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VIDA GRACIA SOBERANA

Revivir~ Renovar ~ Restaurar ~ Reformar

Marzo 2005                                                                                                                         #1

Lasaro Flores ~ P.O. Box 298 ~ Boling, TX 77420

E-mail Address: lasaro@academicplanet.com

MI PROPÓSITO

            Al comenzár este periódico, hay un propósito cuádruplo for él: Sale para Revivir, para Renovar, para Restaurar, y para Reformar. Quizas para algunos esto quiere decir la misma cosa; no obstante, yo creo que hay cuatro aspectos de una Vida que ha experienciado la Gracia Soberana de Dios que serán manifestados cuando los creyentes experiencian estas cuatro cosas en ella. Es mi deseo que “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10) se agrade en utilizar los articúlos, no solo para Su gloria temible, sino también para “avivar su obra en medio de los tiempos” (Habacuc 3:2); y como un resultado, de hacernos dispuestos para sufrirlo todo “por amor de los escogidos, para que ellos también consigan la salud que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). 

Por lo tanto, ore conmigo que Dios se agrade de mandar a las nubes que lluevan de nuevo (cp. Isaiás 5:6), para que las “aguas sean cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco sea tornado en estanque, y el secadal en manaderos de aguas” (Isaías 35:6,7), al caér las “lluvias de bendición” cuando haga “descender la lluvia en su tiempo” (Ezequiel 34:26). Oh, ¡cómo necesitamos orar como David: “Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, En tierra de sequedad y transida sin aguas; Para ver tu fortaleza y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario” (Salmo 63:1,2)! Podemos estár seguros que cuando esto acontezca, no sólo seremos Revividos de nuestra mortandad por estár sin Él, pero también Renovados en nuestro deseos de Él, Restaurados en nuestra comunión con Él, y Reformados en nuestro andar delante de Él. ¡Amén!
 


ANDANDO CON DIOS

Por Lasaro Flores

            En veces he oído uno decir, “Muéstrame tus amigos, y yo te mostraré quien tú eres”, es un dicho muy verdadero que discubre lo que hay en nuestros corazones. Aunque es cierto que podemos esconder lo que está en nuestros corazones de aquellos que están alrededor de nosotros, todavía en un sentido, es también cierto que podemos revelar lo que hay en nuestros corazones por la actitud que manifestamos, por las palabras que hablamos, y por nuestras acciones. “Nuestro amigos” puede ser cualquier cosa, o cualquiera, con quien tenemos una relación íntima y personal; y por los tanto, “andamos” con ellos. 

Recientemente, por la gracia de Dios, ha sido traído a preguntarme con quien estoy andando como amigos míos; y como la gente alrededor de mi vienen en contacto conmigo, a quienes ven ellos de ser mis amigos. ¿Puedo yo honestamente decir que la gente ven que Yo estoy Andando Con Dios? Quizas algunos dirán que soy religioso, sea porque voy a la iglesia, o cargó una Biblia conmigo, o cosas semejantes; pero más allá de eso, ¿pueden ellos “ver” a Dios en mi vida? ¿Pueden ellos “ver” que Dios es mi Amigo, y que yo ando con Él? Si yo puedo mostrar esto en mi vida, entonces ¡la gente verán Quien es mi Amigo!

            Se dice en Génesis 5:24 que caminó, pues, Henoch con Dios”; y que también con Dios caminó Noé” (6:9). En otras palabras, estos dos individuos tenían una relación íntima con Dios en su andar con Él. De cierto, esto no podía ser verdad sólo que andaran de acuerdo uno con otro; porque, “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de concierto” (Amós 3:3)? Ésta, amados, es la “vida normal” que existe entre uno quien ha experienciado la Gracia de Dios en sus vidas, y Aquél quien es “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10), Quién de Su Gracia Libre y Soberana ha convertido aquellos quienes “siendo enemigos, fueron reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo”, y ahora, “estando reconciliados, serán salvos por su vida” (Romanos 5:10), cuya Vida está en todos Sus amigos. Ahora, ¿quién es un amigo de Dios? ¿No es aquél quien anda de acuerdo con Él?

