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DIOS ESTÁ EN DONDE QUIERA:
"Empero ¿es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (1 Reyes 8:27); "¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia?" (Salmo 139:7); "¿Soy yo Dios de poco acá, dice Jehová, y no Dios de mucho ha?" (Jeremías 23:23).
Cada cosa material está en algún lugar en el universo. El sol tiene su lugar; la tierra también, y cada grano de aréna, y cada gota de agua. Las gotas de agua podrán perpetuamente cambiar su lugar, pero cada gota tiene su lugar por cada momento, a la exclusión de toda otra materia en el universo.
En nuestras concepciones de la mente humana también le asignamos su propio lugar a ella, aunque en una manera diferente. No le atribuímos longitud, anchura, e espesor como a un trozo de mármol, que puede ser medido por pies o pulgadas; pero la concebimos como presente en el cuerpo humano, con el cuál está conectado, y ausente de otro, con el cuál no está conectado. Las impresiones hechas sobre los órganos de sentido operan en cada mente que pertenece a su propio cuerpo; y operan por sus voliciones sobre los musculos de moción que pertenecen a ese cuerpo. En esta vista, concebimos de cada mente como presente en su propio cuerpo, y no en ningun otro lugar; y concebimos de cambiar el lugar de la mente, mientras continúa su conexión con el cuerpo, solo por un cambio en el lugar del cuerpo.
Cuando concebimos de seres espirituales finitos como los ángeles, les asignámos a cada uno algún lugar; porque su operación, aunque no confinada como de la mente humana a un cuerpo particular de materia, sin imbargo es limitado. Tal concepción se acuerda con la enseñanza de la Escritura, en la cuál los ángeles son representados como moviendose de lugar á lugar, para ejecutar la voluntad del Soberano de ellos. Así que el ángel vinó á Daniel (Daniel 9:21-23 - "Aquel varón Gabriel, al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me... dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración. Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela"), y á Pedro (Hechos 12:7-10 - "el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel; é hiriendo á Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente...Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme.Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, mas pensaba que veía visión... y luego el ángel se apartó de él"); y así que uno es presentado como volando por medio del cielo (Apocalípsis 14:6 - "Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo á los que moran en la tierra, y á toda nación y tribu y lengua y pueblo").
No debemos de concebir de la omnipresencia de Dios como si fuera de materia. Dijimos que el atmósfera está presente en cada parte de la superficie de la tierra; pero esto no es estrictamente de verdad. No es el entero, sino meramente una parte pequeña del atmósfera, que está presente en cada lugar; Dios es indivisible. No podemos decir, que una parte de su esencia está aquí, y una parte allá. Si esto fuera el modo de la omniprescenica de Dios en el espacio universal, él sería dividido infinitamente, y solo una parte infinitamente pequeña de él sería presente en cada lugar. No sería toda la deidad que toma conocimiento de nuestras acciones, y escucha nuestras peticiones. Esta noción es adverso a la piedad, y opuesto al sentido verdadero de la Escritura: "Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando á los malos y á los buenos" (Proverbios 15:3). "Los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos á sus oraciones" (1 Pedro 3:12).
Hay pasajes de Escritura que hablan de Dios removiendo de un lugar á otro; de su acercarse y de su apartarse; de él morando en el cielo, y de él acercandose á su pueblo, y tomando su morado con ellos. Estos son manifiestamente acomodaciones de lenguaje; así como cuando ojos o manos son atribuídos á él. Ellos se refieren á las manifestaciones de su presencia en sus varias obras, y dispensaciones, en las cuales tales cambios acontecen, como son apropiadamente e espresadas impresivamente por este lenguaje.
Cuando negamos una omnipresenica material de Dios, como si su esencia era dividida y difundida; y cuando mantenimos que toda la deidad está presente dondequiera por su energía y operación, no ha de ser entendido que negamos la omnipresencia esencial de Dios. En cualquier manera que su esencia está presente en dondequierea, está presente por dondequiera. Lo que el modo de su presencia es, no lo sabemos. No sabemos la esencia de la mente humana, ni el modo de su presencia en el cuerpo; mucho menos podemos comprender la esencia del Dios infinito, o el modo de su omnipresencia. Á esa propiedad incomprensible de su naturaleza por la cual él puede estár enteramente presente al mismo momento con cada una de sus criaturas y sin división de su esencia, y sin moverse de lugar a lugar, el nombre inmensidad se le ha dado. La esencia de Dios es inmensa o sin medida, porque es ilimitada. Es inmensurable porque es espiritual, y por lo tanto, sin tales dimensiones como que se pueda ser medida por pies o pulgadas; y porque en cualquier sentido que dimensiones puedan ser ascribidas a ella, estas dimensiones son infinitas. El tiempo tiene una dimensión que no se mide por pies o pulgadas: y podemos decir de el tiempo que es omnipresente. El mismo momento existe en Europa y América, en Satúrno y en el centro de la tierra. La omnipresencia del tiempo no explica la omnipresencia de Dios, pero si nos ayuda en admitir la posibilidad de la omnipresencia sin división de esencia, de removimiento de lugar. Pero la omnipresencia del tiempo no es inmensidad; porque el tiempo tiene su medida, y un momento no es eternidad.
No es derogatorio a la dignidad y gloria de Dios de que él está presente en dondequiera. Hay lugares inmundos donde seres humanos preferían no estár; pero ellos no afectan la Deidad como afectan a los hombres. Los rayos de sol caen sobre ellos sin ser contaminados; y el Dios santo no puede ser contaminados por ellos. Hay lugares de maldad de donde un buen hombre se volteará con aborrecimiento, y en el lenguaje figurativo de la Escritura, en dónde se dice de Dios, "Muy limpio eres de ojos para ver el mal" (Habacúc 1:13): no obstante, en otro lugar de la Escritura, en lenguaje no menos figurativo nos enseña que los ojos de Dios ven la maldad, como también el bien: "Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando á los malos y á los buenos" (Proverbios 15:3). El es testigo, mientras él aborrece.
El hombre que cree sinceramente la omnipresencia de Dios, no puede ser indiferente a la religión.En realizar que el Gobernador moral del universo está siempre cercas, en toda su santidad y poder, y como tan presente como si no estuviera en ningún otro lugar, tiene que despertar la solicitud. Cuando un sentido de culpa oprime, la presencia de tal compañero viene a ser intolerable. El hombre culpable lucha para huír de la presencia de Dios como lo hizo Jonás; pero la doctrina de la omnipresencia de Dios le enseña que el esfuerzo es inútil. El poder de la consciencia tormentando al hombre culpable, por dondequiera que vaya, es terrible; pero la presencia de Dios encontra a quién ha pecado, y la ira de quien teme, es mucho más terrible. Para el alma que es reconciliado a Dios, la doctrina está llena de consolación. En cada lugar, en toda condición, en tener con nosotros un amigo tan todopoderoso, un padre benigno, es una fuente de gozo y confortación inefable. No tenemos que temer, aunque pasemos por el fuego o diluvio, si Dios está con nosotros. Aún en el valle de la sombra de la muerte, no temeremos ningún mal. En cada circunstancia o prueba, nos conduce a la santidad en saber que Dios está presente.
(Continuár a Sección IV: La Eternidad Y La Inmutabilidad
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