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¿Porqué Predicamos El Evangelio?
-por Jorge L. Trujillo
“Si en verdad hay personas que están ‘predestinadas’ para Salvación, ¿para qué predicar el evangelio?” Esta pregunta es a menudo formulada por aquellos que se enfrentan a la doctrina de la predestinación. Aunque para muchos esta duda surge como un interés genuino para otros la interrogante es un planteamiento retórico con el fin de negar y denigrar la doctrina de la predestinación. Así que algunos, de alguna forma han llegado a concluir que si es verdad que las personas han sido predestinadas por Dios para ser salvas, entonces no hay lugar alguno para la predicación del evangelio ya que tales personas “se van a salvar de todas formas sin que se les predique el evangelio”. No obstante, sea cual sea la razón para formular esta pregunta, lo cierto es que la lógica utilizada es errónea. La verdad es que la doctrina de la predestinación no niega de ninguna forma la necesidad de predicación, al contrario, la afirma.
No debe caber duda en la
mente de los cristianos en cuanto a la realidad bíblica de la
elección y la predestinación. La
Biblia dice que fuimos “escogidos para salvación desde antes
de la fundación del mundo” (Efe. 1:4; 2 Tes. 2:13.) La Escritura también nos revela que esa
elección divina no está basada en nada ni bueno ni malo
que Dios haya visto en los hombres (Rom. 9:16) si no que lo ha hecho de
su propia voluntad y deseo. En la primera
carta de Corintios el Apóstol Pablo nos dice que Dios
escogió “sino que lo necio del mundo
escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil
del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil
del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para
deshacer lo que es”. No
necesariamente que todo lo débil fue escogido, ni todo lo que no
es, ni todo lo necio sino que “de entre” estas clases de gentes Dios
escogió para mostrar su poder y su sabiduría. Eso, tampoco significa que Dios no
escogió personas de entre “lo sabio, lo fuerte y lo poderoso”
del mundo. La elección para
salvación de las personas es en realidad la fuerza que mueve la
predicación del evangelio. Es
porque contamos con la ‘seguridad’ de que la palabra de Dios predicada
no ha de fallar que nuestra predicación es de confianza y puede
ser llamada como lo dijo Pablo, el “poder de Dios”.
La Biblia
declara explícitamente que debemos llevar el mensaje de
salvación, el evangelio de la cruz de Cristo a “TODA” criatura
(Marcos 16:15), sin embargo al mismo tiempo nos declara que tal “mensaje
de la cruz es tontería a unos hombres (los Gentiles) y
tropezadero para otros (los Judíos)” (1 Cor. 1:23). Pero seguidamente nos dice la Escritura “mas para los llamados, así judíos
como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”
(v. 24.) Esto nos indica que aunque es
cierto que personas tanto judías como gentiles rechazan
libremente el mensaje del evangelio como una tontería, locura o
tropezadero, lo cierto es que Dios tiene aquellos a los cuales
él llama en su poder por medio de la locura de la
predicación y tales personas reciben gustosamente
el mensaje y son salvas.
El conocimiento
de estos hechos nos ayudan en la predicación ya que podemos
entender que no depende de nuestra destreza al predicar, ni las
palabras que escojamos para hablar sino que depende de Dios el hacer la
obra en las personas. Es Dios quien
convierte al pecador (Jer. 31:18; Juan 16:14). En la Biblia leemos las
palabras del Apóstol “...todo
lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también
obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria
eterna.” (2 Tim. 2:10). Pablo
nos dice que él sabe que la razón de la
predicación es “salvar los escogidos”. Indudablemente
es Dios quien está en control de la salvación de los
hombres, y estos responden y se convierten al Señor viniendo
libremente a sus pies una vez Dios ha obrado en sus corazones (Salmo
110:3.)
