La Inmutabilidad de Dios
Sermón
predicado en la mañana del Domingo 7 de Enero, 1855
por
Charles Haddon Spurgeon
"Porque yo Jehová no cambio; por
esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos" --
Malaquías 3:6
Alguien ha dicho que "el estudio apropiado de la humanidad es el
hombre." Yo no voy a oponerme a esa idea, pero creo que es igualmente
cierto que el estudio apropiado de los elegidos de Dios, es el propio
Dios. El estudio apropiado del cristiano es la Deidad. La ciencia
más
elevada, la especulación más sutil, la filosofía
más poderosa que
puedan jamás atraer la atención de un hijo de Dios, es el
nombre, la
naturaleza, la Persona, la obra, los hechos, y la existencia de ese
grandioso Dios, a quien el cristiano llama Padre.
En la contemplación de la Divinidad hay algo extraordinariamente
beneficioso para la mente.
Es un tema tan amplio que todos nuestros pensamientos se pierden en su
inmensidad; tan profundo, que nuestro orgullo se ahoga en su infinitud.
Nosotros podemos abarcar y enfrentar otros temas; en ellos sentimos una
especie de auto-satisfacción y proseguimos con nuestro camino
pensando:
"he aquí, yo soy sabio." Pero cuando nos aproximamos a esta
ciencia de
las ciencias y encontramos que nuestra plomada no puede medir su
profundidad y que nuestro ojo de águila no puede ver su altura,
nos
alejamos pensando que el hombre vano quisiera ser sabio, pero que es
como un burrito salvaje y entonces exclama solemnemente: "soy de ayer y
no sé nada." Ningún tema de contemplación
tenderá a humillar la mente
en mayor medida que los pensamientos de Dios. Nos veremos a obligados a
sentir:
"¡Gran Dios, cuán infinito eres Tú,
Y nosotros somos sólo unos gusanos sin valor!"
Pero si el tema
humilla la mente, también la
expande.
Aquel que piensa en Dios con frecuencia tendrá una mente
más grande que
el hombre que simplemente camina con pesadez alrededor de este globo
estrecho. Quizás se trate de un biólogo que hace alarde
de su habilidad
para hacer la disección de un escarabajo, estudiar la
anatomía de una
mosca o clasificar a los insectos y a los animales en grupos que tienen
nombres casi imposibles de pronunciar. Puede ser un geólogo,
capaz de
disertar sobre el megaterio y el plesiosauro y todos los demás
tipos de
animales en extinción. Él puede pensar que
independientemente de cuál
sea su ciencia, su mente se ve ennoblecida y engrandecida. Me atrevo a
decir que así es, pero después de todo, el estudio
más excelente para
ensanchar el alma es la ciencia de Cristo, y Cristo crucificado, y el
conocimiento de la Deidad en la gloriosa Trinidad.
Nada hay que pueda desarrollar tanto el intelecto, nada hay que
engrandezca tanto el alma del hombre como la investigación
devota,
sincera y continua del grandioso tema de la Deidad. Y mientras humilla
y ensancha, este tema es eminentemente
consolador.
¡Oh, en la contemplación de Cristo hay un ungüento
para cada herida! En
la meditación sobre el Padre, hay descanso para cada
aflicción y en la
influencia del Espíritu Santo hay un bálsamo para cada
llaga. ¿Quieres
liberarte de tus penas? ¿Quieres ahogar tus preocupaciones?
Entonces ve
y lánzate a lo más profundo del mar de la Deidad;
piérdete en su
inmensidad. Y saldrás de allí como cuando te levantas de
un lecho de
descanso, renovado y lleno de vigor.
No conozco nada que pueda consolar tanto al alma, que calme a las
creciente olas de dolor y tristeza, que hable de tanta paz a los
vientos de las pruebas, como una devota reflexión sobre el tema
de la
Deidad. Invito a todos a considerar este tema esta mañana. Les
voy a
presentar una sola perspectiva, y es la
inmutabilidad
del glorioso Jehová. "Porque yo," dice mi texto,
"Jehová," (así debe
ser traducido) "Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de
Jacob,
no habéis sido consumidos."
Tenemos tres puntos sobre los que vamos a reflexionar. Primero que
nada, un Dios
que no cambia. En segundo lugar, las
personas
que se benefician de este glorioso atributo, "los hijos de Jacob." Y en
tercer lugar, el
beneficio que obtienen, "no habéis sido
consumidos." Vamos a tratar ahora estos puntos.
I. Primero que nada, tenemos ante nosotros la doctrina de LA
INMUTABILIDAD DE DIOS. "Porque yo Jehová no cambio." Voy a
tratar de
explicar o más bien ampliar el pensamiento y luego presentar
unos pocos
argumentos para demostrar su verdad.
1. Para ofrecerles una exposición de mi texto, primero
voy a decirles que Dios es Jehová y que Él no cambia en
Su
esencia.
No podemos decirles qué es la Deidad. No sabemos qué
sustancia es esa
que llamamos Dios. Es una existencia, es un Ser. Pero no sabemos
qué es
eso. Sin embargo, cualquier cosa que eso sea, nosotros la llamamos Su
esencia y esa esencia nunca cambia. La sustancia de las cosas mortales
siempre está cambiando. Las montañas cubiertas de coronas
de blanca
nieve se deshacen de sus viejas diademas durante el verano, en
ríos que
se deslizan por sus costados, mientras la nube de tormenta les da una
nueva corona. El océano, con sus poderosas corrientes, pierde
agua
cuando los rayos del sol besan las olas que disuelven en una espuma que
se eleva al cielo. Aun el propio sol requiere de combustible fresco de
la mano de Infinito Todopoderoso para alimentar su horno ardiente.
