DIOS CREO TODAS LAS
COSAS DE NADA. - "En el principio
crió Dios los cielos y la tierra..... " (Génesis
1); "Tú, oh Jehová,
eres solo; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, y
toda su milicia, la tierra y todo lo que está en ella, los mares
y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y
los ejércitos de los cielos te adoran" (Nehemías
9:6); "El que hizo el Arcturo, y el
Orión, y las Pléyadas, Y los lugares secretos del
mediodía" (Job 9:9); "Tuyos
los cielos, tuya también la tierra: El mundo y su plenitud,
tú lo fundaste" (Salmo 89:11); "Suya también la mar, pues
él la hizo; Y sus manos formaron la seca" (Salmo 95:5); "Jehová afirmó en los cielos
su trono; Y su reino domina sobre todos" (Salmo 103:19); "El que hace á sus ángeles
espíritus, Sus ministros al fuego flameante. Hizo la luna para
los tiempos: El sol conoce su ocaso" (Salmo 104:4,19); "Porque por él fueron criadas todas
las cosas que están en los cielos, y que están en la
tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean
principados, sean potestades; todo fué criado por él y
para él" (Colosenses 1:16); "Señor, digno eres de recibir
gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y
por tu voluntad tienen ser y fueron criadas" (Apocalipsis
4:11); "Porque toda casa es
edificada de alguno: mas el que crió todas las cosas es Dios" (Hebreos
3:4); "Por la fe entendemos haber
sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que
se ve, de lo que no se veía" (Hebreos 11:3); "El Dios que hizo el mundo y todas las
cosas que en él hay, éste, como sea Señor del
cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos" (Hechos
17:4).
Originalmente, nada existía sino Dios;
ninguna materia, de la cual las cosas visibles fueron formadas, y
ninguna sustancia espiritual, de la cual los ángeles y las almas
de humanos fueron hechas; sino Dios dió á todas las cosas
que existen su ser entero.
Ha sido disputado que la materia no puede ser
eterna, porque la auta-existencia es una propiedad muy noble para ser
atribuída á una naturaleza inferior; pero este argumento
no es satisfactorio. ¿Por qué no puede una cosa
pequeña existir sin causa, como también lo puede una
más grande? Podemos concebir que el producir de algún
efecto particular de ser más fácil para una naturaleza
más alta que una baja; pero, en auto-producción, el
efecto es igual á la causa, y la dificultad de producirlo tiene
que ser tan grande para una naturaleza como para la otra. En todo tal
razonamiento 'a priori,
estamo sujetos de engañarnos nosotros mismos; y quizas el
peligro está más grande cuando el razonamiento aparece
ser más profundo. Por alguna cosa que la filosofía nos
puede enseñar, un atomo de materia es absoluto indestructible;
y, sobre principios filosóficos, si tiene que existir hasta la
eternidad futura, ha de haber tenido de existir por la eternidad
pasada. El milagro de la creación es más allá tan
lejos de las demonstraciónes de la filosofía como el
milagro de la aniquilación. Cuando hemos probado la existencia
de un Dios, que puede obrar milagros, se levanta una probabilidad que
la materia puede ser una producción de Su poder, y podemos ver
una inteligencia creativa despliegada en las propiedades y cantidades
de las varias clases de materia, y su adaptación á
propósitos provechosos. Pero, para una prueba decisiva que todas
las cosas fueron hechas de nada, volteamos á la palabra de Dios,
y la recibimos como una verdad de fe, en vez del razonamiento. "Por la fe entendemos haber sido
compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se
ve, de lo que no se veía" (Hebreos 11:3).
En el texto que se acaba de citar, la doctrina de la
creación no es expresada en el lenguaje en la cual por mayor
parte es comunmente declarado. No es dicho que el mundo era hecho de
nada; pero la misma idéa es expresado en una manera diferente.
Cuando vemos un estatua, vemos el mármol de la cual consiste; y
cuando vemos una casa, vemos las materias con la cuales fue
construída. Pablo enseña que el mundo que vemos no
era hecho de las sustancias visibles que vemos, es a saber, no era
formado de materia pre-existente, sino de las materias de las cuales
ahora parecen de ser formado, eran traídos á la
existencia al tiempo cuando las cosas mismas fueron creadas.
