“Cristo Jesús vino al mundo para salvar á
los pecadores, de los cuales
yo soy el primero”
(1 Timoteo
1:15)
Permítame
hacer esta pregunta de esta manera: ¿No está
contento que usted es un pecador? Por supuesto, el punto que quiero
hacer es
que si usted y yo no somos pecadores, entonces no hay esperanza de la
salvación; porque leemos en nuestro texto que "Cristo
Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores";
y el Señor Jesús mismo dijo que Él no vino "á
llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento" (Lucas
5:32), cuál
arrepentimiento es requerido para que uno sea salvado. Pero
permítame asegurarles
que yo no pongo el énfasis en que somos pecadores, sino en
Aquél quien es el
Salvador de los pecadores. Verdaderamente “palabra
fiel y digna de ser recibida de todos”, es decir, lo puedes creer y
merece
de ser aceptado por nosotros que Dios, de Su gran amor, envió a
Su Hijo al
mundo para salvar a pecadores y, que Él vino a salvar al mayor
de los
pecadores. Podemos ponerlo de esta manera: No hay pecador que
está más allá de
la esperanza de salvación, es decir, que pueda pecarse fuera de
la gracia de
Dios; porque Él es "grande para
salvar" (Isaías 63:1) ya que "la
sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan
1:7).
Sé que Él no vino a hacer lo imposible porque "lo
que es imposible para con los hombres, posible es para Dios"
(Lucas 18:27); y qué imposibilidad más grande existe
que para un pecador salvarse
á sí mismo en que no sólo están "muertos
en…delitos y pecados" (Efesios 2:1), pero "no hay
quien busque á Dios" (Romanos 3:11) “y no
quieren venir á (Él), para que tengan
vida” (Juan 5:40). Todavía, somos dichos por el Señor
mismo que "el Hijo del hombre vino á buscar y
á
salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10).
Pero, ¿quién es el mayor de los pecadores? Ahora, el
apóstol Pablo reclama de ser el "primero"
de los pecadores, es decir, el "delantero" de ellos. Pero,
¿saben
qué? Cada uno de nosotros que ha experimentado la gracia de Dios
en la
salvación y le ha sido mostrado que nuestros corazones es “engañoso…más que todas las cosas, y perverso"
(Jeremías 17:9)
reclamará también este título. No sólo
somos convencidos de lo que hemos sido,
pero todavía de lo que somos a causa del "pecado
que mora en (nosotros)" (Romanos 7:17); "porque no
hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste
hago" (v.19). Hay tiempos que tenemos que exclamar con David: "Esconde tu rostro de mis pecados, y
borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón
limpio; y renueva un
espíritu recto dentro de mí" (Salmo 51:9, 10).
Aún cuándo “(nuestras) iniquidades han
pasado (nuestra)
cabeza” y “como carga pesada se han
agravado sobre (nosotros)" (Salmo 38:4), tenemos que preguntarnos,
"¿Por qué ha de salvarme Dios"? Entonces es que podemos
ver
claramente que toda nuestra esperanza resta en que "Cristo
Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”; y
esto, ¡el peor de ellos! Ah, en saber que Cristo Jesús, el
amado Hijo de Dios, tanto "me amó, y se entrego
á sí mismo por
mí" (Gálatas 2:20), que debe llenar mi corazón
con alegría y amor para
mi Salvador precioso, que debo estar tan dispuesto a darme á
Él, aún hasta ser "menos que el más
pequeño de todos los
santos" (Efesios 3:8) para Su gloria en Cristo Jesús.
Amén.