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LA EXPERIENCIA DE LA GRACIA LIBRE

Erroll Hulse
Traducido por Lasaro Flores
MINISTERIO TODO DE GRACIA

La experiencia de la gracia es la más gloriosa, la más hondo o más profunda, la más rica, la más fructuosa y la experiencia más durable de todas.

Es la experiencia más gloriosa porque como nada  en el universo redunda para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es la más honda o más profunda porque podemos maravillárnos solamente en ella, pero nunca entender porqué ya que somos tan indignos debemos tener el favor libre colmado sobre nosotros.

Es la experiencia más rica porque promueve en nosotros el culto, la adoración, la alabanza y la gratitud. Es el más fructuoso pues anima y conduce a un servicio devoto sostenido. Explica porqué Pablo trabajó más que cualquier otro.

La gracia libre es una experiencia más durable. Es interminable. Nuestra admiración de la gracia libre abundará para siempre y siempre.

Todos los atributos de Dios son gloriosos y todos excitan nuestra admiración. Su justicia y santidad brillan y adornan el resto de todos Sus atributos. Su poder y sabiduría son maravillosos. Su amor es asombroso. Pero si no fuera por la gracia o el favor libre no recibiríamos nada. Una comprensión y una experiencia del favor libre inmerecido impresiona el corazón con las impresiones indelebles. Echa la luz sobre, y da perspectiva, al conjunto de la salvación, lo cual lo explica desde el principio hasta el fin.  La verdad de la gracia libre asegura desde el comienzo hasta terminar que toda la honra y la gloria se atribuye al Dios Trino.

La gracia toda la obra la cororará,
Por los días eternos;
Reposa en el cielo la piedra más alta,
y bien merece la alabanza.

Éste verso por Doddridge y Toplady nos recuerda la profecía de Zacarías. Zorobabel terminaría todo su trabajo en Jerusalén y cuando la piedra más alta fue puesta, el pueblo aclamó, "Gracia, gracia á ella" (Zacarías 4:7). 

Cada aspecto de la restauración de la República de Israel en aquella epoca vino por la gracia.

Así es con nuestra salvación personal. De los primeros movimientos de la conciencia a nuestro venir a Cristo y a través de ser guardados hasta ese gran día de triunfo, la resurrection, todo es de gracia.  Entonces en las edades venideras continuaremos recibiendo expresiones abundantes de las misericordias de Dios. Ninguna oración la puede sumar mejor que la de Pablo: "Para alabanza de la gloria de su gracia" (Efesios 1:6).   

He utilizado expresiones superlativas para describir gracia libre. ¿Qué significa?

El significado de la gracia libre

 
La palabra hebrea gracia (chen) en el Antigüo Testamento denota el favor de Dios ejercitado hacia al indigno. Este favor es voluntario y bajo ningún constreñimiento u obligación. Por ejemplo, fuera de la humanidad determinada en su totalidad de seguir el camino á la destrucción, Noé fue elegido para recibir el favor (gracia) de Dios la cual salvó ambos a él y a su familia. El ejercicio de tal favor o benevolencia excita la maravilla y la admiración. Es una cosa de belleza.

Ser gracioso (charizomai) en el Nuevo Testamento significa dar el favor, en mostrar la amabilidad o el perdón. El sustantivo (charis) significa favor o voluntad. La palabra fue utilizada para describir la calidad o la virtud de él que está concediendo tal favor e implica a menudo la belleza en esa persona. En la mitología griega Charis era el nombre dada a la esposa excesivamente hermosa de Hephaestos. Uno infinitamente hermoso en un sentido único es la persona del Hijo de Dios quien es lleno de gracia y de verdad. La palabra gracia significa una belleza escarpada.

El Nuevo Testamento que emplea el sustantivo 150 veces nos deja sin ninguna duda sobre el significado de la gracia. La gracia es un atributo de Dios, el ejercicio de la cual se agarra de los pecadores y asegura su salvación en Cristo. La gracia es el ejercicio del favor libre de Dios. "Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas" (Efesios 2:8-10)..

