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¿NO MÁS SACRIFICIO PARA EL PECADO? 

“Y nunca más me acordaré de sus pecados é iniquidades. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado”

(Hebreos 10:17, 18) 

Una de las verdades más consoladoras “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) es que una vez que entramos en una relación salvadora con el Señor Jesucristo como nuestro Salvador, ¡nuestros pecados y iniquidades son idos para siempre! Esto es hasta el punto que Dios ya no se acordará de ellos. Lo qué es tan maravilloso y asombroso acerca de esto es que incluye TODOS ELLOS: ¡Pasados, presentes y futuros! Usted ve, amado, al momento que usted y yo creemos en el Señor Jesucristo somos salvados con una salvación eterna (Hechos 16:31; Isaías 45:17). Esto significa simplemente que en la Cruz nuestro Salvador precioso “por su propia sangre,…ha obtenido eterna redención” (Hebreos 9:12) por nosotros. Por eso es que podemos regocijarnos que somos salvados para siempre jamás; y no tenemos que temer que Dios jamás los traerá delante de nosotros. Al contrario, como podemos ver, Él promete que Él mismo no se acordará de ellos. ¡Ah, la maravilla de ello que podemos ir al cielo sin tener que mirar hacia atrás sobre el hombro para ver si cualquiera de nuestros pecados perdonados nos siguen! ¡¡¡Aleluya!!!

Además, podemos saber ciertamente que todos nuestros pecados e iniquidades nunca serán recordados por Dios porque todos han sido perdonados por Él por amor de Su Hijo; “pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecador”. ¿Qué significa esto? Que “habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre (Hebreos 10:12), ya no hay una necesidad para que alguien muera y pague por nuestros pecados porque ellos son idos. Usted ve, no sólo el Señor Jesús murió por nuestros pecados, pero ellos fueron enterrados con Él; y cuando El resucitó de los muertos, ellos fueron dejados atrás como ésos “echados en los profundos de la mar” (Miqueas 7:19). 'Si esos pecados son borrados enteramente, no hay más necesidad del sacrificio para expiar por ellos, más que hay la necesidad de pagar una deuda otra vez que ha sido pagado una vez… el perdón fue tan completa que todo terror de la ira fue quitado, y el pecador podrá mirar hacia a Dios calmamente y alegremente como si él nunca hubiera sido culpable de la transgresión' (Comentario de Barnes). Otra vez, ¡¡¡Aleluya!!!