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Mientras la necesidad de invitar a los pecadores a Jesús es algo que debe de ser defendida, esa invitación tiene que ser protegida. En el evangelismo de hoy en día, en invitar a los pecadores a Cristo, lo cual es algo relacionado a la predicación, ha sido confundida con dando llamadas al altar, lo cual es relacionado con la metodología. Cuando los predicadores de hoy en día hablan de "dando la invitación", invariablemente ellos quieren decir en dar un llamado al altar en la cual las gentes son invitadas a pasar al frente de la iglesia o auditorio como una indicación que ellos están "aceptando a Cristo".
El gran objectivo de esta metodología es que identifíca un acto físico con una fe que salva. No importa que cuidadosamente el predicador trate de explicár que "viniendo al frente no te salva", con dificultad puede uno culpar a la persona quien es llamado en igualar los dos. Por todo el sermon se le ha dicho de la importancia de venir a Cristo, y luego al terminar el sermon es exhortado, "Ven a Jesucristo ahora mismo; deja que este sea el momento de decisión; ven como estás; Él te recibe", y al mismo tiempo es dirigido que pase al frente del auditorio. Digo que es difícil de culparlo por creer en su propio pensamiento que en pasar al frente, en verdad es realmente "viniendo a Jesús" de lo cual el predicador ha estado diciendo con seriedad.
Hay mucha gente cuyas vidas dan una prueba triste de que son irregenerados, no obstante, sienten la seguridad de que han sido salvos simplemente porque han "venido a Jesús" en responder a un llamado al altar. Pero viniendo a Cristo es puramente un asunto espiritual. No tiene que ver nada con el movimiento de las manos o los pies. Viniendo a Cristo envuelve una respuesta de la mente, el corazón y la voluntad del pecador (producido, sin duda, por la operación del Espíritu), pero es una cosa peligrosa de enlazar esto tan estrechamente a cualquier forma de un llamado al altar.
Muchos cristianos no son cautos del hecho de que el sistema del llamado al altar, estimado por muchos hoy en día de ser muy esencial para el evangelismo, no era conocido en las iglesias cristianas hasta el siglo décimonono. Fué Carlos Finney quien lo introdujó y popularizó el sistema (aunque en veces métodos similiares eran usados por algunos Metodístas antes que Finney), y aunque quizas es consistente con los nociones teológicas de Finney, no es consistente con una posición doctrinal Biblica y Reformada. Los hombres eran invitados a Cristo, y por la gracia de Dios venían a Cristo por 1,800 años antes que los llamados al altar eran usados en las iglesias. Así como los pecadores son invitados a Cristo mediante la predicación, así como Cristo es declarado y Sus promesas del Evangelio de Gracia son manifestadas, y los pecadores son invitados a "ver y vivir", el Espíritu de Dios asegurá que Su Palabra no volverá a Él vacía.
En predicar el Evangelio y en invitar a los pecadores para que vengan a Cristo tenemos que estár seguros que nos dirigimos al hombre entero. La debilidad de mucho de la predicación evangélica de hoy en día está en el hecho que frecuentemente solo una respuesta emocional se busca. Un asalto a las emociones es hecha, con ilustraciones persuasivas, y anécdotas que rompen el corazón, y experiencias personales son usadas. Música especial y aun, hay veces, efectos especiales iluminucionantes son usados para producir una respuesta emocional. La salida para esa respuesta es muchas veces el llamado al altar discutido anteriormente que es identificado con viniendo a Cristo. Sin imbargo, cuando la persona es removida de esa atmósfera, y regresa a un mundo resfríado de la realidad, su decisión frecuentemente prueba de ser no genuino.
El invitar a los pecadores a Cristo tiene que ser enlazado con un apelar a la persona entera. No hay ninguna pregunta que sus emociones serán envueltos. ¿Cómo puede ser uno sin emoción cuando considera la Cruz y los asuntos relacionados al bienestar eterno de su alma? El corazón tiene que ser destetado del pecado y el pecador tiene que ser traído a ver a Jesús de ser más deseable que todo lo demás. Indudablemente solo el Espíritu Santo puede hacer esto, pero el predicador querra de predicar de tal manera para que el Espíritu use su mensaje para alcanzar estos objectivos. EL camino al corazón tiene que ser por medio de la mente. La verdad tiene que ser presentada si la respuesta del corazón ha de ser válido. Los grandes hechos del evangelio tiene que ser presentados. El pecador tiene que entender los asuntos envueltos. Las grandes verdades de la ruina, la redención, y la regeneración tiene que ser puestos delante de él: el arrepentimiento y la fe tiene que ser explicadas. La mente tiene que ser alcanzada si el corazón ha de ser movido como se debe.