Todas las criaturas cambian. El hombre, especialmente en lo relacionado
a su cuerpo, siempre está experimentando una revolución.
Muy
probablemente no hay una sola partícula en mi cuerpo que haya
estado
allí hace unos pocos años. Esta estructura ha sido
desgastada por la
actividad, sus átomos eliminados por la fricción,
partículas frescas de
materia se han acumulado constantemente en mi cuerpo y así ha
sido
renovado. Su sustancia ha cambiado. Este mundo está hecho de un
material que siempre está discurriendo como un arroyo. Unas
gotas están
huyendo mientras otras las están persiguiendo, manteniendo
siempre
lleno el arroyo, pero siempre cambiando en cuanto a sus elementos.
Pero Dios es perpetuamente el mismo. No está hecho de ninguna
sustancia
o material, sino que es puro espíritu, un espíritu
esencial y etéreo y
por tanto Él es inmutable. Él permanece por siempre el
mismo. No hay
arrugas en Su frente eterna. La edad no lo ha debilitado ni los
años lo
han marcado con los recuerdos de su vuelo. Él ve que pasan las
edades,
pero en lo que a Él concierne, es siempre
ahora.
Él es el gran Yo Soy, el Gran Inmutable. Observen que Su esencia
no
sufrió un cambio cuando se unió con la naturaleza humana.
Cuando Cristo
en años pasados Se vistió con un cuerpo mortal, la
esencia de Su
divinidad no fue cambiada. La carne no se volvió Dios, ni Dios
se
volvió carne por medio de un cambio real de naturaleza.
Las dos naturalezas fueron unidas en una unión
hipostática, pero la
Deidad permaneció siendo la misma. Era la misma cuando Él
era un bebé
en el pesebre, como era la misma cuando extendió las cortinas
del
cielo. Era el mismo Dios que colgó de la Cruz y cuya sangre se
derramó
en un torrente púrpura. El mismo Dios que sostiene al mundo
sobre Sus
sempiternos hombros, sostiene en Sus manos las llaves de la muerte y
del infierno. Nunca ha sufrido cambios en Su esencia, ni siquiera en Su
encarnación. Él permanece para siempre, eternamente, como
el único Dios
inmutable, el Padre de las luces, en Quien no hay variabilidad, ni
siquiera la sombra de un cambio.
2. Él no cambia en Sus
atributos. Cualesquiera
que
hayan sido los atributos de Dios en el pasado, son los mismos atributos
ahora. Y podemos cantar acerca de cada uno de ellos: Como era en el
principio, es ahora y será por siempre, mundo sin
término, Amén. ¿Era
Él
poderoso? ¿Era Él el poderoso Dios
cuando con Su voz mandó que se hiciera el mundo desde el vientre
de la no-existencia? ¿Era Él el
omnipotente
cuando encumbró las montañas y excavó las cavernas
del profundo océano?
Sí, era poderoso entonces y Su brazo no está débil
ahora. Él es el
mismo gigante con todo Su poder. La savia de Su alimento aún
está
húmeda y la fortaleza de Su alma permanece firme para siempre.
¿Era Él sabio cuando constituyó este poderoso
globo, cuando puso los cimientos del universo? ¿Tenía
sabiduría
cuando planeó el camino de nuestra salvación y cuando
desde toda la
eternidad Él diseñó Sus tremendos planes?
Sí, y Él es sabio ahora. Él
no es menos hábil, Él no tiene un menor conocimiento. Sus
ojos que ven
todas las cosas no se han debilitado. Sus oídos que oyen todas
las
exclamaciones, suspiros, sollozos y gemidos de Su pueblo, no se han
endurecido con los años que Él ha escuchado todas sus
plegarias. Él es
inmutable en Su sabiduría. Sabe tanto ahora como siempre, ni
más ni
menos. Tiene la misma habilidad consumada, y la misma previsión
infinita.
Él es inmutable, bendito sea su nombre, en su
justicia.
Justo y santo fue Él en el pasado. Justo y santo es Él
ahora. Él es inmutable en Su
verdad. Él lo ha
prometido y Su promesa se ha convertido en realidad. Él lo ha
dicho, y se hará. Él no cambia en la
bondad
y generosidad y benevolencia de Su naturaleza. No se ha convertido en
un tirano Todopoderoso después de haber sido un Padre
Todopoderoso. Su
amor poderoso permanece firme como una roca de granito, inconmovible
ante los huracanes de nuestra iniquidad. Y bendito sea Su amado nombre,
Él es inmutable en Su
amor. Cuando al principio
escribió su
Pacto, cuán lleno de afecto estaba Su corazón hacia Su
pueblo. Sabía
que su Hijo debía morir para ratificar los artículos de
ese acuerdo.
Sabía muy bien que debía arrancar de Sus entrañas
a Su bienamado para
enviarlo a la tierra para se desangrara y muriera.
No dudó en firmar ese poderoso pacto. Ni se evadió de su
cumplimiento.
Él ama tanto ahora como amó entonces. Y cuando los soles
dejen de
brillar y las lunas cesen de mostrar su tenue luz, Él
todavía amará por
toda la eternidad. Tomen cualquier atributo de Dios, y yo voy a
escribir
semper idem
sobre ese atributo, es decir, siempre igual. Tomen cualquier cosa que
puedan decir de Dios ahora, y esto puede decirse no solamente en el
oscuro pasado sino que también en el brillante futuro. Siempre
será lo
mismo: "Porque yo Jehová no cambio."
