Hay básicamente sólo dos
religiones en el mundo. Uno mueve al hombre hacia Dios mientras el otro
mueve a Dios hacia al hombre caído. El primero puede ser llamado
apropiadamente el libre
albedrío (se llama a veces el Pelagianismo o el
Arminianismo desde que estos dos hombres introdujeron este error)
mientras el segundo debe de necesidad ser llamado la gracia libre.
El libre albedrío punta al hombre y lo alenta en ser algo o
hacer algo para asegurarse de la gracia de Dios. El mil y una
variedades de esta religión difieren sólo en lo que el
"ser algo o hacer algo" es. Uno sostiene el bautismo como Salvador,
otro anima las buenas obras o la membresía de iglesia y todo
enfatiza "si usted hace" como su grito de combate.
Esta religión ofrece un plan maravilloso de la
salvación que es capaz de hacer cosas grandes y poderosas si
usted lo permitirá. Esta religión Dios puede sólo
desear y ofrecer, pero El no puede asegurarlo.
La segunda religión es el evangelio Bíblico de la
gracia libre. No busca a Dios por la provisión y entonces al
hombre para el poder, pero proclama bravamente que el mismo Dios
soberano que planeo y decreto la salvación también lo
puede realizar en Sus eligidos. Esta religión tiene una meta, y
un principio y un origen diferente.
Entonces, la diferencia entre el libro albedrío y la gracia
libre no es solo un asunto del énfasis ni interpretación,
sino de
dos religiones distintas que difieren en cada punto teológico en
que se encuentran.
El Libre Albedrío:
Dios escoge aquellos, quiénes de su propio
libre albedrío, deciden creer.
La Gracia Libre: Dios
les da la fe a
ésos quien El ha escogido soberanamente.
El Libre Albedrío:
La sangre de Cristo ha
redimido a todos, pero es nuestra fe en El que nos salva.
La Gracia Libre: Cristo
salva a cada persona quien El redimió con Su
sangre.
El Libre Albedrío:
Los que están dispuestos a creer permiten al
Espíritu Santo regenerarlos.
La Gracia Libre: El
Espíritu Santo regenera a los eligidos y los habilita a creer.
¿Son estas declaraciones simplemente bravas hechas en la
ignorancia o hay amplia prueba Bíblica que el libre
albedrío, con todos sus principios, son en las palabras de C.
H.. Spurgeon una "tontería total" y "una
doctrina monstruosa semejante a la blasfemia?"
Vamos primero hacer una pregunta y contestarla. Luego hacemos una
declaración y la probamos. Y finalmente enunciamos un hecho y
nos
regocijarmos en ello.
La Pregunta:
¿Qué es la condición
bíblica verdadera del hombre caído?
La Respuesta:
¡El hombre por la naturaleza está muerto! Paul declara,
sin reservación en Efesios 2:1 que fuimos avivados para
salvación aun estando "muertos en vuestros delitos
y pecados".
Por naturaleza el hombre está legalmente
muerto. Se le fue
dicho a Adán que "el
día que de él comieres, morirás"
(Génesis 2:17). Y aunque él no murió
físicamente ese día, él murió legalmente.
¡Dios lo consideró muerto! Dios lo consideró
separado, enajenado, y condenado. Y en el momento que
Adán murió, toda la humanidad entregó el alma.
Pablo
declara en Romanos 5: 12, "Así
como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado
la muerte, y la muerte así pasó á todos los
hombres, pues que todos pecaron". ¡Cada hijo de
Adán, excepto Jesucristo, está muerto! ¡Condenado
ya! ¡Considerado en la vista de Dios como ya en el infierno!
No sólo esta el hombre legalmente muerto, pero él
está espiritualmente muerto.
No sólo Dios
considera la raza de Adán muerta, pero en sus corazones no hay
vida. "El día que de
él comieres, morirás" no sólo fue cumplido
por la sentencia registrada en el Libro de Dios, pero algo
sucedió en el
corazón de Adán. ¡El espíritu de Adán
murió, su alma cayó! El corazón llegó a ser
una caja de ténder llenó de la concupiscencia, la
soberbia, los celos, la
envidia, y todo pecado que Dios odia. Interiormente Adán era un
cadáver, y todos sus hijos con él.