Esta declaración tomada dentro de su contexto demuestra la gracia de Dios en ser la razón única de nuestro levantamiento de la muerte espiritual. Éramos espiritualmente muertos. Una resurrection era esencial. La vida dada en el primer caso y las buenas obras que podemos ahora realizar es todo el resultado del favor de Dios. En las edades venideras, es decir, en todo el tiempo futuro, las "las abundantes riquezas de su gracia" serán exhibidas, apreciadas y admiradas (Efesios 2:7).

Imagínese a dos hombres muy ricos. Cuando son solicitados para donar hacia una causa muy digna ambos dan de sus riquezas. El primero dona cien libras, pero el otro da un millón de libras. El primero da de sus riquezas, el segundo según sus riquezas.  ¿Pero cómo mediremos la gracia de Dios? ¿Quién puede medirla? Lo nuestro no era una causa digna. No teníamos mérito sino demérito. La gracia que Dios concede sobre el indigno se describe como superabundante, sobresaliente o excelente. Se demuestra en su amabilidad hacia nosotros a través de Cristo. Es por, y a través de, Él quien es nuestra justica que la gracia reina aún hasta la vida eterna. El pecado se representa como monarca absoluto que ejercita la soberanía completa (Romanos 5:21 - "De la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro). La gracia reina también. Como Abraham Booth lo expresó en su obra clásica, El Reinado de La Gracia, la gracia reina en nuestra elección, el llamamiento, el perdón, la justificación, la adopción, la santificación y la perseverancia.

Cuando la gracia se habla de como libre -- "Siendo justificados gratuitamente por su gracia" (Romanos 3:24) -- significa que es un acto de la voluntad de Dios que es libre de cualesquiera apremios, presiones u obligaciónes. Él no es obligado de hacer cualquier cosa de todo. Ningún merecimiento o mérito cualesquiera vienen bajo consideración. Esto es ilustrada por la parabola de los dos deudores de quienes nuestro Señor dijo, "Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos" (Lucas 7:42). No podían hacer ninguna demanda sino apelar solamente por la misericordia. Ni se debe la súplica por la misericordia en sí misma ser vista como mérito humano porque todos nuestros deseos hacia Dios deben su origen a sus atraermientos. Así cuando Dios describe Sus tratamientos con los judíos Él dice que la benignidad que Él les demostró no era por cualquier cosa en ellos, "Por tanto, di á la casa de Israel: Así ha dicho el Señor Jehová: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre,...No lo hago por vosotros, dice el Señor Jehová, séaos notorio" (Ezequiel 36:22,32).

La gracia es ascribida al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Pablo comienza todas sus epístolas encomendando a los lectores a la gracia del Padre, la cual se ve en el hecho de que Él nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales. Es debido al amor del Padre que Él ha elegido a  un pueblo y los ha dado a Su Hijo. Este amor es un amor que sobrepasa descripción. Ser súbdito de tal amor es de ser el recipiente de la gracia o del favor que son inmensurables. Tal era este amor y la gracia libre que motivaba al Padre para ejercitarla que Él dio a Su Hijo para procurar el rescate. Es el buen placer del Padre dar no solamente a Su Hijo para redimir a Su pueblo (él salvará a Su pueblo de sus pecados) pero para darles el reino (Mateo1:21 - "Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados"; Lucas 12:32 - "No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino). El grado de la gracia del Padre se considera en que Él tenía cuidado al predestinar que todo debe trabajar para el bien de ellos. Su favor libre hacia Sus hijos es rico y comprensivo. Su cuidado para ellos es meticuloso y es dada con sabiduría perfecta.

La gracia del Padre se describe como gracia libre pero a veces también como soberana. Él es el soberano en la elección de aquellos sobre quiénes Él quiere darles Salvación. "Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré" (Romanos 9:15). El ejercicio de la gracia soberana fue referido por nuestro Señor cuando Él dijo, "Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó" (Lucas 10:21). La ocasión de este refrán era cuando los setenta volvieron de su misión. Ellos se regocijaban en sus dones y poder de echar fuera los demonios. Él les dijo que más bien se regocijaran en la gracia soberana de Dios. "Antes gozaos", Él dice, "de que vuestros nombres están escritos en los cielos" (ver.20). La gracia soberana significa que el Padre solamente es responsable de que nuestros nombres son escritos allí. El escoger que hicimos para nosotros mismos era el infierno. El escoger que Él hizo para nosotros era el cielo. Él soberanamente invalidó nuestro escogimiento desgraciada por su elección y determinación para traernos al hogar a Él mismo mediante la gracia.

