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La única forma en que el “teísta de
libre
albedrío” puede tener razón es si su corazón es
totalmente neutral – es decir que no está afectado ni por el
bien ni por el mal. Pero esto es imposible. Nadie tiene un
corazón neutral; ni el diablo, ni Dios, ni usted ni yo. Si el
corazón es bueno, desea cosas buenas. Si el corazón es
malo, desea cosas malas. La voluntad de nadie es neutral, y la Biblia
nunca enseña que el hombre sea neutral. La Biblia
enfáticamente enseña que los hombres tiene corazones
malos, inclinados al mal. Y que los hombre se engañan a
sí mismos porque sus corazones son engañosos
(Génesis 6.5, Jeremías 17.9) Cristo dijo: “Del
corazón proceden los malos pensamiento, los homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias” (Mateo 15.19)
Así que cuando pensamos que el libre albedrío significa que podemos escoger entre el bien y el mal, no estamos hablando bíblicamente. Lo que significa el libre albedrío es que se tiene la capacidad de actuar conforme a los deseos de su propio corazón. Pero cuando uno no ha sido salvado, los deseos de su corazón son inclinados al mal, así que nunca escogería seguir a Cristo porque no lo desea y no puede – escogería siempre su propio camino. Dios tiene primero que cambiar su corazón (Ezequiel 36.26, Juan 3.3) antes de estar capacitado para creer. Porque cuando el Espíritu de Dios circuncida el corazón (Romanos 2.29), El entonces le da a esa persona la capacidad de creer cuando escucha el Evangelio. Y como la persona lo escucha con el nuevo corazón que ahora sí está capacitado para desear el bien, la persona cree, es salva, y cuando muera o cuando el Señor regrese entrará en la gloria eterna.Nunca tenemos un libre albedrío neutral. Siempre somos esclavos de algo. Antes de ser salvos, eramos esclavos del pecado. Después de ser salvados somos esclavos de Cristo, como lo dice Pablo en Romanos 1.1, “Pablo siervo de Jesucristo...” (la palabra griega “siervo” es “doulos” que significa “esclavo”). La Confesión de Fe Bautista de 1689 establece en su capítulo 9 y en el párrafo 3, “El hombre, por causa de su caída al estado de pecado, ha perdido por completo su habilidad de albedrío con respecto a cualquier bien espiritual que acompaña la salvación; por eso como hombre natural, siendo que está opuesto a ese bien, está muerto en pecado, no es capaz por su propia fuerza de convertirse a sí mismo, o de prepararse para convertirse”. Entonces la Confesión está diciendo esto mismo. El hombre no regenerado no es capaz de decidir en cuanto a su bien espiritual. Si depende de la libre voluntad o libre albedrío del hombre, el hombre siempre escogería su propio camino y no a Dios.
También hay otro problema; con el
teísta del libre
albedrío, porque esta teología no es consistente. Si le
preguntamos a alguien si cree que su libre albedrío le capacita
para decidir en el campo espiritual antes de ser salvo. El contesta que
sí. Luego le preguntamos si después de ser salvo
él tiene libre albedrío para decidir en el campo
espiritual, el contesta que sí, - con el fin de mantener la
consistencia del libre albedrío - . Pero esto trae un problema y
una pregunta – si usted tenía libertad completa antes de ser
salvo para escoger si quería seguir a Cristo o no,
¿qué pasa después de la salvación?
¿Puede usted libremente escoger abandonar a Cristo?
¿Puede usted utilizar su “libre albedrío” para rechazar a
Cristo, para claudicar? ¿Puede usted libremente rechazar la
salvación que El le dio después de que usted ha sido
convertido? ¿Se anula el poder de la cruz de Cristo por su
“libre albedrío”? Para ser consecuente con esta teología
del “libre albedrío” en cuanto a lo espiritual, habría
que responder que “Sí”. (Si la persona puede ver el error en el
que está cayendo, todo lo que necesitamos es mostrarle la
inconsistencia que hay en creer en el “libre albedrío” en cuanto
a lo espiritual, ya sea antes de ser salvo o después de ser
salvo.)
Hasta aquí hemos considerado la
cuestión de libre
albedrío antes de ser salvo y después de ser salvo, pero
podemos ir más allá y preguntar, ¿tendrá
libre albedrío usted cuando esté en el Cielo? Si se
procura mantener la consistencia, el defensor del libre albedrío
dirá que sí. Y entonces ¿quiere decir que alguien
en el Cielo podría escoger salir de él? Esto se pone
difícil, ¿verdad?. Esto hace que veamos más
claramente el problema. ¿Cuándo quita Dios el libre
albedrío? ... porque El debe hacerlo en algún momento. Si
creemos que se puede encontrar seguridad en la salvación, la
idea de “libre albedrío en la salvación” tiene que
empezar a quitarse de nuestras mentes. Filipenses 1.6 “El que
comenzó en vosotros la buena obra, la perfecionará hasta
el día de Jesucristo” , no podría ser verdadero.
