(Génesis 50:20).
Este propósito era ejecutado; y Dios era el Autor, de ambos
del
propósito y del resulto beneficial. Así que, en
cada
caso, el bien que educe del mal moral, y no el mal moral mismo, es el
objecto propio de Su propósito. Debe de ser siempre
recordado,
que Su propósito es Su intención de actuar; y
que,
hablando estrictamente, se relaciona exclusivamente a Su
acción
propia. En hecho, se extiende a todo que es hecho debajo del
sol,
así como la omnipresencia de Dios se extiende a todo; pero
se
extiende a todo, no de otro modo de que Él está
interesado con todo; y lo que Dios hace, y nada más, es el
propio objecto de Su propósito. "HACE todas las cosas
según el
consejo de su voluntad"
(Efesios 1:11). "HARÉ todo lo
que quisiere"
(Isaías 46:10). "Y en el
ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, HACE
según su voluntad"
(Daniel 4:35). No puede ser notado muy
cuidadosamente, que el propósito de Dios se relaciona
estrictamente y propiamente a Sus propios acciones. Ahora, Dios no es
el actor del pecado, y por lo tanto, Su propósito nunca
puede
hacerlo el autor de él.
La objección, aunque parecer
tener mayor
fuerzas cuando aplicado al pecado primero del hombre, no es en
realidad, más aplicable a esto que a todo pecado que ha sido
cometido desde entonces. Dios hizo a Adam y a todos sus descendientes
agentes responsables y morales, los preservo en su ser, y
sostendió sus poderes morales; Él
permitió el
pecado de ellos; Él dirigió el mal, desde por
todo el
principio, para efectuar un resultado más glorioso.
En todo
esto, lo que Dios ha hecho, y está haciendo, Él
lo
propuso de hacerlo. En todo, Su acción es sumamente justo,
sabio, y santo; y por lo tanto, Su propósito es lo mismo.
Él es el autor, no del mal moral que permite, pero de lo
bueno
de lo cual Él lo hace la ocasión.
La distinción entre el
permiso y el origen
del pecado algunos lo han negado; pero, en hacerlo, no tienen el apoyo
de la Palabra de Dios. El tenor entero del volumne inspirada nos lleva
a considerar a Dios como el autor de la santidad, pero no del pecado.
Somos enseñados que en Él no hay pecado; "que Dios es luz, y en
él no hay
ningunas tinieblas" (1 Juan
1:5); que"toda
buena dádiva y todo don perfecto",
no el pecado, "desciende del
Padre de las luces" (Santiago
1:17); que "Dios
no puede ser
tentado de los malos, ni él tienta á alguno" (v.13).
En tal lenguaje somos enseñados de considerar a Dios como el
autor y la fuente de la santidad; y es tan contrario a la doctrina de
la santa palabra de atribuír el pecado á
Él, como
las tinieblas al sol. No obstante, esta misma palabra enseña
su
permiso de la maldad. "Ha dejado
á todas las gentes andar en sus caminos" (Hechos
14:16).
Su longanimidad, de la cual las Escrituras hablan mucho, implica el
permiso del pecado. Pero de aquello de lo cual es sumamente
desagradable á Él, aún cuando lo
soporta,
Él no puede ser el autor.
Objección
3. - Si Dios propuso la
condenación final de los
impíos, de propósito Él los hizo para
condenarlos.
Esta objección, la cual la
impiedad ama de
presentar en la forma más repulsiva, nos conviene de
acercarnos
con la reverencia profunda por Aquél cuyo
carácter y
motivos contradicen. Vamos a imaginarnos de estár presentes
en
los prodecimientos del último día. El
justo Juez
está sentado en Su grande trono blanco, y todas las naciones
están juntadas delante de Él. Los libros
están
abiertos y cada hombre es juzgado imparcialmente, según a
los
hechos hechos en el cuerpo. La decisión es completa, y la
sentencia pronunciada. Los impíos son mandados de ser
apartados "al fuego eterno
preparado para el diablo y para sus ángeles" (Mateo
25:41); y los justos son bien recibidos en "el reino preparado para
vosotros desde la
fundación del mundo" (v.34).
La escena es pasada, y la
economía misteriosa de la gracia y longanimidad de Dios es
ahora
al fin cerrada. ¿Hay cualquier cosa de las transacciones en
ese
día que son indignas de Dios? ¿Hay cualquier cosa
de las
cuales los santos habitantes del cielo, que por toda la existencia
inmortal de ellos, que por siempre podrán acordarse con
desaprobación? No podrá ser. El Juez, mientras
Él
castiga a los impíos con "eterna
perdición por la presencia del Señor, y por la
gloria de
su potencia", será
"glorificado
en sus santos, y" se
hará "admirable en
aquel día en
todos los que creyeron" (2
Tesalonicenses 1:9,10); y Él
aparecerá glorioso en las decisiones de ese día.
Si la
acción de Dios en aquel día será tan
glorioso para
Él, ¿por qué sería deshonra
para Él
de que Él ha propuesto de tal hacerlo?