3. De la misma manera, Dios es inmutable en Sus planes. Ese
hombre comenzó a construir, pero no tuvo la capacidad de
terminar, y
por lo tanto cambió su plan, al igual que lo haría
cualquier hombre
sabio en su misma situación. Entonces procedió a
construir sobre un
cimiento menor y recomenzó su obra. Pero ¿acaso se ha
dicho alguna vez
que Dios comenzó a construir pero no tuvo la capacidad de
terminar? De
ningún modo. Teniendo recursos sin límites a Su plena
disposición, y
cuando Su propia diestra podría crear mundos tan numerosos como
las
gotas del rocío matutino, ¿se detendrá alguna vez
porque no tiene
poder? ¿Acaso tendría que invertir, alterar o descomponer
Su plan,
porque no lo puede llevar a cabo?
"Pero," dirá alguno, "tal vez Dios nunca tuvo un plan."
¿Piensas que
Dios es más insensato que tú, amigo? ¿Te pones a
trabajar sin un plan?
"No," dices tú, "siempre tengo un esquema." También Dios.
Todo hombre
tiene su plan, y Dios también tiene un plan. Dios es una mente
maestra;
Él planeó todo en Su gigantesco intelecto mucho antes de
hacerlo, y una
vez establecido el plan, observen bien, Él nunca lo modifica.
"Esto se
hará," dijo Él, y la mano de hierro del destino tomo nota
y esto se
realiza. "Este es mi propósito," y permanece firme, y ni el
cielo ni la
tierra pueden alterarlo. "Este es mi decreto," dice Él,
promulgado por
los ángeles. Aunque los demonios traten de arrancarlo de las
puertas
del cielo, no podrán alterar el decreto; este se cumplirá.
Dios no altera sus planes. ¿Por qué habría de
hacerlo? Él es
Todopoderoso, y por lo tanto puede realizar Su deseo. ¿Por
qué habría
de alterar Sus planes? Él lo sabe todo, y por lo tanto no se
puede
equivocar en Sus planes. ¿Por qué habría de
alterarlos? Él es el Dios
eterno, y por lo tanto no puede morir antes que Su plan se lleve a
cabo. ¿Por qué habría de cambiar? ¡Ustedes
átomos de existencia sin
ningún valor, cosas efímeras de un día!
¡Ustedes insectos que se
arrastran sobre la hoja del laurel de la existencia! Ustedes pueden
cambiar sus planes, pero Él nunca, nunca cambia los suyos.
Puesto que
Él me ha dicho que Su plan es salvarme, por eso, yo soy salvo.
"Mi nombre de la
palma de Su mano
La eternidad no podrá borrar;
Impreso en Su corazón permanece,
Con la marca de la gracia indeleble."
4. De la misma manera Dios es inmutable en Sus
promesas.
¡Ah! nos agrada hablar acerca de las dulces promesas de Dios;
pero si
pudiéramos suponer alguna vez que una de ellas pudiera cambiar,
no las
volveríamos a mencionar más. Si yo pensara que los
cheques del Banco de
Inglaterra no se pudieran cambiar la semana entrante, no
aceptaría
recibir un cheque. Y si yo pensara que las promesas de Dios no se van a
cumplir, si yo pensara que Dios no tendría ningún
problema en alterar
alguna palabra de Sus promesas, ¡entonces adiós a las
Escrituras! Yo
necesito cosas inmutables: y encuentro que tengo promesas inmutables
cuando abro la Biblia y leo: "para que por dos cosas inmutables, en las
cuales es imposible que Dios mienta," Él ha firmado, confirmado,
y
sellado cada una de Sus promesas.
El Evangelio no es "sí y no," no es prometer algo hoy y negarlo
mañana.
El Evangelio es "sí, sí," para gloria de Dios.
¡Creyente! Hubo una
promesa muy motivadora que recibiste ayer; y esta mañana cuando
abriste
tu Biblia la promesa no era dulce. ¿Sabes por qué?
¿Piensas que la
promesa cambió? ¡Ah, no!
Tú
cambiaste. Ese es el problema. Te habías estado comiendo algunas
uvas
de Sodoma y tu boca no tenía la capacidad de saborear
adecuadamente lo
espiritual y no pudiste detectar la dulzura. Pero la misma miel estaba
allí, puedes estar seguro de ello, la misma esencia preciosa.
"¡Oh!"
dice un hijo de Dios: "yo una vez construí mi casa firmemente
sobre
algunas promesas estables; vino un viento y yo dije: Oh Señor,
estoy
abatido y estaré perdido."
¡Oh! las promesas no fueron abatidas; los cimientos están
allí; fue tu
pequeña cabaña de "madera, heno, hojarasca" que tú
habías estado
construyendo. Fue eso lo que se cayó.
Tú eres el
que has sido sacudido estando
sobre la roca, no la roca que
está
debajo
de ti. Pero déjame decirte cuál es la mejor manera de
vivir en el
mundo. He escuchado que un caballero le dijo a un hombre de piel negra:
"no puedo entender cómo tú siempre estás tan
contento en el Señor,
mientras yo estoy a menudo deprimido."
"Pues bien, mi amo," dijo él, "me tiendo completamente sobre la
promesa; allí permanezco. En cambio usted está de pie
sobre la promesa,
si el equilibrio es débil, y si sopla el viento, usted se cae y
luego
exclama '¡Oh! me he caído;' en cambio yo me tiendo
enteramente sobre la
promesa desde el principio y es por eso que no temo caer."