Pero ¡ay! Tenemos que decir tristemente, que hay veces que los amigos de Dios se le voltean encontra a Él. Aún se puede decir de ellos que han dejado su “primer amor” (Apocalipsis 2:4), lo cual Él es cuando de primero vienen a ser Sus amigos y comienzan a andar con Él. Pero ahora la llama de amor para el Amado y Amigo de ellos (cp. Cantares 5:16) casi se ha apagado; los fervientes deseos de ellos para Él y Sus bendiciones se han disminuído (cp. Isaías 26:8); ya no están conscientes de una relación íntima con Él (como David en 2 Samuel 12); y de más definitivamente, la manera de vida de ellos ya no están en los caminos del Señor. Seguramente, esta clase de vida ya no manifiesta una fortaleza por causa del “gozo de Jehová” (Nehemías 8:10), ya no exhalan las fragancias dulces de las flores de gracia; ya no ofrecen “olores de holganza al Dios del cielo” (Esdras 6:10); y más ciertamente, tal vida ya no anda “como es digno del Señor, agradándole en todo” (Colosenses 1:10). ¡Tal vida necesita de ser Revivida, Renovada, Restaurada, y Reformada!   

 Entonces, nuestra única esperanza es que Dios, de su gracia soberana, se agrade de hacerlo. Yo digo que tiene que ser de Su “gracia” porque Él tiene que hacernos el favor de rescatarnos de esta condición de debilidad, de tinieblas, de miseria, de desobediencia, y de ruina, que viene de tal vida. No obstante, todavía tenemos esperanza porque “es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lamentaciones 3:22,23). Pero luego, tengo que decir que tiene que ser de Su “gracia soberana” ya que merecemos de ser tratados severamente, y de ser echados fuera, por nuestra rebeldía, pero todavía del beneplácito de Su voluntad Él “no ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; Ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados” (Salmo 103:10). Que esto es verdad puede ser testificado por todo santo de Dios quien se ha caído hacia atrás y ha experienciado la promesa de Dios: “Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos. Yo seré á Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Extenderse han sus ramos, y será su gloria como la de la oliva, y olerá como el Líbano. Volverán, y se sentarán bajo de su sombra: serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid: su olor, como de vino del Líbano” (Oseas 14:4-7). ¡Aleluya!

 

LAS EVIDENCIAS DE UNA CONDICIÓN RECAÍDA

Del libro Revival

Por Richard Owen Roberts

Traducido por Lasaro Flores 

Cristianos recaídos son evidentes por dondequiera. Ellos están en las iglesias y afuera de las iglesias. Ellos están en los asientos y en el púlpito. Están en las juntas y fastidiados. Están en las comisiones y enseñan en la Escuela Dominical. Los reincidentes parecen ser más numerosos que los rectos y la influencia de ellos por todo el mundo es vastamente más profunda. Mientras no todos los reincidentes manifiestan los mismos rasgos, las evidencias de la condición de ellos no son dificultosos para precisar. Las siguientes características merecen nuestra atención seria. 

1. Cuando la oración cesa en ser una parte vital de la vida de uno que profesa ser cristiano, la reincidencia está presente. Es chocante de realizar que muchas iglesias no tienen ninguna clase de juntas de oración públicas. Más trastornante es el hecho que muchos cristianos individuos no tienen tiempos sentados regulares de oración privada durante en la cual ellos solos comunican con Dios ¿Cómo puede una persona ser ambos cristiano y no orar? De todo modo, no necesita la oración estár faltando enteramente de la vida de una persona para prevalecer la reincidencia. Cuando la oración viene a ser superficial y sin la gravedad moral, hay de más amplia evidencia de la reincidencia. Algunos quienes recitan sus oraciones cada día, nunca oran. La formulación de pensamientos e idéas religiosas, el vociar de palabras, la inclinación de la cabeza y el cuerpo y la repetición de frases, no en y de sí mismos constituyen la oración verdadera. Si el corazón no comunica seriamente con Dios, ninguna oracion genuina está presente. La mera repetición de oraciones escritas, no importa que bellamente construídas o parecer sinceras, no garantizan la oración genuina. Cuando el corazón del hombre y el corazón de Dios se encuentran en comunión, allí está la oración. La falta de la oración y la mera formalidad de decir oraciones son marcas evidentes de una condición recaída.