La gracia del Hijo se puede ver en el conjunto de su vida y obra en nuestro favor. "Porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos" (2 Corintios 8:9). Éso es un resumen hermoso de la manera en la cual la gracia de Dios ha venido a nosotros. Toda la gracia que recibimos es meditada a través de la persona y la obra de Cristo.

Cuando las Escrituras concluye con las palabras, "La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros" (Apocalipsis 22:21), ésto es resumir aquello lo cual ha sido hecho para el pueblo de Dios y aquello lo que continua siendo de ellos. El favor de Dios en, a través y por de, Cristo, continúa reposando con ellos. Éste es el deseo y la oración expresada con frecuencia por Pablo en la conclusión de sus cartas.

El Espíritu Santo que aplica la gracia o el favor de Dios se llama el Espíritu de gracia (Zacarías 12:10). Su gran obra es en regenerar y santificar a los elegidos de Dios. Esto levanta la distinción muy importante que existe entre la gracia soberana, la gracia eficaz y la gracia común o general.

Cuando las atributos de Dios de bondad se celebran en el Salmo 145, el Salmista cita la revelación que Dios hizo de sí mismo a Moisés (Éxodo 34:6,7). La gracia de Dios según es expresada a todo el mundo es alabada. Su bondad es demostrada a todos, y Sus misericordias tiernas sobre todas Sus obras. Éste favor general o gracia común es algo tomado demasiado muy fácilmente por concedido. No hubo ningún favor demostrado a los ángeles caídos. Dios no era obligado de demostrar gracia a rebeldes. Ni era Él obligado a conceder favor sobre una raza que se había echado a lado de una raza de ángeles rebeldes. Pero Él demostró la gracia a la humanidad en general en concediendoles un período de probación en la cual se pudieran arrepentir.

La gracia común es la actitud de Dios de la buena voluntad hacia sus enemigos en quienes Él demuestra mucha bondad, longanimidad y paciencia, con el objeto de su arrepentimiento (Romanos 2:4, 2 Pedro3:9). La maldad en el mundo es refrenada en una escala vasta por el ejercicio del Espíritu Santo (Génesis 6:3), por la provisión de los gobiernos civiles (Romanos 13:1-4), y por la provisión de la vida familiar. Dios refrena no solamente el mal, sino que Él concede positivamente el bien enorme por la vía de los dones y talentos humanos, por las ciencias, por las innumerables instituciones benévolas y las provisiones de abundancia hechas para resolver la necesidad humana. Todo este favor inmerecido se refiere generalmente como la gracia común. Pero esta gracia no salva. No aplica la sangre de Cristo a los pecadores. No regenera. Debe ser cuidadosamente distinguida de la gracia libre de Dios el cual es el ejercicio del poder de Dios en llamar a un pueblo escogido para sí mismo.

La experiencia de la gracia libre

En tiempos de avivamiento, los pecadores experimentan una convicción profunda de su condición pecaminosa. A veces esta experiencia puede ser agonizante. Al primero que las almas descubren su condición espantosa de perdición y de la culpabilidad, y entonces son conducidos a la búsqueda para, y encuentran la, salvación por la fe en Cristo, la gloria de la gracia de Dios brilla lustrosamente. Los himnos que provienen de los tiempos de avivamiento bien expresan la admiración por la gracia salvadora de Dios. Bien conocido es la expresión de gratitud de Juan Newton,

Oh gracia admirable, ¡dulce es!
¡Que a mí, pecador, salvo!
Perdido estaba yo, mas vine a sus pies;
Fui ciego, visión me dio.

Observe el sentido de la miseria, la perdición y ceguera anterior, y el sentido abrumador de la alegría y de la alabanza que sigue. 

Ciertamente no estamos viviendo en tiempos de despertamiento espiritual hoy en día y encontramos que la mayoría de creyentes vinieron a la salvación sin una convicción profunda, prolongada o penetradora del pecado.