Entonces siempre debemos decir: "Señor, allí está
la promesa; te
corresponde a Ti cumplirla." ¡Yo me tiendo enteramente sobre la
promesa! No debo permanecer de pie. Eso es lo que tú
deberías hacer:
postrarte sobre la promesa. Y recuerda, cada promesa es una roca, una
cosa inmutable. Por lo tanto, arrójate a Sus pies, y descansa
allí para
siempre.
5. Pero ahora viene una nota discordante para arruinar el tema.
Para algunos de ustedes Dios es inmutable en Sus
amenazas.
Si cada promesa se mantiene firme, y cada juramento del pacto se
cumple, ¡escucha tú, pecador! Pon atención a la
palabra. Oye los
tañidos fúnebres de tus esperanzas carnales. Observa el
funeral de tus
confianzas en la carne. Cada amenaza de Dios, así como cada una
de Sus
promesas se cumplirá. ¡Hablemos de decretos! Te
diré un decreto: "Mas
el que no creyere, será condenado." Ese es un decreto, y un
estatuto
que nunca puede cambiar. Puedes ser tan bueno como quieras, ser tan
moral como puedas, ser tan honesto como desees, caminar tan derecho
como puedas. Sin embargo, allí está la amenaza inmutable:
"Mas el que
no creyere,
será condenado."
¿Qué dices a eso, Moralista? Oh, quisieras poder
alterarlo y decir:
"Aquel que no viva una vida santa será condenado." Eso va a ser
cierto;
pero no es lo que dice. Dice: "El que no creyere." Aquí
está la piedra
de tropiezo y la roca que hace caer; pero eso no lo puedes alterar.
Debes creer o ser condenado, dice la Biblia; y fíjate bien, esa
amenaza
de Dios es tan inmutable como Dios mismo. Y cuando hayan transcurrido
mil años de tormentos en el infierno, mirarás a lo alto y
verás escrito
en letras ardientes de fuego: "Mas el que no creyere, será
condenado."
"Pero, Señor, yo
soy un condenado." Sin embargo dice "
será"
aún. Y cuando un millón de edades se hayan desplegado, y
estés exhausto
en medio de tus dolores y agonías, volverás tus ojos
hacia lo alto y
todavía leerás "SERÁ CONDENADO." Este decreto es
inmutable,
inalterable. Y cuando tú habrás podido pensar que la
eternidad ya ha
tejido su último hilo, que cada partícula de eso que
nosotros llamamos
eternidad, deberá haberse extinguido, tú todavía
verás escrito allá
arriba: "SERÁ CONDENADO." ¡Oh, qué terrible
pensamiento! ¿Cómo me
atrevo a decirlo? Pero debo hacerlo. Ustedes deben ser advertidos,
señores, "para que no vayan ustedes también a este lugar
de tormento."
Se le debe decir cosas ásperas a ustedes; pues si el Evangelio
de Dios
no es una cosa áspera, la ley es una cosa áspera; el
Monte Sinaí es una
cosa áspera. ¡Ay del atalaya que no amoneste al
impío! Dios es
inmutable en sus amenazas. Ten mucho cuidado, oh pecador, pues
"¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
6. Debemos sugerir otro pensamiento antes de proseguir, y es:
Dios no cambia
en los objetos de su amor. Es inmutable no
solamente en Su amor, sino en los
objetos de su amor.
"Si alguna vez sucediera,
Que alguna oveja de Cristo se perdiera,
Ay, mi alma débil y voluble,
Se perdería mil veces al día."
Si un amado santo de Dios pereciera, todos lo harían; si alguien
bajo
el pacto se perdiera, todos podrían hacerlo, y entonces la
promesa del
Evangelio no sería verdadera. La Biblia sería una mentira
y no habría
nada en ella digno de mi aceptación. Yo me convertiría en
un infiel de
inmediato, si pudiera creer que un santo de Dios pudiera perderse para
siempre al fin. Si Dios me ha amado una vez, entonces Él me
amará para
siempre.
"Si Jesús brilló sobre mí una vez,
Entonces Jesús es para siempre mío."
Los objetos de un amor eterno nunca cambian. A quienes Dios ha llamado,
los ha de justificar; a quienes ha justificado, los ha de santificar; y
a quien Él santifica, los ha de glorificar.
I. Así, habiendo dedicado mucho tiempo, tal vez, para
simplemente explicar el concepto de un Dios inmutable, voy a tratar de
demostrar ahora que
Él no es cambiable. Yo no soy un
predicador argumentativo, pero voy a mencionar un argumento que es:
la
misma existencia, y el ser de Dios, me parece a mí que implican
inmutabilidad.
Permítanme reflexionar por un momento. Hay un Dios. Este Dios
rige y
gobierna todas las cosas; este Dios creó el mundo y Él lo
sostiene y lo
mantiene. ¿Cómo será este Dios? Me parece
ciertamente que no podemos
pensar en un Dios mutable. Concibo que el pensamiento es tan repugnante
al sentido común, que si nosotros pensamos por un momento en un
Dios
que cambia, las palabras parecen chocar entre sí, y estamos
obligados a
decir: "Entonces debe ser un tipo de hombre," y llegar a la idea de un
Dios de la misma manera que lo han hecho los Mormones.