La obra de la creación era ejecutada sin
esfuerzo. Dios habló, y era hecho. Él dijo, "Sea la luz: y fué la luz" (Génesis
1:3). Después de obrar seis días, descansó
en el séptimo; pero no porque estaba cansado, pero para que el
día séptimo pudiera ser santificado, y ser hecho un
día de descanso para el hombre. Por consiguiente se dice, "El sábado por causa del hombre es
hecho" (Marcos 2:27). De una examinación de la costra de
la tierra, los geólogos han discubrido, como ellos piensan, que
animales y plantas existían mucho antes de la fecha
Mosaíca de la creación. Métodos han sido
propuestos para reconciliar la cuenta como contenido en los primeros
capítulos de Génesis, con esos discubrimientos profesos.
Algunos han suponido que cada uno de los días de la
creación de haber sido un largo período de
años. El día séptimo de descanso, o la
cesación de la obra de crear, entienden de haber continuado
hasta el tiempo presente, aunque seis mil años han pasado; y
ellos suponen que cada uno de los días precedientes
podrían haber incluído un largo período igual.
Otros entienden que "el principio" mencionado
en el primer versículo de la historia, de referise a un largo
tiempo anterior al de aquél referido en el segundo
versículo, "la tierra estaba
desordenada, &c." Una transición similar, aunque no
tan repentina, es hecha en el primer capítulo de Juan: "En el principio era el Verbo,...Y aquel
Verbo fué hecho carne" (Juan 1:1-14). Muchos
teólogos han sido dispuestos en considerar la ciencia de la
geología con sospecho, y de considerar sus deducciones como
enemigos á la fe. Pero no hay ningún básis justa
en temer la ciencia, en cualquiera de sus departamentos, sólo
que persigan sus investigaciones legítimamente, y haga sus
deducciones con modestia propia. El Autor de la Biblia es el Hacedor
del mundo, y el Autor de toda verdad; y sus obras y Su palabra tienen
que harmonizar, porque la verdad siempre es consistente. Ha sido
pensado que pasajes en Su
palabra son inconsistentes unos con otro; pero una examinación
más cuidadosa ha mostrado su harmonía, y no tenemos que
temer sino que una debida investigación mostrará la
palabra de ser consistente con todas deducciones legítimas de la
ciencia.
Las coincidencias involuntarias que han sido
discubridas en los narrativos de la Escritura, constituyen una parte en
sumo grado satisfactorio de la evidencia interna que la Biblia
contienen que sus testimonios son verdaderos. La prueba que estos
proveen es siempre lo más satisfactorio, lo más
manifiesto que la coincidencia era involuntaria. Cuando dos porciones
de la Escritura, que parecen desconvenir una con otra, ha sido hallado,
en una investigación cuidadosa, de ser perfectamente armonioso,
una coincidencia ha sido discubrida, que tiene la mejor evidencia
posible que era involuntaria. En esta manera las discrepancias
suponidas, las cuales al principio nos avergonzaban, resultan para el
establecimiento de nuestra fe; y cuando algunas todavía quedan
de
las cuales no hemos aprendido de harmonizar, somos enseñados de
esperar pacientemente, con la expectación cierta que estos
lugares oscuros a su tiempo también serán iluminados. La
misma fe y paciencia debe de ser ejercida cuando la ciencia y la
Escritura son suponidas de desconvenir. El infiel se deleita cuando
puede puntar a discrepancias aparentes en la Escritura, y se exalta
cuando puede anunciar algún discubrimiento suponido
inconsistente con la palabra de la revelación. Mientras
triúnfa el infiel, se bamboléan los hombres de una fe
débil; pero verdaderamente es una fe débil que no
puede resistír tal choque. Debemos tan bien dudar si el sol
brilla, cuando su resplandor es eclipsado por una nube pasajera. La
masa de evidencia que la Biblia es la palabra verdadera de Dios, es tan
grande que bien puedomos conceder en esperar hasta que la nube
transitoria
pase, con la expectación cierta que la luz otra vez
iluminará, quizas con un esplendor aumentado. La geología
es una ciencia nueva. Lo que últimamente hará por la
causa de la verdad, los años futuros tiene que decidirlo, y es
imprudente de temer el resultado. Podemos confiar que el arca de Dios
será cargado por medio de ello. Hasta a algún grado, los
discubrimientos de la ciencia nueva han sido para el establecimiento de
la fe. Ha penetrado una poca de distancia bajo la superficie de la
tierra, y, en los depositos sucesivos de cadáveres animales, ha
hallado un registro de la cual profesa de leer el orden en las cuales
los varios especies de animales vinieron a ser. Entre este registro y
de aquél de Moisés, hay una coincidencia involuntaria. Es
especialemente reparable que, por el consentir general de los
geólogos, los cadáveres humanos son solo hallados en los
últimos de los depositos de animales.Este hecho punta a un
tiempo que bien acuerda con la fecha de Moisés de la
creación, cuando los hombres empezaron a existir, y
cuando, por supuesto, un poder creador era ejecutado. Si la
geología puede establecer que, antes que esto, una
convulsión de la naturaleza destruyo la tierra, y enterró
una generación entera de animales inferiores en sus cavernas,
así que sea. Escucharemos a sus argumentos, y bien los
pesaremos; pero no omitimos en notar de sus datos con el testimonio
fiel de la inspiración. Si la geología hubiera de llevar
atrás el origen de la raza humana a una fecha muy antes que de
la de Moisés, ella contradecirá , no solo la Biblia, sino
toda la historia escrita y tradicionaria. No se puede dar razón
que nuestro conocimiento de la historia antigüa ha de ser limitida
a un período tan reciente, si la raza había previamente
existido por miles de generaciones. El progreso de la población
del mundo, el establecimiento de reinos antigüos, y el edificar de
ciudades, son extendidos delante de nosotros en las páginas de
la historia, y la geología no contradice el testimonio.