Cuando la gente vienen fácilmente a Cristo, su aprecio no es siempre muy fuerte y puede haber una tendencia a tomar las cosas de concedido. Una experiencia superficial se refleja en una repugnancia de sacrificar o de servir. Poco entusiasmo se demuestra sobre las reuniones de oración o servicios de la adoración. Detrás de esta actitud inalterable y á menudo tibia está la filosofía simple que Dios ha dado a cada uno en el mundo una ocasión o a oportunidad igual de ser salvado. Por su Espíritu, tal como corre la idea, Él capacite a todos en tener un escoger libre. Aquellos quienes ejercen la fe son salvos y aquellos que no se pierden. Es todo un hecho.

La enseñanza de la gracia libre estalla esta filosofía tolerante como falsa. En su lugar se establece la verdad que los hombres por la naturaleza no escogen a dios; Él los elige, los predestina, los llama, los justifica e infaliblemente los trae al hogar en la gloria.

El significado de lo que se acaba de decir es alarmante al cristiano inalterable que cree que es su fe que hace la diferencia entre él y el perdido. Eso es verdad en un sentido. ¿Pero de dónde vino la fe? Es el don de Dios (Hebreos 12:2, 2 Pedro 1:1, Efesios 2:8,9). Ahora, para preservar un lugar para el mérito humano (aunque sea un pedacito minúsculo) algunos arguiran a lo muy largo, que el Espíritu Santo ayude a la gente a la fe, de modo que sea una combinación del esfuerzo humano y del habilitamiento divino.

El método del Espíritu Santo de traer a los creyentes a la gracia libre es en haciéndolos experimentar la convicción del pecado y el necesitar.  Por ejemplo, era cuando Jonás vino a ver que no había salida del gran pez que él clamó, "La salvación pertenece á Jehová" (Jonás 2:9).

Por la convicción del pecado, el pecador realiza que él nunca habría venido de sí mismo. Su albedrío no estaba libre. Su albedrío estaba en esclavitud. Varios pasejes principales de las Escrituras tales como Romans 3 confirman que ninguno busca a Dios por la naturaleza. La salvación no solamente es proporcionada. Es aplicada por Dios mientras que él llama a la gente a sí mismo.

Después de un tiempo prolongado de la convicción profunda, Spurgeon vino abrazar a la gracia libre. Él describe su experiencia como sigue: 'Bien puedo yo recordar la manera en la cual aprendí las doctrinas de la gracia en un solo instante. Nacido, como todos nosotros somos de naturaleza, un Arminiano, todavía creía las cosas viejas que había oído continuamente del púlpito, y no veía la gracia de Dios. Cuando venía a Cristo, pensé que todo lo estaba haciendo yo mismo, y aunque busqué al Señor seriamente, no tenía ninguna idea que el Señor me buscaba. Yo pienso que el nuevo convertido no está cauto de esto al principio. Puedo recordar el mismo día y la hora cuando primero recibí esas verdades en mi propia alma -- cuando eran, como Juan Bunyan dice, quemado en mi corazón como con un hierro caliente, y mí puedo recordar cómo me sentía que había crecido súbitamente de un bebé en un hombre -- que yo había hecho progreso en el conocimiento de las Escrituras, con encontrar de una vez por todo, la guía a la verdad de Dios.  Una noche de semana, cuando estaba en la casa de Dios, no pensaba mucho del sermón del predicador, porque no lo creía.  El pensamiento me pulsó, "Cómo vinistes a ser un cristiano?"  Yo busqué al Señor.  "Pero, ¿cómo vinistes a buscar al Señor?"  La verdad relampaguió por mi mente en un momento -- no lo hubiera buscado a menos que hubiera habido una cierta influencia anterior en mi mente para hacer que lo búsque.  "¿Oré", pensé yo, pero entonces me pregunté, "¿Cómo vine yo a orar?"  Era inducido a orar en leer las Escrituras. "¿Cómo vine yo a leer las Escrituras?" Yo las leía, pero, "¿que me condujó de hacerlo?" Entonces en un momento vi que Dios estaba en el fondo de todo, y que él era el Autor de mi fe, y así que la doctrina entera de la gracia se me abrió, y de esa doctrina no me he salido hasta este día, y deseo hacer esto mi confession constante, "Yo atribuyo mi cambio enteramente a Dios."'

