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“Y
nunca más me acordaré de sus pecados é
iniquidades. Pues donde hay remisión de
éstos, no hay más ofrenda por pecado”
Una de las
verdades más
consoladoras “del evangelio de la gracia
de Dios” (Hechos 20:24) es que una vez que entramos en una
relación salvadora
con el Señor Jesucristo como nuestro Salvador, ¡nuestros
pecados y iniquidades
son idos para siempre! Esto es hasta el punto que Dios ya no se
acordará de
ellos. Lo qué es tan maravilloso y asombroso acerca de esto es
que incluye
TODOS ELLOS: ¡Pasados, presentes y futuros! Usted ve, amado, al
momento que
usted y yo creemos en el Señor Jesucristo somos salvados con una
salvación
eterna (Hechos 16:31; Isaías 45:17). Esto significa simplemente
que en la Cruz
nuestro Salvador precioso “por su propia
sangre,…ha obtenido eterna redención” (Hebreos 9:12) por
nosotros. Por eso
es que podemos regocijarnos que somos salvados para siempre
jamás; y no tenemos
que temer que Dios jamás los traerá delante de nosotros.
Al contrario, como
podemos ver, Él promete que Él mismo no se
acordará de ellos. ¡Ah, la maravilla
de ello que podemos ir al cielo sin tener que mirar hacia atrás
sobre el hombro
para ver si cualquiera de nuestros pecados perdonados nos siguen!
¡¡¡Aleluya!!!
Además,
podemos saber
ciertamente que todos nuestros pecados e iniquidades nunca serán
recordados por
Dios porque todos han sido perdonados por Él por amor de Su
Hijo; “pues donde hay remisión de éstos, no
hay
más ofrenda por pecador”. ¿Qué significa esto?
Que “habiendo ofrecido por los
pecados un solo sacrificio para siempre” (Hebreos 10:12), ya no
hay una
necesidad para que alguien muera y pague por nuestros pecados porque
ellos son
idos. Usted ve, no sólo el Señor Jesús
murió por nuestros pecados, pero ellos
fueron enterrados con Él; y cuando El resucitó de los
muertos, ellos fueron
dejados atrás como ésos “echados en los
profundos de la mar” (Miqueas 7:19). 'Si esos pecados son borrados
enteramente, no hay más necesidad del sacrificio para expiar por
ellos, más que
hay la necesidad de pagar una deuda otra vez que ha sido pagado una
vez… el
perdón fue tan completa que todo terror de la ira fue quitado, y
el pecador podrá
mirar hacia a Dios calmamente y alegremente como si él nunca
hubiera sido
culpable de la transgresión' (Comentario de Barnes). Otra vez,
¡¡¡Aleluya!!!