La idea, si alguno seriamente
está dispuesto
para entretener, que Dios será sorprendido en el
útimo
juicio, y obligado en pasar una sentencia no premeditada, es para
siempre puesto al lado por el hecho que, como temprano como los
días de Enoch, el septimo desde Adam, que el
grande
día, y especialmente la condena temerosa de los
impíos,
era predicho. "De los cuales
también
profetizó Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: He
aquí, el Señor es venido con sus santos millares,
A hacer
juicio contra todos, y á convencer á todos los
impíos de entre ellos tocante á todas sus obras
de
impiedad que han hecho impíamente, y á todas las
cosas
duras que los pecadores impíos han hablado contra
él" (Judas
vv.14,15). Este hecho también nos demuestra que el
Señor
no castigará por el mero placer de castigar. ¿Por
qué
da aviso de ese día? ¿Por qué son Sus
mensajeros
enviados para avisar a los hombres de huír de la ira
venidera? ¿Por qué son estos mensajes
dados con
tanta disuasión y súplica ferverosa, de modo que
Su
siervos dicen, "Como si Dios rogase
por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con
Dios" (2 Corintios
5:20). Como criaturas, formados por Su
mano, Él no tiene, y no puede tener, algún placer
en
hacerlos infelices; pero, como rebeldes encontra Su autoridad, enemigos
á Su carácter y gobierno, y el buen orden de Su
emperio
universal, y rechazadores obstinados de Su plan de misericordia y
reconciliación, Él tomará placer de
infligirlos
con el castigo la cual Su justica requiere. El galardon de los justos
es un reino preparado para ellos desde antes de la
foundación
del mundo; pero el fuego en el cual los impíos
serán
lanzados, es dicho de ser preparado, no para ellos, sino para el diablo
y asus ángeles (Mateo 25:34,41 - "Venid, benditos de mi
Padre, heredad el
reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo";
"Apartaos
de mí, malditos, al
fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles").
En esta manera significante, le ha agradado á Dios de
enseñarnos, que Sus castigos son preparados, no para Sus
criaturas como tales, sino sólo para los pecadores, y esto
en
vista de los pecados
ya
cometidos. ¿Tiene que Él, para asegurarse de la
desgracia
y
el reproche, deber de apelar que fue tomado por sorpresa, y, que desde
el principio del mundo, Él nunca esperaba el resulto
medroso? Si
los prodecimientos de este día grande serán tan
gloriosos
para Dios que Él los considera con placer por toda la
eternidad
futura, ¿por qué no las
podría haber
considerado con placer por toda la eternidad pasada?
La objección, originando en
un disgusto de la
justicia de Dios, enteramente disfraze el carácter de Su
juicio
justo. Ella brinca desde la creación del hombre
hasta la
condena final de los impíos, y totalmente sobrepasa la causa
intermedia de esa condena. Ella procede como si el pecado era un asunto
muy inconsiderable, y como si Dios así lo había
considerado; y por lo tanto, representa el castigo infligido por
él com si fuera infligido por amor de sí mismo.La
sentencia pronunciada será, en el juicio de Dios, por una
causa
suficiente y justa; y, en todo el propósito de Dios con
respecto
á esa sentencia, la causa ha sido contemplada. Lo que Dios
hace,
y por qué lo hace, son igualmente incluídos en el
propósito divino; y ésta conexión la
objección enteramente lo sobrepasa. Dios no
consideró el
pecado como una cosa frívola, cuando, por causa de ello,
destruyó el mundo antigüo con el diluvio; y, como
si para
contestar la misma objección ahora delante de nosotros, y
para
convencer a los hombres que no los hizo para el placer de
destruírlos, es registrado: "Y
vió Jehová que la malicia de los hombres era
mucha en la
tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón
de
ellos era de continuo solamente el mal. Y arrepintióse
Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y
pesóle en su
corazón" (Génesis
6:5,6).
Nuestro
mejor juicio decide que el mundo no
hubiera haber sido hecho sin ningún propósito, y
que
ahora, por sus movimientos poderosos, en proceder sin ningún
propósito, es infinitamente sin deseo. La mejor obra de las
manos humanas que contemplamos con algún placer, ha sido
formada
con algún propósito; y ningún ser
inteligente
puede ver las obras de Dios con satisfacción, si puede
imaginarlas de haber sido emprendidas e ejecutadas sin designio.
¿Quién no se entristeciera en pensar que
ésta
maquinaria vasta se está moviendo en cumplir
ningún fin;
que las planetas son lanzadas desatinadamente por el espacio,
guiádos en sus cursos y controlados en sus velocidades, por
ningún consejo sabio; que el sol respandece, que los
animales
existen, que el hombre inmortal vive, se mueve, y tiene su ser sin
ningún propósito? Nuestro entendimientos
podrán
consentir en no comprender el propósito para cual el mundo
era
hecho, pero en consentir que era hecho sin ningún
propósito, no lo pueden. Nuestras naturalezas inteligentes
totalmente rechazan el pensamiento.
La doctrina del propósito de
Dios, mientras
se recomienda a sí misma á nuestros
entendimientos,
aplica una examen á los principios morales de nuestros
corazones. Si Dios tiene un propósito, debemos de
deleitarnos en
estudiarla, y regocijarnos en el cumplimiento de él; y
nuestras
corazones y vidas han de ser reguladas en harmonía con
él. Cuando preferimos que Dios no tenga un
propósito, o que debe de ser diferente de lo que es,
nuestros
corazones no están bien delante de Él. Si le
amamos como
debemos, debemos de rejocijarnos en el cumplimiento de Su voluntad, y
ver con placer el desplegar de Sus grandes designios. Los santos
ángeles estudian el misterio del amor redentor, y aprenden,
de
las dispensaciones hacia la Iglesia, la sabiduría
múltiple de Dios. Efesios 3:10 - "Para que la multiforme
sabiduría
de Dios sea ahora notificada por la iglesia á los
principados y
potestades en los cielos".
Si principios rectos prevalecen
en nuestros corazones, no presumiéramos de dictar al Sabio
Infinito, ni hallár falta con Sus planes, sino esperar con
placer en el desarrollamiento de Su voluntad: y cuando no podemos ver
la sabiduría y la bondad de Sus obras, debemos, en la
simplicidad de fe, descansar asegurados que Su plan, cuando
completamente desplegado, será hallado lo más
justo y lo
más sabio.