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SECCIÓN V. - La Omnisciencia

DIOS CONOCE TODAS LAS COSAS.

    "¿Has tú conocido las diferencias de las nubes, Las maravillas del Perfecto en sabiduría?" (Job 37:16); "Grande es el Señor nuestro, y de mucha potencia; Y de su entendimiento no hay número" (Salmo 147:5); "Las cosas primeras he aquí vinieron, y yo anuncio nuevas cosas: antes que salgan á luz, yo os las haré notorias...Acordaos de las cosas pasadas desde el siglo; porque yo soy Dios, y no hay más Dios, y nada hay á mí semejante; Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde antiguo lo que aun no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere" (Isaías 42:9; 46:9,10); "Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál escoges de estos dos" (Hechos 1:24); "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Romanos 11:33); "Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta" (Hebreos 4:13); "Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas" (1 Juan 3:20).

    En la estupidez de ellos, los hombres han adorado a dioses de madera y de piedra, los cuales, teniendo ojos no ven, y teniendo oídos no oyen; pero la deidad que la Biblia revela, es un Dios de conocimiento ("Porque el Dios de todo saber es Jehová, Y á él toca el pesar las acciones"-1 Samuel 2:3). Aún la religión natural enseña que el hacedor y el gobernador del mundo tiene que poseer inteligencia; y la idolatría degradante que adora a las aves, quadrúpedos, y serpientes, es contrario a la razón, como también a la revelación.

    Nosotros no podemos comprender el MODO del concimiento de Dios. La Escritura y el razonamiento se unen en enseñarnos que sus pensamientos no son como los nuestros. De nuestras propias operaciones mentales derivimos nuestro mejor concepto de su conocimiento; pero debemos tener cuidado en no pensar de él como en ser todo como uno de nosotros. Como él es diferente de toda criatura en el modo de presencia y de duración,, así él es diferente en el modo de conocimiento de todos otros seres inteligentes.

    Dios no adquiere el conocimiento según nuestro modo. Nosotros adquirimos el conocimiento de objectos externos por los medios de nuestros sentidos corporales, pero Dios no tiene un cuerpo, y ni organos de sentido como los nuestros. Nosotros aprendemos las relaciones menos obvias de las cosas por los procesos de razonar, los cuales frecuentemente son tediosos y laborosos, pero Dios no tiene ningún trabajo para adquirir el conocimiento, y no padece ninguna dilación en obtenerela. Todas las cosas son desnudas y abiertas a sus ojos. "Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta" (Hebreos 4:13). Aprendemos mucho por el testimonio de otros; pero Dios no es dependido para el conocimiento en la información recibida de cualquiera de sus criaturas. Nosotros adquirimos el conocimiento de nuestras propias operaciones mentales por los medios de nuestra consciencia; y, como esto es sin algún proceso de razonamiento, y por nuestros sentidos corporales, o el testimonio de otros, esto nos podrá dar el mejor concepto del modo de Dios de conocimiento. Todas las cosas que él conoce están delante de su mente tan inmediatamente y completamente como los estados operaciones de nuestras mentes están delante de nuestra consciencia; pero nuestros mejores conceptos caén infinitamente cortos del tema incomprehensible. Como los cielos son más altos que la tierra, así son sus pensamientos más altos que nuestros pensamientos. "Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Isaías 55:9).

    Dios no detiene su conocimiento en posesión según nuestro modo. El gran almacén de nuestro conocimiento es la memoria, una facultad maravillosa con la cual la mente humana es dotada. Sin ella, todo conocimiento se pasaría de la mente, como el imagen pasa del espejo cuando el objecto que lo produce se ha ído. Pero si la duración de Dios es sin suceso, no hay con él ningun pasado que recordar; y por lo tanto, la memoria con él, es algo enteramente diferente de los que es con nosotros. Su modo entero de vida difiere tán extensamente de la nuestra, que no podemos atribuír facultades humanas á él sin degradar su divinidad.

    En nuestro estudio de los atributos de Dios, es importante en recordar en cada paso de nuestro progreso, que todos ellos nos son incomprensibles. Debemos de hacer esto, no solo por la humildad, sino para guardarnos encontra las inferencias erróneas, las cuales somos aptos en sacar de nuestros conceptos imperfectos de la naturaleza divina. Es instructivo en notar, qué tanto los elementos de estos conceptos son derivados de lo que sabemos de nuestras propias mentes. Ninguna combinación de tales elementos pueden posiblemente darnos conceptos adecuados de la Mente infinita e eterna. Aún las Sagradas Escrituras, las cuales nos revelan a Dios,no nos suple los conceptos elementarios necesarios para un conocimiento perfecto de Dios. Ellas hablan a seres humanos en lenguaje humana, y el conocimiento que ellas impartan es suficiente para nuestras faltas presentes, y pueden hacernos sabios para salvación; pero tenemos que recordar, que el lenguaje humano no puede expresarnos lo que la mente humana no puede concebir, y por lo tanto, no puede transmitir un conocimiento pleno de la deidad.