Tendríamos que re-escribirlo y ponerlo así: “Vosotros que
empezasteis por vuestra propia y libre voluntad, (ejerciendo vuestro
libre albedrío) esta buena obra al creer en Cristo, espero que
continuéis ejerciendo vuestra voluntad para que no vaya ser que
caigais finalmente y seais condenados”. Esto no muestra mucho la
seguridad y quita valor a la obra consumada de Cristo. O si no,
qué pensaríamos de las palabras de Jesús en Juan
10.28, “Y yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni
nadie las arrebatará de mi mano”. Si se quiere ser consecuente
con el tema de “libre albedrío en la salvación” entonces,
se podría decir que aunque estamos en las manos de Cristo y
nadie nos puede arrebatar, yo por mi propia voluntad puedo caer de la
gracia. Palabras como las de Cristo en el versículo citado son
seguras para los creyentes porque muestran el poder de Cristo, y el
poder de Su mano salvadora, no de nuestro propio “libre
albedrío”. La idea de libre albedrío es completamente
ajena al texto. Tendríamos que quitar muchos textos para poder
sostener que nuestro libre albedrío es el que decide o el que
nos sostiene en cuanto a la salvación. Aunque muchos dicen que
el pecador decide si quiere salvarse o no, pero luego no hay forma de
decidir lo contrario, es claro que ese argumento se construye sobre un
argumento falso.
Siempre hay objeciones. La gente dice, “pero yo
siento que soy libre”.
Lo que sentimos no es garantía de la verdad. Algunos creen que
la oferta del Evangelio no es válida si las personas no son
libres para escoger. Pero esta no es una aseveración
lógica. Dios nunca cambia Sus mandamientos para que se ajusten a
nuestras necesidades. Su requerimiento siempre ha sido “Sed Santos como
Yo Jehová soy Santo” (Levítico 19.2). Aunque Dios sabe
que nosotros no tenemos la capacidad en nuestra naturaleza caída
de ser santos, aún así, El nos manda a ser como El en su
santidad. El hecho de que la gente no tenga la capacidad de creer en el
Evangelio por su “libre albedrío” no hace inválida la
oferta de Dios, aquellos a los que El por su misericordiosa
intervención regenera, estos creerán en el Evangelio.
Algunos que lean este tratado pensarán:
“ese hombre está
loco”. No le creo. Pero esto probaría lo que hemos dicho. El
hombre no cree lo que la Biblia dice porque desea creer a su propia
manera o desea seguir creyendo lo que le enseñaron y así
su “libre albedrío” se muestra cautivo de su deseo de tener la
razón a pesar de ver que la Biblia enseña esta verdad.
Es cierto, yo creo que todos tenemos capacidad de decidir – pero estas
decisiones siempre corresponderán a los deseos de nuestro
corazón. Y en el campo espiritual nuestros deseos no son
conforme a Dios, por esto Dios realiza el milagro de la
regeneración en nuestro corazón para que podamos
reconocer nuestra situación real y venir a Cristo. Si el
corazón no es regenerado, el libre albedrío le permite
decidir en muchas situaciones pero en el campo espiritual siempre
escogerá rechazar el Evangelio. Si el hombre es regenerado y por
lo tanto salvado, tiene ahora la capacidad de escoger entre el bien y
el mal, es libre del yugo del pecado y lucha constantemente por someter
su voluntad a la de Cristo, pero no tiene libre albedrío al
grado de poder decidir “dejar de ser salvo”. Después de la
glorificación de nuestros cuerpos, no podremos escoger entre el
bien y el mal, seremos liberados por completo de la naturaleza
pecaminosa que es la causa de que los hombres en necedad se aferren a
la idea de que todos los hombres tienen la libertad completa de decidir
entre lo bueno y lo malo como la que tuvo el primer hombre. Adán
es el único hombre que tuvo el completo “libre albedrío”,
y con este libre albedrío lo que hizo fue desobedecer a Dios, su
descendencia nacida bajo pecado, no goza de aquel libre albedrío
de Adán, sino que su libre albedrío se ha convertido en
una voluntad sujeta a los deseos de su corazón.