Me imagino que es imposible concebir a un Dios cambiante. Al menos lo
es para mí. Otros podrán ser capaces de pensar eso, por
yo no podría
considerarlo ni por un momento. Yo no podría pensar que Dios es
mutable, de la misma manera que no me puedo imaginar a un cuadrado
redondo o ninguna otra cosa absurda por el estilo. Ese concepto de un
Dios cambiante es tan contradictorio, que estoy obligado a incluir la
idea de un ser inmutable tan pronto digo Dios.
2. Bien, pienso que un argumento será suficiente, pero
podemos encontrar otro argumento en el hecho de la
perfección
de Dios.
Creo que Dios es un Ser perfecto. Entonces, si Él es un Ser
perfecto,
Él no puede cambiar. ¿Pueden ver esto? Supongan que yo
soy perfecto
hoy. Si fuera posible que yo cambiara, ¿sería yo perfecto
mañana
después de la alteración? Si yo cambié,
debí haber cambiado de un
estado bueno a uno mejor. Y entonces, si puedo mejorar, no puedo ser
perfecto
ahora. O también pude haber cambiado de un
estado mejor a uno peor, y si estuviera en una peor condición no
hubiera sido perfecto al
principio.
Si soy perfecto, no puedo ser alterado y no volverme imperfecto. Si soy
perfecto hoy, me debo mantener igual mañana si voy a mantener mi
perfección. Así, si Dios es perfecto, Él debe ser
el mismo; pues el
cambio implicaría imperfección ahora, o
imperfección después.
3. También está el hecho de la
infinitud de
Dios, que
elimina completamente el concepto de cambio. Dios es un Ser infinito.
¿Qué significa eso? No existe un hombre que te pueda
decir lo que
entiende por un ser infinito. Pero no puede haber dos infinitos. Si una
cosa es infinita, no hay espacio para nada más, pues infinito
quiere
decir todo. Quiere decir sin límites, no finito, que no tiene
fin.
Bien, no puede haber dos infinitos. Si Dios es infinito hoy, y
después
cambiara y siguiera siendo infinito, habría dos infinitos. Pero
eso no
puede ser. Supongamos que es infinito y después cambia. Entonces
debe
volverse finito, y no podría ser Dios. O Él es finito hoy
y finito
mañana, o es infinito hoy y finito mañana, o finito hoy e
infinito
mañana. Todas estas suposiciones son igualmente absurdas. El
hecho de
que Él es infinito de inmediato sofoca el pensamiento de que
Él es un
ser cambiable. La palabra "inmutabilidad" está escrita sobre la
propia
frente de la infinitud.
4. Ahora, queridos amigos, miremos
al pasado: y
allí
vamos a recoger algunas evidencias de la naturaleza inmutable de Dios.
¿Ha hablado Jehová y no lo ha cumplido? ¿Lo ha
jurado y no ha sucedido?
¿Acaso no puede decirse de Jehová: Él ha hecho
toda Su voluntad y ha
cumplido todo su propósito? Miren a las ciudades de los
filisteos. Dios
dijo "Lamenta Asdod, y ustedes puertas de Gaza, pues ustedes
serán
derribadas;" y ¿dónde están ahora?
¿Dónde está Edom? Pregunten a Petra
y a sus murallas en ruinas. ¿Acaso su eco no repetirá la
verdad que
Dios ha dicho: "Edom será una presa y será destruido?
¿Dónde está
Babel, y dónde está Nínive? ¿Dónde
Moab y dónde Amón? ¿Dónde están las
naciones que Dios dijo que destruiría? ¿Acaso Dios no las
ha arrancado
de raíz y las ha arrojado lejos del recuerdo de los que habitan
en la
tierra? ¿Y acaso Dios ha echado fuera a Su pueblo?
¿Alguna vez se ha
olvidado de Su promesa? ¿Alguna vez no ha cumplido Su juramento
o Su
pacto, o se ha apartado alguna vez de Su plan? ¡Ah, no!
¡Señalen alguna
instancia en la historia en la que Dios haya cambiado! No podrán
hacerlo, señores; pues a través de toda la historia
resalta el hecho
que Dios ha sido inmutable en Sus propósitos. Me parece que oigo
que
alguien dice: "¡yo puedo recordar un pasaje de la Escritura donde
Dios
cambió!" Y yo mismo pensé eso una vez. El caso al que me
refiero es ese
de la muerte de Ezequias.
Isaías entró y dijo: "Ezequías, tú vas a
morir, tu enfermedad es
incurable, ordena tu casa." Él volvió su rostro a la
pared y comenzó a
orar. Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, se le
ordenó
que regresara y le dijera: "vas a vivir quince años más."
Ustedes
podrían pensar que eso demuestra que Dios cambia. Pero yo no
puedo ver
en el relato la menor prueba de cambio que pueda existir.
¿Cómo sabes
que Dios no conocía eso? ¡Oh! Dios sí lo
sabía. Él sabía que Ezequías
viviría. Por tanto Él no cambió, pues si Él
sabía eso, ¿cómo podía
cambiar? Eso es lo que yo quisiera saber.
Pero, ¿conoces un pequeño detalle? Que el hijo de
Ezequías, Manasés, no
había nacido entonces, y que si Ezequías hubiera muerto,
no hubiera
existido Manasés, y no hubiera existido Josías, ni
tampoco Cristo,
porque Cristo vino precisamente de ese linaje. Ustedes podrán
comprobar
que Manasés tenía doce años cuando su padre
murió, de tal manera que
debió haber nacido tres años después de estos
hechos. ¿Y no creen
ustedes que Dios había decretado el nacimiento de
Manasés, y lo conocía
de antemano? Ciertamente. Entonces, Él decretó que
Isaías fuera y le
dijera a Ezequías que su enfermedad era incurable, y que
después le
dijera, en el mismo aliento, "he aquí que Yo te sano y tú
vivirás." Él
dijo eso para incitar a Ezequías a la oración.