    Mucho del conocimiento humano consiste de meras negaciones. Frequentes exemplificaciones de esto ocurre en nuestro estudio de los atributos divinos. Lo que es la espiritualidad de Dios, no podemos saberlo positivamente; pero sabemos que no es materia. Lo que es la eternidad de Dios, no podemos comprenderlo; pero en nuestro labor para comprenderlo, estiramos nuestro concepto positivo de la duración al extento más posible, y a lo largo buscamos alivio en las idéas negativas --- sin principio, sin fin, sin suceso. Estas negaciones marcan la imperfección de nuestro conocimiento. El conocimiento de Dios es directo y positivo, y no busca ningún alivio en las negaciones que hallamos tan convenientes.

    Dios no usa su conocimiento según nuestro modo. Para el propio dirigír de las acciones, el conocimiento es necesario, en ambos de las cosas existiendo actualmente, y de las cosas, que son meramente posibles. Nuestras mentes poseen ambos de estas clases de conocimiento a un extento limitado,  y las usan en una manera imperfecta. En el estudio de la historia y la geografía adquirimos el conocimiento de las cosas que son, o que han sido, en la existencia actual. La aritmética trata con números , y la geometría de la magnitud; pero estas ciencias no enseñan la existencia actual de cualquier cosa. Por el razonamiento de las relaciones abstractas y las propiedades de las cosas, nuestras mentes son capazes de determinar que sería, o podría existir, en casos suponidos; y por este proceso, nuestro conocimiento se extiende a los departamentos de las cosas posibles. Este conocimiento es necesario para escoger; y por lo tanto, a la acción voluntaria. Si solo una cosa era posible, no hubiera lugar para escoger; y tenemos que saber las cosas posibles, antes que podemos escoger. Dios tiene conocimiento perfecto de las cosas posibles, y ellas dependen en su poder. También, él tiene conocimiento perfecto de las cosas actuales, y estas dependen en su voluntad. Él sabía qué tantos mundos había de crear, y qué tantas clases de plantas e animales; y de estas él escogió qué mundos, plantas, e animales, debían de existir. Según a nuestro modo de la concepción, el conocimiento de las cosas posibles preceden la voluntad o el propósito de Dios, y el conocimiento de las cosas actuales lo siguen. Pero no nos atrevemos en afirmar que hay alguna sucesión del pensamiento en la mente divina. Cómo Dios usa su conocimiento en el consejo o en la acción, no podemos comprender.

    El EXTENTO del conocimiento de Dios no tiene limite. Él conoce todas las cosas; todas las cosas posibles, y todas las cosas actuales. Él sé conoce á sí mismo perfectamente, aunque desconocido por cualquier otro ser. Los atributos por los cuales laboramos en vano para comprenderlos, él los entiende plenamente. Sus caminos, que son inescrutables á nosotros, son plenamente conocidos á él desde el principio  de sus obras. Todas las criaturas son conocidas á él, y todo lo que pertenece á ellos: los ángeles del cielo, los hombres que moran en la tierra, y cada ser viviente, aún al gorrión, o cuervocíos, conoce y cuidadosamente los considera. Los pensamientos de la mente él entiende, y los secretos de cada corazón plenamente los escudriña.

    Todos los eventos pasados, presentes , o futuros son conocidos por Dios. Se dice que eventos pasados son recordados por él; y él reclama la presciencia de eventos futuros, desafiando a los dioses falsos a una comparación con él en este respecto. "Traigan, y anúnciennos lo que ha de venir: dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir" (Isaías 41:22). Su presciencia de eventos futuros es probado por las predicciones numerosas contenidas en la Biblia, que han procedido de él. Era dado a los israelitas, como una regla para distinguir un profeta verdadero del Señor, que sus profecías han de ser cumplidos ("Cuando el profeta hablare en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado" - Deuteronomio 18:22); pero una presciencia de eventos futuros no podían de haber sido impartidos a ellos del Señor, si el Señor mismo no lo poseera.