Dios
tiene todo bajo su control. Aquellos que
dicen que no hace falta predicar porque todos los que se van a salvar
son salvos de todas maneras carecen de la lógica más
elemental. Pongamos un ejemplo, si usted
decide construir una casa, comienza dibujando los planos de la manera
que usted quiere e incluye todos los mínimos detalles de tal
construcción, desde el clavo más pequeño hasta la
viga más grande. Usted incluye
detalladamente especificaciones sobre la obra de plomería,
electricidad y aire acondicionado. Además
habla con las personas que se encargaran de hacer cada una de las cosas
en la construcción de su casa. Se
contacta con los albañiles y carpinteros; contrata plomeros y
electricistas especializados. Habla con
las personas encargadas de instalar el piso y las alfombras al gusto
que usted le indica. Usted visita tiendas
de muebles de manera que sabe con exactitud que tipo de mueble,
decoración y estilo que llevará cada habitación de
su casa, desde la sala, la cocina, los cuartos y hasta los baños. Finalmente, usted contrata jardineros que se
encargarán de la decoración del patio y los jardines
alrededor de su futura casa. De cierta
manera usted ha ‘predestinado’ con lujo de detalle todo lo que
ha de tomar lugar en la construcción de esa casa, no solamente
relacionado con los materiales sino también relacionado a las
personas específicas que han de hacer tal o cual obra. Nada está fuera de sus planes, PERO
solo falta comenzar a construir. Ahora
solo queda dar comienza a la construcción de la obra en el
día indicado para ello y llevarla paso a paso hasta el final de
la misma. ¿Que pensaría
usted si yo le dijera que no hace falta construir su casa, ni traer
materiales, ni trabajadores porque de todas maneras la casa está
predestinada para ser construida? Seguro
que usted pensará que soy un absurdo y es posible que piense que
estoy loco, y ciertamente que lo sería de pensar de ese modo. Lo cierto es que las personas que dicen que no
hay que predicar porque todo esta predestinado piensan de la misma
forma.
La
predestinación es “un plan divino” de todo lo que ha de tomar
lugar, pero es necesario que ese plan se ponga en marcha y que se lleve
a cabo. Dios está construyendo “una
casa para el morar” (1 Timoteo 3:15), “un templo de piedras vivas” (1
Pedro 1:25), “una ciudad santa” donde Él ha de habitar
eternamente” (Rev. 21:2), ese edificio es Su iglesia, el cuerpo de
Cristo. POR LO TANTO, Dios no solamente se
asegura de preparar un plan muy elaborado de todo lo que quiere que
ocurra sino que se asegura de poner su plan sea completado de tal
manera que las cosas se hagan tal como él lo ha decretado.
11 Y él mismo
constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los
santos para la obra del ministerio, para la edificación del
cuerpo de Cristo
En
la historia de la iglesia evangélica después de la
Reforma se han encontrado dos grupos de personas que piensan que la
predestinación es razón suficiente para no predicar el
evangelio. Unos fueron los
‘Hipercalvinistas’ y otros son los ‘Arminianos’. Los
Hipercalvinistas afirmaron correctamente que hay una
predestinación divina pero negaban que hiciera falta hacer lo
necesario (predicar) para que lo predestinado (la salvación)
ocurriera. Los Arminianos niegan que hay
predestinación pero concluyen tal como lo hacen los
Hipercalvinistas, que “si hay predestinación no hace falta
predicar.” Desde dos polos opuestos estos
dos grupos piensan de la misma manera “si los planos están
preparados con todos sus detalles incluidos no hace falta construir la
casa”. Lo cierto es que tal
pensamiento es solo una manera de pensar “absurda” y está muy
lejos tanto de la lógica como de lo que la Biblia claramente nos
enseña. Es cierto que Dios puede
tratar directamente con las personas (Por Ej. Abraham, Juan el
Bautista, Saulo de Tarso) pero en su plan divino a incluido la
predicación del evangelio como el medio por el cual las personas
han de ser salvas.