Habló, en primer lugar
como hombre: "De acuerdo a las probabilidades humanas tu enfermedad es
incurable, y te vas a morir." Después esperó hasta que
Ezequías oró; y
luego vino un pequeño "pero" al final de la frase. Isaías
no había
terminado la frase. Él dijo: "Debes ordenar tu casa pues no hay
humana
cura; pero" (y después salió. Ezequías oró
un poco, y después entró de
nuevo y dijo) "
Pero
he aquí que yo te sano." ¿Acaso hay alguna
contradicción allí, excepto
en el cerebro de quienes luchan contra el Señor, y desean
convertirlo
en un ser cambiante.
II. Ahora en segundo lugar, permítanme decir una palabra
sobre
LAS PERSONAS PARA QUIENES ESTE DIOS INMUTABLE ES UN BENEFICIO. "Porque
yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis
sido
consumidos." Entonces, ¿quiénes son "los hijos de Jacob,"
que pueden
gozarse en un Dios inmutable?
1. En primer lugar, son los
hijos de la elección de
Dios;
pues está escrito, "A Jacob amé, mas a Esaú
aborrecí; pues no habían
aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal."
Está escrito: "El
mayor servirá al menor." "Los hijos de Jacob"
"Son los hijos de la elección de Dios,
Que por gracia soberana son creyentes;
Por un eterno designio
Ellos reciben gracia y gloria."
"Los hijos de Jacob" son los elegidos de Dios. Son los que Él
conoció de antemano y ordenó de antemano para
salvación eterna.
2. "Los hijos de Jacob" quiere decir, en segundo lugar,
personas
que gozan derechos y títulos especiales.
Jacob, ustedes saben, no tenía derechos por nacimiento; pero
él pronto
los adquirió. Él cambió un guisado lentejas con su
hermano Esaú, y así
ganó la primogenitura. Yo no justifico los medios; pero
él también
obtuvo la bendición, y así adquirió derechos
especiales. "Los hijos de
Jacob" quiere decir personas que poseen derechos y títulos
especiales.
A los que creen, Él les dio la potestad y el derecho de ser
hechos
hijos de Dios. Ellos tienen un interés en la sangre de Cristo.
Ellos
tienen un derecho "para entrar por las puertas en la ciudad." Tienen un
título para recibir honores eternos. Poseen una promesa de
gloria
eterna. Tienen un derecho de llamarse hijos de Dios. ¡Oh! Hay
derechos
y privilegios especiales que pertenecen a los "hijos de Jacob."
3. Luego, a continuación, estos "hijos de Jacob" eran
hombres
de manifestaciones especiales.
Jacob había tenido manifestaciones muy especiales de su Dios, y
así
había sido honrado grandemente. Una vez, una noche se
acostó y durmió;
tenía los setos del camino por cortinas, y el cielo por su
pabellón,
una piedra por almohada, y la tierra por cama. ¡Oh! Entonces
él tuvo
una manifestación peculiar. Había una escalera y
él vio a los ángeles
de Dios que ascendían y descendían. Así tuvo una
manifestación de
Cristo Jesús, como la escalera que llega de la tierra hasta el
cielo, y
los ángeles subían y bajaban trayéndonos
misericordias. Posteriormente,
qué manifestación tuvo lugar en Mahanaim, cuando los
ángeles de Dios se
encontraron con él. Y también en Peniel, donde
luchó con Dios, y vio a
Dios cara a cara. Esas fueron manifestaciones especiales. Y este pasaje
se refiere a aquellos que, como Jacob, han tenido manifestaciones
peculiares.
Ahora, ¿cuántos de ustedes han tenido manifestaciones
personales?
"¡Oh!" dicen "eso es entusiasmo; eso es fanatismo." Bien, es un
bendito
entusiasmo, también, pues los hijos de Jacob han tenido
manifestaciones
peculiares. Han hablado con Dios como un hombre habla con su amigo. Han
susurrado al oído de Jehová. Cristo ha estado con ellos
para cenar con
ellos, y ellos con Cristo. Y el Espíritu Santo ha iluminado sus
almas
con un poderoso brillo radiante, de tal manera que no podían
tener
dudas acerca de esas manifestaciones especiales. Los "hijos de Jacob"
son los hombres que gozan de estas manifestaciones.
4. Asimismo, son
hombres de pruebas muy especiales.
¡Ah! ¡Pobre Jacob! Yo no elegiría la suerte de Jacob
si no tuviera la
expectativa de la bendición de Jacob, pues su suerte fue muy
difícil.
Tuvo que huir de la casa de su padre, llegando a la casa de
Labán. Y
luego ese viejo y rudo Labán lo engañó todos los
años que permaneció
allí. Lo engañó con lo relacionado con su esposa,
lo engañó en materia
de sueldos, lo engañó con los rebaños, y lo
engañó a lo largo de su
historia. Eventualmente tuvo que huir de Labán, quien lo
persiguió
dándole alcance.
Enseguida vino Esaú con cuatrocientos hombres para vengarse y
descuartizarlo. Después siguió un espacio de
oración, y después Jacob
luchó y tuvo que seguir el resto de su vida con el hueso de su
cadera
dislocado. Pero un poco más adelante, Raquel, su amada,
murió. Después
su hija es llevada a descarriarse y los hijos asesinan a los de Siquem.