    El modo del conocimiento  de Dios no lo podemos comprender. Él no vé las cosas presentes como el hombre las mira, y no recuerda lo pasado en la manera de la memoria del hombre. Por lo tanto, no es sorpresa que no podemos comprender el modo de su conocimiento; e especialmente de su presciencia, en lo cual, en lo menos de todo, nos parecemos a él. Tenemos algún conocimiento de lo presente y lo pasado; pero de lo futuro no tenemos un conocimiento absoluto. Conocemos causas existiendo al presente, de las cuales inferirmos que eventos futuros acontecerán; pero un conocimeinto absoluto de estos eventos futuros no poseemos. Alguna causa, de la cual ahora no estamos cauto, podrá intervenir, y frustrar nuestra expectación. La fenomena de la naturaleza que esperamos con la más grande confianza, tal como el levantamiento del sol o la ocurrencia de un eclipse, son previstos solo en la condición que las leyes presentes de la naturaleza continúan en operación sin cambio o suspensión. Pero el Autor de la Naturaleza puede interponer, y cambiar la orden presente de las cosas. En la suposición que Dios tiene un conocimiento perfecto de todas las causas que ahora operan; y que Dios entiende perfectamente estas leyes; podemos comprender que Dios puede predecir infaliblemente las cosas venideras. Ningún ser sino él mismo puede intervenir con la orden de las cosas que él ha establecido. Este modo de presciencia podemos, en alguna medida, concebir; pero la suposición la cual envuelve, que todos los eventos ocurren según a una orden establecida de secuencia, muchos no están dispuestos en admitir. Ellos mantienen que los eventos dependidos en la volición de agentes libres, no del mismo modo ocurren; y por lo tanto, no pueden ser previstos de esta manera.

    Algunos, quienes adoptan la última perspectiva mencionada, niegan que Dios prevé los eventos futuros, dependidos en las voliciones humanas.  Sin imbargo, ellos atribuyen omnisciencia á él, y lo entienden en ser el poder de conocer todas las cosas. Ellos dicen que, como la omnipotencia significa un poder para hacer todas las cosas sin hacerlas, así la omnisciencia significa el poder de conocer todas las cosas, sin conocerlas. Claramente hay un error aquí en el lenguaje. Como la omnipotencia significa todo poder, así la omnisciencia signifia todo conocimiento; y Dios no posee la omnisciencia, si él meramente posee el poder para conocer, sin el conocimineto mismo. Pero puede ser preguntado, si según la teoría, si Dios aún tiene el poder para conocer. El poder de Dios podría haber excluído tales contingencias de la existencia; pero depués de haber abierto la puerta, es difícil de entender cómo algún poder puede conocer de antemano, que cosas entrarán, si son en su naturaleza imprevistas. Pero la objección más fuerte posible está encontra la teoría, en que es opuesto a la verdad. Dios ha predicho muchos eventos dependiendo en las voliciones inumerables de agentes libres, y por lo tanto, tenía que haberlos conocidos antemano. Aquellos quienes han abogado esta teoría, en conexión con la opinión, que la duración de Dios es un eterno ahora, y que hay estrictamente hablando, ni presciencia ni un conocimiento-después con él; fijan limites estrechos a la omnisciencia divina. Si el conocimiento de Dios es inmutable, y si no tiene una presciencia de contingencias, no puede tener un conocimiento-después de ellos. Pero la historia entera de la humanidad es dependiente en contingencias; siendo llenas con ellas, y los eventos dependiendo en ellas. Todo esto tiene que ser un blanco a la vista de Dios. Los hombres pueden conocer esta historia, y puede ser escrita en diez mil volumens; pero Dios no lo conoce, porque aunque posee el poder para conocer, él ha determinado de no ejecerlo. Entonces, ¿cómo puede Dios juzgar al mundo?

    Los seres humanos tienen dos modos de conocer los eventos pasados; uno, por la memoria; el otro, en enferir la existencia de ellos de los efectos que siguen. Un hombre se acuerda que una casa se quemó, habiendo visto las llamas de su combustión; otro conoce que se ha quemado, porque vé las cenizas de ella. En un modo, la memoria corre hacía atrás a lo largo de la línea de tiempo; en el otro, el razonamiento corre hacía atrás a lo largo de la línea de causa e efecto. El único modo por el cual conocemos los eventos futuros, es por el proceso del razonamiento. O sea que Dios tenga un método, ta vez análogo a nuestra memoria o percepción, ; es imposible para nosostros determinar. Si lo tiene no lo podemos concebir porque no hay nada como ello en nosotros; pero la ausencia de tal poder en nosotros, en ninguna manera prueba que no existe en Dios. Algunos han imaginado que Dios mira hacía la vista del tiempo, y vé los eventos futuros, como nosotros vemos un viajador acercándose cuando todavía viene a un distancia de nosotros. Pero los casos no son análogos. Nosotros vemos el viajador viniendo, no como haber venido; a lo que presente, en cuanto al tiempo, y no lo que es futuro. Su llegar, el evento futuro, solo conocemos como proceso de razonamiento. La suposición es, que Dios tiene una percepción inmediata del evento futuro, sin ningun proceso enterviniente de razonamiento. En decir que Él lo vé, figurativamente lo expresa, pero no lo explica.