Aunque la ciencia nunca contradecirá la
Escritura, ella podrá corregír inferencias
erróneas de ella, y, en hacer esto, puede incidentalmente
demonstrar la sabiduría de la cual ha emanado la Biblia. Cuando
hemos llegado a los años maduros, traemos a cuenta las
instrucciones que recibimos en nuestra niñez de un padre sabio,
y que fueron adaptados al propósito por el cual fueron
designados. Ellos no nos enseñaron las ciencias que desde
entonces hemos aprendido, pero ellos no nos enseñaron nada
contrario; y ahora podemos en ver, en lo que fue dicho y lo que fue
omitido en ser dicho, que el padre plenamente entendía las
ciencias, las cuales que entonces no era su designio de
enseñarnos. Si no las hubiera entendido, él hubiera
empleado otras formas de hablar, y pudieramos recordar alguna palabra o
palabras que revelaban su ignorancia. Así que las falsas
revelaciones del mundo pagano contradicen la ciencia. Algunos de ellos
contradicen las mismas lecciones primeras de geografía, y un
niño en una escuela cristiana puede probarlos de ser falsos.
Pero la ciencia, en todas sus adelantamientos, aunque ha hecho sus
alcances más mayores en las tierras donde la Biblia es
más conocida, no ha hallado nada en la Biblia para contradecir.
La única manera racional para dar cuenta de esto, es en suponer
que el Autor de la Biblia entendía las ciencias. En
ningún lugar leemos en esta obra que el mundo es soportado por
un elefante, y que el elefante está parado sobre una tortuga;
sino que leemos, "Extiende el
alquilón sobre vacío" (Job 26:7), una
declaración que, hecha en la misma infancia de la
revelación, podrá satisfacernos que el Autor de la Biblia
entendía el mecanismo del universo. En una edad pasada de
ignorancia, los hombres suponían que el mandamiento de
Josué al sol de estarse quieto, desprobaba el sistema
Copernicano de la astronomía; pero esta inferencia
frívola del lenguaje de la Escritura, es ahora bien entendido de
ser incierta. Los hombres de la ciencia, quienes firmemente creen el
sistema Copernicano, hablan libremente del sol levantandose y del sol
sentandose, como aquellos quienes nunca han oído que estas
apariencias son debidos a la rotación del mundo. La ciencia
futura podrá enseñarnos de corregir otras falsas
inferencias que hemos sacado de la Escritura; y debemos de estár
contentos en aprender. El resultado dará más prueba que
el Autor de la naturaleza es el Autor de la Biblia.
Nuestros corazones reciben una impresión
fuerte del poder, la sabiduría y bondad del Señor, cuando
nos quedamos en el pensamiento que Él hizo los cielos y la
tierra, con todo lo que contienen.Sobre todo, cuando reflejamos que
Él nos hizo, y no nosotros mismos, somos constreñidos de
confesar Su derecho de requerir qué servicio, alabanza y gloria
somos capaces en rendirle. Él es el Formador de nuestros
cuerpos, y el Padre de nuestros espíritus; y ¿no hemos de
rendirle aquello que es lo Suyo? ¿No debemos de servirle y
glorificarle con nuestros cuerpos e espíritus, los cuales son
Suyos? Su derecho, por virtud de la redención, podrá
presentar demandas más fuertes, pero Su derecho por virtud de la
creación, es suficiente para establecer nuestra
obligación, y debemos de reconocer su fuerza.