Muy pronto su amado hijo José es vendido y llevado a Egipto, y
viene la
hambruna. Después Rubén se sube al lecho de Jacob y lo
contamina. Judá
comete incesto con su propia nuera. Todos sus hijos se convierten en
una plaga para Jacob. Finalmente Benjamín es llevado lejos. Y el
viejo
Jacob, con su corazón quebrantado, exclama: "José no
parece, ni Simeón
tampoco, y a Benjamín le llevaréis." Nunca algún
hombre sufrió más
tribulaciones que Jacob, todo a causa del pecado de engañar a su
hermano.
Dios lo disciplinó a lo largo de toda su vida. Pero creo que hay
muchos
que pueden sentir simpatía por el querido anciano Jacob. Han
tenido que
sufrir pruebas tal como él. ¡Bien, todos ustedes que
llevan una cruz!
Dios dice: "Yo no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis
sido
consumidos." ¡Pobres almas atribuladas! Ustedes no son consumidas
a
causa de la naturaleza inmutable de su Dios. Ahora, no vayan por
ahí
inquietas diciendo, con el orgullo que proporciona la miseria "yo soy
el hombre que ha conocido la aflicción." Ciertamente "el
Varón de
Dolores" fue afligido mucho más que ustedes. Jesús fue
ciertamente un
hombre que conoció las aflicciones. Tú, en cambio,
sólo ves las faldas
de los vestidos de la aflicción. Nunca has tenido pruebas como
las de
Él. Tú no entiendes lo que significan los problemas.
Tú apenas has dado
unos sorbos a la copa de problemas. Sólo has sorbido una gota o
dos,
pero Jesús apuró la copa hasta las heces. No teman dice
Dios: "Porque
yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob," hombres de
pruebas
peculiares, "no habéis sido consumidos."
5. Y ahora un pensamiento acerca de quiénes son los
"hijos de
Jacob," pues yo quisiera que ustedes averigüen si ustedes mismos
son
"hijos de Jacob." Ellos son
hombres de un carácter muy
especial.
Si bien es cierto que en el carácter de Jacob hubo ciertas cosas
que no
podemos alabar, hay una o dos cosas que Dios alaba. Allí estaba
la fe
de Jacob, gracias a la cual Jacob calificó para que su nombre
fuera
escrito entre los nombres de ilustres hombres poderosos que no
recibieron lo prometido en la tierra, pero lo obtendrán en el
cielo.
¿Son ustedes hombres de fe, amados hermanos? ¿Saben
ustedes lo que es
caminar por fe, obtener su alimento temporal por fe, depender del
maná
espiritual para vivir, todo esto por fe? ¿La fe gobierna sus
vidas? Si
así es, ustedes son "hijos de Jacob."
Continuando, Jacob era un hombre de oración, un hombre que
luchaba y
que gemía y que oraba. Por allá veo a un hombre que no
oró antes de
venir a la casa de Dios. ¡Ah! Tú pobre pagano,
¿acaso tú no oras? ¡No!
responde él "no se me ocurrió tal cosa; durante
años no he orado."
Bien, espero que lo hagas antes de que mueras. Si vives y mueres sin
oración, tendrás mucho tiempo para orar cuando llegues al
infierno. Veo
allá a una mujer: ella tampoco oró esta mañana;
estuvo tan ocupada
arreglando a sus hijos para que fueran a la escuela dominical, que no
tuvo tiempo de orar. ¿No tuviste tiempo de orar? ¿Tuviste
tiempo para
vestirte? Hay un tiempo para cada propósito bajo el cielo, y si
te
hubieras propuesto orar, hubieras orado.
Los hijos de Jacob no pueden vivir sin oración. Son luchadores
como
Jacob. Son hombres en los que el Espíritu Santo obra de tal
manera que
ya no pueden vivir sin oración, como yo no puedo vivir sin
respirar.
Ellos deben orar. Señores, presten mucha atención, si
ustedes están
viviendo sin oración, ustedes están viviendo sin Cristo.
Y si mueren
así, su porción será en el lago que arde con
fuego. ¡Que Dios los
redima, que Dios los rescate de una suerte tal! Pero ustedes son los
"hijos de Jacob," estén tranquilos, pues Dios es inmutable.
III. En tercer lugar, me queda tiempo para decir sólo una
palabra acerca de otro punto: EL BENEFICIO QUE RECIBEN ESTOS "HIJOS DE
JACOB" DE UN DIOS QUE NO CAMBIA. "Por esto, hijos de Jacob, no
habéis
sido consumidos." "¿Consumidos?" ¿Cómo?
¿Cómo puede ser consumido un
hombre? Pues, hay dos formas. Podríamos haber sido consumidos en
el
infierno. Si Dios hubiera sido un Dios cambiante, los "hijos de Jacob"
que están aquí esta mañana, podrían haber
sido consumidos en el
infierno. Si no fuera por el amor inmutable de Dios yo debería
haber
sido una gavilla de heno en el fuego. Pero hay una forma de ser
consumido en este mundo. Existe tal cosa como ser condenado antes de
morir: "será condenado." Existe tal cosa como estar vivo, pero
sin
embargo estar absolutamente muerto. Pudimos haber sido abandonados a
nuestros propios medios. Y entonces, ¿adónde
estaríamos ahora?
Parrandeando con el borracho, blasfemando contra el Dios Todopoderoso.