(Será continuado)


Preparando La Tierra Para El Avivamiento

Por J. Edwin Orr

Traducido por Lasaro Flores

Mira que te he puesto en este día sobre gentes y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar” (Jeremías 1:10)

            De esta comisión séxtupla, cuatro mandatos son destructivos y solo las últimas dos son constructivas. Seguramente “para edificar y para plantar” es una obra grande. Pero tenía que ser precedido por un “arrancar y para destruir”, una destrucción y un demoler. ¡Seguramente esto se oye drástico! No obstante, era muy necesario, como el fondo histórico nos muestra. El reino judío había sido cubierto con malas hierbas, sobreedificado con superestructuras tradicionales. Tenían que ser quitados primero. Algún iconoclasismo era necesario. Se requiería alguna destrucción.

            Vamos a mirar en el jardín para una parabola. Andabamos por un jardín bello el cual ocupaba un pedazo de tierra que antes había sido desechada. El jardinero nos llevó por todo lado. “Esas rosas son bonitas,” le dijimos. “Yo las planté,” contesta el jardinero, con un orgullo justificado. “¡Qué seto tan bien adornado!”, notamos en seguida. “Yo también lo hice,” dice él. “¿Quién es responsible por ese borde “Sweet William” tan bonito?” Otra vez el jardinero se sonrío y reclamó el crédito. Seguimos adelante, pensando nosotros mismos que este jardinero había creado un testimonio magnífico de su destreza en el jardiniar.   

.           A la entrada del jardín, encontramos un anciano guardando un monton humiante de basura. “¿Qué has estado haciendo?” “Trabajando en el jardín,” dice él. “Bueno, entonces, ¿qué tienes que mostrar por tu trabajo?” “Nada, Señor,” contestó. “Entonces, ¡no has estado trabajando!” le dijimos. “Señor,” se defiende, “cuando venimos aquí, este jardín era un pedazo de tierra desechada, sobrecrecida con malas hierbas, llena de piedras y arena, pantanosa en una esquina, y todo alrededor sin esperanza.” Nos interesamos. “Bueno, Señor,” continua. “Yo rompí la tierra, y destruí las malas hierbas, y desenterraré las piedras, y carretearé la arena, y era mi trabajo de desaguadar la esquina pantanosa.” Escuchamos con un aprecio creciente. “Yo no estoy diciendo nada encontra el otro compañero quien plantó el jardín. Él hizo su trabajo bien. Pero, ¿dónde estaría su plantar si yo primero no hubiera arrancado y destruido las malas hierbas?” Los labores de ambos hombres era necesario, pero el arrancar y el destruir de las malas hierbas precedieron el plantar de las flores y las matas.

            Vamos acordarnos el primer trabajo de arrancar las malas hierbas y totalmente destruirlas. Una de las debilildades grandes hoy en día de muchas formas de ministerio es el tratar de sembrar buena semilla entre las espinas. Generalmente, las espinas continuan brotando, y la semilla es ahogada por ello, a pesár de las buenas intenciones del sembrador humano. La semilla sembrada en una tierra preparada solo requiere la acción de los elementos para producir el fruto en su tiempo. La semilla sembrada junto al camino, o en lugares piedragosos, o entre las espinas, tendrán sus prospectos de vida casi inmediamente amenazados severamente. De la misma manera, cambiando el modo de la ilustración, un cristiano quien está en una relación propia con Dios es generalmente hambriento por las grandes verdades y afirmaciones del Evangelio. Un mensaje constructivo no solo es deseable, sino necesario. El buen alimento, el más fino de la crema del trigo del Evangelio de Cristo, es asimilado ansiosamente por el cristiano quien vive en harmonía con Dios.