Dios
ha preparado un plan completo para toda la creación y dentro de
ese plan está envuelta la predicación del Evangelio como
medio para salvar los escogidos. La Biblia
nos dice que Dios “hace todas las cosas
según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11.). Es decir, las cosas que Dios
hace ya sea la creación del mundo o la salvación de su
pueblo, las hace ‘de acuerdo’ a lo que ha planeado o “decretado”
por su voluntad desde antes de la fundación del mundo. Por seguro que usted no pensaría
en construir su casa sin primero preparar los planos especificando cada
detalle, tampoco se pararía en el terreno vacío a ver si
alguno pasa por allí y se motiva a trabajar en la
construcción de su casa dependiendo del tipo de adiestramiento
que tenga. Es posible que consiga alguien
que sepa poner el techo pero no alguien que sepa poner el piso. Quizás consiga un plomero pero no un
buen electricista. Por cierto que eso
sería cosa de locos. Dios no es
loco, Él ha preparado un plan con todo lujo de detalles y nos ha
incluido en él para que formemos parte del mismo.
Tal como lo fue el profeta Isaías en su tiempo y Juan el Bautista en el suyo, Pablo fue también escogido “desde el vientre de su madre” (Isaías 49:1; Lucas 1:15; Gálatas 1:15) para ser la obra de Apóstol y predicador de la Palabra. No fue casualidad que un día después de muchos años de perseguir la iglesia, Jesús mismo se le apareció camino a Damasco. El tiempo de incorporar a Pablo en la tarea y obra de Dios no había llegado hasta ese entonces. Luego vemos que el mismo Pablo, en sus viajes propone hacer algo y Dios lo dirige de manera distinta a lo que el (Pablo) quería hacer. La Biblia dice “les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia” (Hechos 16:6.) A los oídos de algunos esto puede sonar a ‘herejía’, que Dios no permita que se predique el evangelio en cierto lugar ¿Y si se muere alguien allí sin que se le predique el evangelio? Es probable que algunos sí murieron sin oír el evangelio pero Dios quiso que Pablo fuera en otro rumbo hacia Macedonia donde era necesario estar. Pablo entendió a Dios y dijo “...en seguida procuramos partir para Macedonia dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.” En otra ocasión Dios le indicó que predicara el evangelio en Corinto diciéndole “porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:11.) Dios no envió a Pablo a predicar en la ciudad de Corinto “a tratar” o “a ver” si daba la casualidad que algunos creyeran al evangelio. Tampoco lo envió allí por si algunos “les gustaba” lo que Pablo decía, sino que Dios tenía “mucho pueblo” preparado en aquella ciudad, gente que él (Dios) conocía individualmente uno por uno y en quienes Él mismo obraría a través del mensaje del Apóstol y la operación del Espíritu Santo para traerles a salvación – y así fue. La iglesia de Corinto fue fundada en aquel lugar. Anterior a esto, en otra ocasión contemplamos al mismo Apóstol Pablo predicando el mensaje de Cristo a una audiencia Judía la cual rechazaba su mensaje por lo que Pablo decide ir a predicar entre los gentiles y dice la Biblia que después de haber predicado “creyeron todos los que habían sido predestinados para salvación” (Hechos 13:48.)
Para
concluir, anunciamos la cruz de Cristo porque estamos confiados en que
Dios tiene un pueblo seleccionado desde antes de la fundación
del mundo el cual ha de salvar por medio de la predicación del
evangelio. Por eso es que nosotros podemos y debemos predicar con
denuedo y toda confianza las buenas nuevas de salvación a todos
los hombres. Pablo escribió en su carta a los Corintios, “Yo planté, Apolos regó; pero el
crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo,
ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. (1 Cor. 3:6-7). Así
que hermano cristiano, tome fuerzas, crea que Dios en su
soberanía a predestinado la salvación de su pueblo y
predique con toda confianza sabiendo que mientras usted hace lo posible
(hablar de la cruz de Cristo), Dios hace lo imposible (salvar las
almas). Por supuesto que no sabemos
a quien ha sido escogido y quien no, ese detalle descansa
en el secreto divino (Deuteronomio 29:29), pero se hace evidente cuando
los escogidos responden al mensaje. Es cierto que muchos, tanto Judíos como
Gentiles han de rechazar el mensaje de la cruz diciendo que es “locura”
o “tropezadero”, pero para otros, para “los llamados” ya sean
judíos o sean griegos, el evangelio es poder de Dios para su
salvación y lo creerán para su justificación. Bien dijo el Salmista “si Jehová no
edifica la casa, en vano trabajan los edificadores” (Salmo 127:1.)