Reposando en el corazón y en el fondo de las vidas, la motivación y los ministerios de los cristianos excepcionales de la edad es un aprecio apasionado de la gracia libre. Que Pedro hubiera sido restaurado después de una falta tan triste era debido a la gracia. La convicción de Pedro de su indignidad era intensa, y su devoción subsecuente así proporcionadamente.

Que Pablo ha recibir gracia y el apostolado cuando sus actividades como un perseguidor no aseguraba nada sino solamente la ira, le dio un sentido de endeudamiento a lo cual él atestiguó constantemente en su predicación y escrituras.

La Reformación del siglo décimosexta comenzó en el corazón de Lutero. La suya era una experiencia de la gracia libre nacida de una enorme lucha en la cual él vino a ver que la salvación era no por el libre albedrío sino solamente por la gracia.

Jorge Whitefield nos dice de cómo él vino a experimentar la gracia libre como un joven de veinticuatro años. Esto era durante un viaje por la mar a América. Pues como un predicador inmenso próspero la tentación de enorgullecerse era tan ancho como el mar y el cielo alrededor de él porque no había predicador tan capaz como él. Con todo, era entonces que la convicción del pecado y de una miseria que lo superó tan intenso que él aún comtempló de dejar el ministerio. Este tiempo de convicción, según su propio testimonio, le ayudó a entender las doctrinas de la gracia: la elección y la adopción. Esta experiencia de humillación sirvió para profundizarlo y para consolidarlo y para hacerlo inclinarse más sobre Dios. Ésta no era la última vez Whitefield experimentó tal convicción.

No debemos pensar que esta clase de experiencia pertenece a los archivos de la historia de la iglesia, algo confinado a una edad de más allá. La historia de Drew Garner y su esposa Frances nos surte con un ejemplo de muchos que se multiplica a través del mundo en el día de hoy. Drew Garner era un pastor joven de una iglesia grande de los Bautistas de Sur con cerca de mil miembros. Detrás de una fachada impresionante de una actividad evangélica altamente organizada y eficiente estaba un pastor desilusionado y disorientado teológicamente. Drew confiesa que él estaba lejos a lo largo en el camino del liberalismo en su corazón y adelantandose derecho a un escepticismo total y del abandono de la fe. Sin embargo la maquinaria tenía que ser guardada en caminar, y la maquinaria también lo guardaba a él caminando.

Un domingo lo inclinaron para visitar a un recién llegado en el área quien podía, si era visitado, ser inducido para hinchar las filas de la iglesia. Generalmente los Bautistas del Sur no carecen en la rapidez de moverse cuando se trata para hacer adiciones a sus iglesias. Temprano por la mañana del lunes Drew sono en la puerta. En sus propias palabras, "el hombre más feo que siempre he visto apareció no afeitado y en su vestido de preparación". El hombre informó a Drew que había solamente tiempo para unas cuantas palabras.

'¿Usted hace invitaciones al frente?'  el hombre feo gruñó. 
'Por supuesto que sí', dijo Drew
'¿Porqué usted lo hace?' 
'¡Para dar a la gente una ocasión para decidir!' 
'¿Usted piensa que la gente tiene que tener una ocasión?  ¿Salva Dios por las ocasiónes?'

Tan pronto que comenzó Drew a pensar, '¿Qué clase de tuerca tengo en mis manos?', el hombre feo dijo, 'Quisiera que usted viera mi biblioteca'. Él llevó a Drewd adentro. Un arreglo magnífico de libros de los Puritanos fue revelado delante de Drew. Aunque en el mar teológicamente, Drew había sido instruído. Él sabía por instinto que él estaba con alguien que sabía lo que creía, quien estudiaba esos libros, y quien estaba bien fundado en la doctrina y vida cristiana. Trayendo la reunión corta a un cerrar, el hombre feo dijo, 'Quisiera que usted leyera estos dos libros'. Él le dio La Soberanía de Dios de Pink y de la Predestinación de Loraine Boettner.

Drew hizo algunas más llamadas y volvió a casa. 'Un hombre extraño llamó esta mañana en camino a trabajar,' dijo Frances. 'Él dijo que era nuevo en el área y gustaría que leyera el capítulo seis de Juan.' '¿Éra él un hombre grande feo?'  preguntó Drew. 'Sí', contestó Frances. '¡Él es una tuerca!'  dijo Drew, y entró a su estudio.