            No obstante, todos los cristianos no están en una relación propia con el Señor de ellos. La presente carestía obvia de avivamiento es debida latamente al hecho que la mayoría de los cristianos están afuera del toque de la fuente del poder Divino. Aún en las convenciones, el primer trabajo necesitado es de poner rectas las cosas en las vidas de los que asisten. De dar a un estómago enfermo un dosis excesiva de crema es de correr peligro de la indigestión. Aún un estómago infermo prefiere el gusto de la crema al sabor de un medicamento amargo. Todavía, el medicamento amargo es necesario, y no impide después el gustar y el digerir de la buena comida – al contrario, ello crea el apetito actual de la buena salud, lo cual es distinto de los deseos falsos de la indigestión.

            Por ejemplo, el mensaje glorioso de la posición de cada creyente en Cristo es de confortación a muchas almas. No obstante, no puede traér mucha bendición a un cristiano obstinado viviendo en desobediencia y en pecado consciente. PRIMERO, tiene que actuar sobre la enseñanza del arrepentimiento y confesión y la limpieza, y luego se puede confortar a sí mismo con las otras verdades. Una vez oí de una iglesia, a la cual tenía la crema de la doctrina dada dentro sus paredes, semana por semana. Juzgando de la calidad del ministerio levantador dado allí, uno esperaría de hallar a los miembros de la iglesia en un plano altísimo celestial. Pero en este caso, habían tenido una contienda la cual resultó en el pan y el vino siendo vertido en la altercación, y la policía fue llamada para restaurar la orden. Obviamente, necesitaban más que la crema. Malamente había falta del medicamento. La verdad posicional no puede ser enseñada provechosamente hasta que la enseñanza condicional tenga su efecto. No eches las perlas delante de los puercos. Tan grande es esta problema, que cuando el predicador se arroja encontra el pecado entre los creyentes y urge la pureza de vida, los críticos claman “Introspección,” y algunos insisten que está tratando en divertir los ojos del pueblo de Cristo a uno mismo y a las faltas.

            Una vez era mi experiencia feliz, de hablar en una convención bien conocida en Inglaterra. Era arreglado con los miembros del concilio que si la bendición viniera en el grado que se esperaba, yo estaría en libertad de continuar por doble el tiempo. Comenzando con el ministerio destructivo, el Señor uso Su palabra para crear la convicción profunda de corazón. El lugar estaba apretado. Los cristianos eran movidos a la confesión y arrepentimiento, y muchas almas eran salvas.

            En contraste, no muy lejos, estaba hablando en otra convención. Era una convención de buena reputación. Sentí ser llevado de primero hablar de los defectos de los creyentes y la necesidad de ponerse bien antes de gozarse de las buenas cosas de la fiesta. Los siguientes oradores parecían de dudar de tal método, y el mensaje de ellos parecía ser: “Ya estás completo en Cristo, así que no te afanes acercas de estos frioleras. Dios te acepta en el Amado, y no te tienes que preocupar.” Por días había esa corriente contraria de mensaje. Yo creía con todo mi corazón en la verdad del mensaje de ellos, pero yo pensaba que el tiempo estaba inmaturo para su aplicación.

            Con un corazón cargado, ore por la guianza clara en cuanto de continuar mi mensaje. El Señor puso un texto, un “nuevo” texto para mi, y lo predique. Antes que lo predicara, un orador se ocupo en las promesas gloriosas de Dios, promesas que eran para los hijos obedientes. Entonces, vino mi oportunidad. Asi que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios” (2 Corintios 7:1). Al fin dió la conexión, pero no tuvimos una grande avivamiento. Llevó muchas verdades a mi corazón. Vamos a confortarnos con las grandes verdades de nuestra posición en Cristo. Pero no hagamos excusa por decir que nuestra “cumplimiento” en Él nos permite en disimular del pecado conocido.

Referencia Usada: The Church Must First Repent (La Iglesia Tiene Que Primero Arrepentirse) por J. Edwin Orr

Estaré enviando este periódico a tantos de los que pueda encontrar las direcciones de “e-mail” de ellos. Todo aquel que lo reciba, por favor déjame saberlo mediante mi dirección de e-mail: lasaro@academicplanet.com, o lasaro@netscape.com que lo ha recibido. Si prefiere de no rebirlo, déjame saber para quitarlo de la lista de correo. Muchas gracias.