Por cierto, la mente siendo iluminada y el corazón movido, el albedrío tiene que ser ejercido. El evangelio no es meramente una tema para una examinación, análisis o discusión, sino para una respuesta obediente. Los predicadores reformados deben de no sobre-reaccionar a la enseñanza falsa del día en cuanto al "libre albedrío" por faltar en reconocer la importancia verdadera del albedrío en la experiencia de la conversión. Como Moisés escogió deliberadamente de alineárse con el pueblo afligido de Dios, y de rechazar los placeres de Egipto, así hoy en día hombres y mujeres deben de escoger para andar en los caminos del Señor y rechazar el mundo. Los predicadores reformados no deben de sentir ninguna hesitación en predicar, "Escogeos hoy a quien sirváis". Tales predicadores querrán que sus oidores entiendan que el escogimiento propio ha de ser atribuído a la gracia del Espíritu de Dios, y no a ellos mismos, pero deben todavía de impresionar a la consciencia de sus oidores la necesidad del albedrío respondiendo obedientemente al evangelio.
Esto nos lleva también a la importancia de invitar a los hombres al Jesús de la Biblia. Otra vez, los abusos del evangelismo moderno lo hace necesario en considerar esta falta. El Cristo de quien acercas muchos han oído es un héroe revolucionario quien todavía puede llevar a la humanidad hacia una utopía de social-económica. Él es como un Ché Guevára del siglo primero, dispuesto para llevar a los joven rebeldes encontra el establecimiento del día moderno. El Cristo del cual otros han oído es como un psiquiatra quien puede tener cuidado de todas sus problemas, libraralos de todas sus frustraciones y cuidados y darles una vida libre de cualquier dificultad o afán. Él es uno quien, en una manera misteriosa, hace los matrimonios llenos de gracia y romance, a los de negocios eminentemente prósperos, y a los atletas héroes de ganadores de juegos. Otros han oído de un Jesús quien los puede asegurar de un lugar en el cielo, mientras permitiendoles perseguir una vida de carnalidad aquí. Este Jesús los deja tener lo mejor de dos mundos; Él es un Salvador sin ser un Señor: Él los libra sin hacer demandas.
En invitar a los pecadores a Jesús debemos de asegurar que los estamos invitando a un Jesús de la Biblia. Yo no se de una manera mejor de guardarnos encontra de una apariencia engañadora de Jesús que pensar de Él en terminos de Su oficio triplo de Profeta, Sacerdote, y Rey, y de predicarlo a los hombres de esta manera. Por supuesto, esto no es de decir, que no es legítimo tomar por sí solo un aspecto de la Persona y la Obra de Cristo en la predicación, pero si es en decir que los hombres deben de darles a entender a quien están recibiendo para ser hechos hijos de Dios. Debemos de invitar a los hombres a Él como el Profeta: eso es, quien les enseñará la voluntad de Dios, y a Uno cuyas intrucciones tienen que creer y recibir. Los invitamos a Uno quien es un Sacerdote: eso es, a Uno quien ofrece el sacrificio expiador por sus pecados. Los invitamos a Uno quien es un Rey: eso es, a Uno quien ejerce dominio sobre ellos, y a Quien le deben lealtad.
Si Cristo es predicado en Su oficios, y los pecadores reconocen que es a Él a Quien son invitados y deben de venir, entonces mucha confusión y peligro será evitado. El debate corriente de hoy en día en cuanto de que si Cristo debe de ser recibido como Señor tan bien como el Salvador si uno ha de ser salvo, seguramente tiene que ser resolvido si es reconocido que Cristo tiene que ser predicado en todos Sus oficios. En decir que no se necesita de recibir a Cristo como Señor es de decir que uno puede recibirle como Profeta y Sacerdote pero no como Rey. ¡Tal idéa es prepóstero! No puedes dividir a Cristo. Él es lo que es; Profeta, Sacerdote, y Rey. En rebirlo por cierto es de recibirlo como Él es, en Su oficio triplo.
Por consiguiente, en invitar a los pecadores a Cristo hay defensas que mantener. No debemos de confundir la invitación en venir a Jesús con el llamado al altar. Tenemos que dirigirnos al hombre entero y debemos de invitarlos al Jesús de la Biblia.