    La doctrina de que no hay sucesión en la eternidad de Dios,  o ni niega o ni explica su presciencia. 1. No la niega. Algunos han mantenido que, estrictamente hablando, no hay ni presciencia ni conocimiento posterior con Dios; y esto puede ser admitido, si la presciencia necesariamente implica la sucesión de pensamiento. Pero la presciencia que atribuímos a Dios, no es conocimiento antecedente a algo más en la mente divina, sino conocimiento antecedente al evento previsto. Del conocimiento de Dios, las profecías de los eventos futuros han procedido. Tal conocimiento en la mente humana sería presciencia; y en el lenguaje humano, eso es su propio nombre. 2. No lo explica. La doctrina enseña que todos los tiempos e eventos, pasados, presentes, y futuros, son presentes iguales a Dios. El derroto de Babilonia por Ciro, y la profecía de él por Isaías, ambos eran eventos históricos; y  como tal, son suponidos de ser presentes iguales a la mente de Dios desde le principio del mundo. Ahora, el hecho que el derroto estaba presente a la mente de Dios, no puede ser la causa de la revelación hecha por el profeta, y de la profecía que siguió; porque según a la doctrina, la profecía ya estaba tan presente a la mente de Dios como el evento profeticado; y por lo tanto, su existencia tenía que ser tan prosupuesto en la orden de causa e efecto. Así que, para dar cuenta de esto, o cualquier otra profecía, somos constreñidos en admitir que Dios tiene un modo de presciencia, la naturaleza de la cual la doctrina del ahora perpetúo no nos da una percepción.

    Pero, ¿por qué debemos de contentarnos con vanas especulaciones, o de consumirnos con esfuerzos inútiles? Somos como niños que andan en el oceano para saber que hondo es por la medida de la estaturas pequeñas de ellos, y quienes exclaman, casi al primer paso, O, ¡qué hondo está! Aun Pablo, cuando esforzandose para profundizar este tema, eclamó, "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Romanos 11:33).

    In comparación con la inteligencia infinita de Dios, ¡qué pequeño es todo conocimiento humano! Honramos á Newton, y otros gigantes del intelecto que han aparecido en el progreso de nuestra raza; pero la gloria más alta de ellos era en conocer muy poquito de los caminos de Dios. Que cada poder de nuestras mentes se inclinen delante de su entendimiento infinito, con una humildad profunda y una adoración piadosa. Estudiamos nuestra propias mentes, y hallamos mucho en ellas que no podemos explicar; y cuando usamos lo poquito de conocimiento de ellas a lo cual podemos alcanzar, en nuestros esfuerzos laborosos para entender algo de Dios, una parte importante de su uso consiste en convencernos que no podemos hallar a Dios, y que sus pensamientos no son como los nuestros.

    Como seres inteligentes, podemos contemplar la omnisciencia de Dios con una admiración piadosa; y como seres culpables, debemos de temer y temblar delante de ella. Él vé lo más oculto del corazón. Los pensamientos aborrecibles de los cuales no estamos dispuestos que un gusano-compañero sepa, son todos conocidos por él, y cada pensamiento, palabra, y hecho, él se acuerda, y lo traerá al juicio.¡Qué terrible es éste atributo del Gran Juez, quién descubrirá los secretos de cada corazón, y recompensará a cada persona según a sus obras, aunque no vistas o olvidadas por los hombres!

    Pero con todo el temor reverencial que lo cubre, éste atributo de la Naturaleza Divina, es deleitoso al hombre piadoso. Él se regocija en decir, Tu, O Dios, me ves. Él ora, Pruebame, y ve si hay un mal camino en mí, y guiame en camino perpetuo. Alegremente se entrega a la guiánza de aquél que tiene todo conocimiento. Consciente de su propia ceguedad y obscuridad, no sabe que camino que llevar, y que es lo mejor para él; pero se pone a sí mismo, con una confuanza no-vacilante, en las manos del Dios omnisciente.

(Continuaré con SECCIÓN VI. - La Omnipotencia)

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