Al sentarse, la vieja sensación familiar de la desolación teológica vino sobre él. Él se había secado y se encontraba desesperado. Aparte del ardid ingeniosos evangélicos, él estaba doctrinalmente y espiritualmente bancarrota. Sus ojos cayeron sobre los dos libros que él había traído adentro. Él comenzó a leer.

El hombre feo vino el día siguiente para ver a Frances sobre su progreso en Juan seis. Sus estudios le estaban yendo bien y al el miércoles se estaba quebrantando. Al jueves en leer los dos libros, trajo a Drew repentinamente y dramáticamente al punto de revelación. ¡Sus ojos fueron abiertos repentinamente! ¡Él lo vio todo en un instante! Saltando en el aire, él gritó tan ruidosamente como es posible que grite un hombre. El plan entero de Dios, de su soberanía y de su propósito había caído en lugar. Él acometió hacia fuera para compartirlo con Frances. Ella también lo había visto. Se regocijaron juntos. La vida había comenzado de nuevo. El desierto teológico, el vagar estéril espiritual, la duda y el escepticismo todo se había ido, y ido para siempre. Una nueva vida había comenzado.

Los años futuros probarían ser difíciles pero recompensables. Drew Garner nunca ha dejado de agradecer a Dios por enviar aquel hombre excelente y usarlo tan decisivo. En el lugar de la tradición evangélica ha venido un ministerio completo y rico no solamente en el reino de ganar almas y en evangelismo pero también en su obra pastoral y en plantar iglesias.

Las bendiciones que resultan de la experiencia de la gracia libre son muchas. Es una gran ayuda en tener un agarrar fuerte y claro del plan total de Dios de la salvación. Poder entender la teología y en regocijar en el propósito soberano de Dios como se revela en las Escrituras es de más provechoso. Como acabamos de ver en el caso de Drew Garner, la duda fue expulsada. La claridad y la fuerza de fe substituyó incertidumbre e ineptitud doctrinal. Un agarre potente de la verdad acompañada con alegría en el conocimiento que es la verdad revelada por el Espíritu Santo puede transformar el ministerio entero de un hombre. Esto era la experiencia de Drew Garner. El cambio en su vida es típico. Con todo, en mi opinión, la humillación es realmente el primero entre los beneficios que resultan de la experiencia de la gracia libre.

La humillación como una experiencia es fundamental e indispensable al cristianismo verdadero, porque de tal humillación evangélico vienen dos cualidades esenciales, a saber, el temor de Dios y la humildad.

El temor del Señor recibe poco si alguna atención en los círculos evangélicos de hoy.

Todavía tenemos la frase, 'un hombre temeroso de Dios', aunque no se utiliza tanto como antes. El temor de Dios reposa en el mismo corazón del cristianismo verdadero. Ambos el Antigüo Testamento y el Nuevo hablan mucho de este temor. De hecho, hay centenares de referencias directas e indirectas de este asunto en las Escrituras. Uno de nuestros predicadores modernos más capaces bien ha dicho:  'Quita el alma del cuerpo y todo lo que es dejado en algunos días es un cuerpo que apesta. Quita el temor de Dios de cualquier expresión de piedad y todo lo que queda es el cuerpo que apesta del Farisaísmo y de la religiosidad estéril'. Nos iríamos más lejos y diríamos que las expresiones excitadas y más entusiásticas de la religión:  el grito, el levantar de manos, el cantar de coros, discursos intensos, todos orando en el mismo tiempo, risas exuberantes o lamentos tristes, si son vacios de un temor verdadero de Dios, todos son repugnantes al extremo, especialmente para los que han venido a experimentar el temor de Dios. ¿Cómo discierne uno el temor verdadero del Señor? La respuesta es que es acompañado por una reverencia para las Escrituras, una repudiación de toda la ligereza, frivolidad y petulancia, una conformidad del corazón a los preceptos de la Palabra. Un temor verdadero del Señor se experimenta a menudo en una tremenda calma: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios" (Salmo 46:10). Tal temor conduce a una relación pensativa y viva con Dios en quien esas cualidades hermosas descritas por nuestro Señor en el Sermón del Monte se desarrollan, a saber, dolor por el pecado, la mansedumbre, la pureza, la misericordia, el pacificar y el gozo (Mateo 5:1-12).