Y como el hombre esta legalmente y espiritualmente muerto,
así
que él esta eternamente muerto.
Esta tercera muerte es la
consumación de los otros dos. Es la ejecución de la
justicia
legal y el fin de morir en lo espiritual. Quizás ninguna
porción
de la Escritura es más sobria que Mateo 25:41 cuando nuestro
Señor declara a la raza de Adán, "Apartaos de mí, malditos, al fuego
eterno preparado para el diablo y para sus ángeles", y
otra vez en el verso 46, "E
irán éstos al tormento eterno, y los justos á la
vida eterna".
Ahora que hemos hecho una pregunta y la hemos contestado, vamos
hacer una declaración y probarla.
<>
<>La Declaración:
El hombre natural, muerto en Adán,
no viene a Dios.
<>La Prueba: "Y no queréis venir á
mí, para que tengáis vida" (Juan 5:40).
Jesús dijo otra vez en John 6:65 "que ninguno puede venir á
mí, si no le fuere dado del Padre".
Ningún hombre por la naturaleza, cree que él necesita a
Cristo. El es cegado por sus moralejas, sus intenciones, su sinceridad,
su bondad. El no ve la oscuridad de su pecado ni la desesperanza de su
caso.
Ningún hombre, por la naturaleza, quiere el plan de Dios de
salvación. Se requiere la negación, el arrepentimiento,
la tristeza piadosa, y entrar la puerta estrecha. Este plan roba el
orgullo y el yo de su
gloria carnal. El humilla el corazón y desgarra el alma.
¡La
carne odia el plan de Dios!
Y finalmente declaremos un hecho y nos regocijamos en ello.
El Hecho: Todo los
escogido por el Padre, comprado por el Hijo,
serán llamados por el Espíritu a la salvación
eterna. Jesús prometió en John 6:37 que "todo lo que el Padre me da, vendrá
á mí; y al que á mí viene, no le hecho
fuera". Y Pablo
resonó en Romanos 8:30, "Y
á los que predestinó, á éstos
también llamó; y á los que llamó, á
éstos también justificó; y á los que
justificó, á éstos también glorificó".
La Alegría:
Nosotros nos regocijamos en un "Padre amoroso". "Empero Dios, que es rico en misericordia,
por su mucho amor con que nos amó..." (Efesios 2:4).
¡De algún modo Dios ama a los suyos, no a causa de, sino a
pesar de! pero en el rencor de! Eso es motivo para gritar.
Nosotros nos regocijamos en un "Salvador vivo". Podemos unirnos con Job
que declaró, "Yo sé
que mi Redentor vive..." (19:25), y la canción espiritual
que promete, "Porque Él vive triunfaré mañana".
Verdaderamente, nuestro Señor es "gozo inefable y glorificado" (1
Pedro 1:8).
Nosotros nos regocijamos en un "Espíritu vivificador." "Porque el mismo Espíritu da
testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y
si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de
Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que
juntamente con él seamos glorificados" (Romanos 8:16,17).
No es de extrañar que el gozo es uno de los frutos del
Espíritu Santo.
Habiendo contestado la pregunta y probada la declaración,
nosotros ahora
nos regocijamos en los hechos. ¡El crédito es debido a
Cristo, y la gloria toda a Dios! Jactarse uno es imposible. ¡Dios
ha ganado
el derecho de llevar la corona! ¿Y por qué poder ha
ganado Él el derecho? ¿Por el Libre albedrío? ¡Nunca!
¿Por la Gracia Libre? ¡Siempre!
Este artículo se toma del libro, Las Hojas, Los Gusanos, Las
Mariposas & T.U.L.I.P.S. redactado por V. C. Mayes. El libro
contiene artículos de varios Bautistas de la Gracia Soberana,
tratando
con varios aspectos de las Doctrinas de la Gracia.