¿Oh? Si Él te hubiera dejado, amado hermano, si Él
hubiera sido un Dios
que cambia, tú estarías entre los más inmundos de
los inmundos, y entre
los más viles de los viles.
¿Acaso no puedes recordar en tu vida temporadas similares a las
que yo
he sentido? He ido directo hasta llegar a los límites del
pecado;
alguna tentación muy fuerte me ha tomado de mis dos brazos, de
tal
forma que no podía luchar con ella. He sido empujado, arrastrado
por un
terrible poder satánico hasta el propio borde de algún
hórrido
precipicio. He mirado hacia abajo, abajo, abajo, y he visto mi
porción.
Me he estremecido al borde la ruina. Me he horrorizado con mis cabellos
de punta, al pensar en el pecado que he estado a punto de cometer, el
horrible hoyo en el que he estado a punto de caer. Un brazo poderoso me
ha salvado. Me he replegado exclamando ¡Oh Dios!
¿Cómo pude acercarme
tanto al pecado y sin embargo he podido evitarlo? ¿Cómo
pude haber
caminado directo al horno y no haber caído, como los hombres
vigorosos
de Nabucodonosor, que fueron devorados por la llama del fuego?
¡Oh! ¿Es
posible que yo esté aquí esta mañana, cuando
pienso en los pecados que
he cometido, y en los crímenes que han pasado por mi perversa
imaginación? Sí, yo estoy aquí, sin ser consumido,
Porque el Señor no
cambia.
¡Oh! Si Él hubiera cambiado, ya habríamos sido
consumidos en una docena
de formas. Si el Señor hubiera cambiado, tú y yo
deberíamos haber sido
consumidos por nosotros mismos; pues, después de todo, el
señor Yo es
el peor enemigo que tiene el cristiano. Ya habríamos demostrado
que
somos suicidas de nuestra propia alma. Ya habríamos preparado la
copa
del veneno para nuestros propios espíritus, si el Señor
no fuera un
Dios que no cambia, que arrojó la copa lejos de nuestras manos
cuando
estábamos listos para tomar el veneno.
También ya hubiéramos sido consumidos por el propio Dios
si no fuera un
Dios inmutable. Llamamos a Dios, Padre. Pero no hay ningún padre
en
este mundo que no hubiera matado a todos sus hijos hace mucho tiempo,
harto de la provocación con que lo hostigaban, si hubiera
recibido la
mitad de los problemas que Dios ha recibido de Su familia. Dios tiene
la familia más problemática de todo el mundo:
incrédulos,
desagradecidos, desobedientes, olvidadizos, rebeldes, descarriados,
murmuradores y de dura cerviz. Qué bueno que Él es
misericordioso, pues
de lo contrario ya hubiera tomado no solamente la vara, sino la espada
contra algunos de nosotros desde hace mucho tiempo.
Pero no había nada en nosotros que pudiera ser amado al
principio, así
que no puede haber menos ahora. John Newton solía contar una
rara
historia, e invariablemente se reía al contarla, de una buena
mujer que
decía, para demostrar la doctrina de la Elección:
"¡Ah! señor, Dios
debe haberme amado antes de que yo naciera, pues de lo contrario no
habría visto nada en mí posteriormente que Él
pudiera amar." Estoy
seguro que eso es válido en mi caso, y cierto en relación
a la mayoría
del pueblo de Dios. Pues hay tan poco que amar en ellos después
que han
nacido, que si no los hubiera amado antes de nacer, no habría
visto
ninguna razón para elegirlos después.
Pero puesto que los amó sin obras, todavía los ama sin
obras. Puesto
que sus buenas obras no ganaron Su afecto, las malas obras no pueden
suprimir ese afecto. Puesto que la justicia de ellos no sirvió
de lazo
para Su amor, así la perversidad de ellos no puede cortar esos
lazos
dorados. Él los amó por Su pura gracia soberana, y los va
a amar aún.
Pero nosotros deberíamos haber sido consumidos por el diablo, y
por
nuestros enemigos; consumidos por el mundo, consumidos por nuestros
pecados, por nuestras pruebas, y en cientos de formas más, si
Dios
hubiera cambiado alguna vez.
Bien, se nos ha terminado el tiempo, y ya no me resta decir mucho.
Sólo
he tocado el tema de manera superficial. Ahora se los entrego a
ustedes. Que el Señor les ayude a ustedes "hijos de Jacob" a
llevar a
su casa esta porción de alimento. Digiéranlo bien y
aliméntense de él.
¡Que el Espíritu Santo aplique dulcemente las cosas
gloriosas que están
escritas! ¡Y que ustedes disfruten de "un banquete de manjares
suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y
de vinos
purificados!" Recuerden que Dios es el mismo, independientemente de lo
que se quite. Sus amigos pueden perder el afecto, sus ministros pueden
ser cambiados, todo puede cambiar. Excepto Dios. Sus hermanos pueden
cambiar y clasificarlos como viles: pero Dios de todas maneras los va a
amar.
Su situación en la vida puede cambiar, y pueden perder sus
propiedades.
Toda la vida de ustedes puede ser sacudida y se pueden volver
débiles y
enfermizos; todas las cosas pueden abandonarlos, pero hay un lugar
donde el cambio no puede poner su dedo; hay un nombre sobre el cual no
se puede escribir mutabilidad; hay un corazón que no sufre
alteraciones; ese corazón es el corazón de Dios: ese
nombre es Amor.
"Confía en
Él, nunca te va a engañar.
Aunque con dificultad creas en Él;
Él nunca, nunca te abandonará,
Ni permitirá que tú lo dejes."