Uno de los efectos prácticos del temor de Dios es la humildad. El Hijo Prodigo fue traído a la humilliación. Él pronto malgastó su sustancia y sus dones de carácter, así trayéndose ambos a el estragamiento  y a la pobreza. El resbalar atrás fue permitido para traerlo al  fin de sí mismo. Él demostró el arrepentimiento verdadero cuando él se determinó de volver a su padre. Que fue humillado era visto en sus palabras, "Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo" (Lucas 15:21). El caso del Prodigo ilustra el propósito de Dios en el humillar de todo Su pueblo. ¿Puedes pensar de uno salvado en las Escrituras que no fue humillado?

La experiencia de la gracia libre no solo resulta en el temor de Dios y de la humildad verdadera sino que también causa una nueva actitud acercas del seguridad. Esto se discute más adelante. Bastante es decir aquí que la primera consideración en el aseguramiento es objetiva -- que es un conocimiento que Dios nos ha dado el Espíritu Santo para testificar en nuestros corazones que somos hijos de Dios.

La gracia libre nos hace dejar toda confianza sobre nosotros mismos o dependencia de lo que hemos hecho y mirar solamente al Señor para salvarnos.  Vemos que "que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia" (Romanos 9:16).

No triago nada en mi mano,
Simplemente en Tu cruz me aferro;
Desnudo, vengo a Ti por vestido,
Desamparado, por gracia a Ti miro;
¡Sucio! A la fuente volo,
Lavame, Salvador, o muero.

El aprecio de la gracia libre es la fuente de la alegría intensa, una alegría que inspire la adoración profunda que quizás se expresa lo más mejor posible en los himnos que cantamos.

Gracia soberana sobre el pecado abunda,
Almas redimidas, las nuevas se aumenta;
Es un profundo que sonar no conoce;
¿Quien pude decir su anchura o longitud?
En sus glorias
Deja mi alma para siempre morar.

La fruta de la experiencia de la gracia libre es rica; el amor, la adoración, la gratitud, la humildad, la alegría, la dedicación, la celosidad, la mansedumbre, la dulzura y la compasión hacia a otros. Los que han recibido tanto tan libremente son los más agradecidos a Dios y los más listos de buscar el bien de otros. Habiendo recibido tan libremente ellos son los más celosos para dar.

Los peligros

¿Cuáles son los peligros de la gracia libre?  Considerábamos los peligros del movimiento carismático. ¿No hay algún peligro para los que profesen la experiencia de la gracia soberana?

Hay varios peligros serios. El primero y el más obvio es de reclinarse en la experiencia y la doctrina y el descuidar de las responsabilidades prácticas de la fe. Otro peligro es llegar a ser sectario sobre el asunto. Incluso después de quince años o más de interés renovado en la gracia libre, los que ponen las doctrinas en práctica siguen siendo solamente una minoría pequeña entre la familia ancha de creyentes. Por lo tanto, es una tentación para alguno llegar a ser negativo y crítico sobre los que no acepten la enseñanza y la práctica de la gracia libre, e incluso en cayer al pecado terrible de desdeñarlos. Los Fariseos, recordamos, cayeron en el pecado de desdeñar a otros.

Hay también el peligro de llegar a ser ladeado o desequilibrado en ser hiper-intelectual como si leer de los libros de la gracia libre era el Alfa y el Omega del cristianismo. Pablo advirtió a los Corintios sobre el conocimiento que no era espiritual -- un conocimiento que ensoberbece (l Corintios 8:1).

Luego hay el peligro más obvio de todo el cual es hacer la conclusión incorrecta que ya que la gracia es dada soberanamente, entonces podemos dejarlo todo a Dios y relajar. La verdad es que la gracia es dada por medios humanos. Es más significante que la verdad de Romanos que da énfasis de la necesidad de predicar el Evangelio está entre el noveno y undécimo capítulos que declaran la soberanía omnipotente de Dios. Pablo y el Amo que él sirvió ambos declararon la soberanía de Dios. Ni uno ni el otro descuidaron de la necesidad del trabajo duro y del uso máximo de los medios de la gracia por los cuales la gracia soberana viene a los hombres.