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DIOS ES INFINITAMENTE BENÉVOLO
Ezequiel 34:6-"Y anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto: y en toda la haz de la tierra fueron derramadas mis ovejas, y no hubo quien buscase, ni quien requiriese"; Salmo 103:2-8-"Bendice, alma mía, á Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. Jehová el que hace justicia Y derecho á todos los que padecen violencia. Sus caminos notificó á Moisés, Y á los hijos de Israel sus obras. Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia"; Zacarías 9:17-"Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo alegrará á los mancebos, y el vino á las doncellas"; Mateo 7:11-"Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?"; Lucas 2:14-"Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres"; 12:32-"No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino"; Romanos 5:8-"Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros"; 1 Juan 4:8-"El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor".
La bondad de Dios, como ejercitado a sus criaturas, es frecuentemente expresado en las Escrituras por el termino amor. El amor es distingido como la benevolencia, la beneficencia, o la complacencia. La benevolencia es el amor en intentión o disposición; la beneficencia es el amor en acción, o conferiendo sus beneficios; y la complacencia es la aprobación de las disposiciones o acciones buenas. La bondad, ejercitada hacía los indignos, es llamada gracia; hacía a los que padecen, es llamada piedad, o misericordia. El termino posterior insinúa que el padecer, o la propensión a padecer, procede del desplacer justo de Dios.
La bondad implica una disposición en producir la felizidad. Somos conscientes del placer y del dolor en nosotros mismos, y sabemos que podemos, hasta cierto punto, causar el placer o el dolor en otros. El placer de continúo es felizidad; el dolor de continúo es miseria. Dios puede producir la felizidad o la miseria, cuando, o hasta cualquier punto, que le agrade. ¿De cuales de éstos es la disposición de su naturaleza infinita en producir?
La bondad de Dios podrá ser argüido de las manifestaciones de ella en las obras de la creación. El mundo está populado con seres sencientes, capazes del placer; y fuentes del placer están por dondequiera proveídos para ellos. Todo sentido de cada animal es una entrada de placer; y para cada sentido los medios del placer son proveídos. Lo que Dios les da ellos recogen. Su mano abierta derrama gustos a la existencia de ellos a cada momento. Cuando consideramos las inumerables criaturas vivientes que están, en este momento, recibiendo placer de las copias variadas e abundantes, las cuales su poder creador ha suplido; y cuando reflejamos, que este corriente de abundancia ha fluído incesantemente desde la creación del mundo, podemos muy bien considerar la fuente de dónde descienden como infinita.
Esto demuestra la bondad de Dios, que los placeres que sus criaturas gustan no vienen incidentalmente, sino manifiestamente son el resulto de designio. La comida pudiera nutrir sin el placer experienciado en comer. Podíamos haber sido tan constituídos como ser llevados de tomarla por el hambre, y en recibirla con el dolor, pero poco menos en vez que sea producido por la falta de ella. Pero Dios ha superañadido el placer donde no era absolutamente necesario, y ha hecho el soporte mismo de la existencia animal una fuente de gratificación perpétua.
Añade grandemente a la fuerza de este argumento, que indicaciones de designio malévolos no son halladas en las obras de Dios. En hecho, el dolor es experienciado, pero nunca aparece en resultar de un arreglo especialmente hecho para recibirlo. No hay ningún órgano de nuestro cuerpo al cual podemos puntar, y decir, éste fue especialmente designado para darnos el dolor.
El mero gusto animal no es lo más alto que Dios derrama. A sus criaturas inteligentes él ha abierto otra fuente en el perseguimiento y adquisición del conocimiento. Necesitamos el conocimiento, como tan bien el alimento; y podremos ser llevados en buscarla por una necesidad dolorosa, sin derivir algún placer de ello. Pero aquí, otra vez, la benevolencia del Creador es manifestada. El placer es superañadida cuando adquirimos el conocimiento necesario; y, cuando el progreso ha alcanzado el límite de nuestras necesidades, el placer no cesa. El apetíto intelectual nunca es saciado hasta el aborrecimiento.
Pero Dios nos ha hecho susceptible del placer más noble y más alto en el ejercicio de la virtud y de la religión. A esto él nos ha adaptado la naturaleza moral nuestra, rindiendonos capazes de ambos del ejercicio y del placer. Para el ejercicio de la virtud y de la religión, y de la constitución de la sociedad humana, y las varias relaciones de las cuales sostenimos en la organización de ella, proveen ocasiones abundantes; y en el sentido moral de la humanidad, y la aprobación que la virtud obtiene, aun cuando el tributo no es rendida espontaneamente, una fuente de placer es abierta. En el ejercicio propio de nuestros poderes morales, somos capazes de amar y de gozarnos en Dios; y, por lo tanto, de experienciar una felicidad que transciende todos otros placeres. Este oceano de la plenitud infinita, esta fuente de la felicidad inagotable e eterna, nos da la demonstración plena de la benignidad infinita de Dios. Y, también, este goce nunca se ahíta; pero, con el progreso el deleite se aumenta.
La doctrina de la bondad de Dios, a pesár de la abundancia de sus pruebas, es atendidad con dificultades. Aunque seres sencientes no son proveídos con organos preparados de propósito para recibir el dolor, ellos tienen organos para infligirlo, que son sin duda los resultos de designio. Los colmillos de las serpientes, y los aguijones de algunos insectos, son ejemplos de esta clase; y a estos pueden ser añadidos los talones y los colmillos, o picos, con los cuales los animales carníveros rompen su presa. ¿Cómo es que pueden la existencia de tales designios que infligen dolor ser reconciliados con la bondad infinita de Dios? ¿Cómo podemos explicar, en harmonía con esta doctrina, el sufrimiento que los animales padecen de la violencia del uno y el otro, del hambre, el frío, y las enfermedades? Sobre todo, ¿cómo podemos reconciliar las miserias inumerables con las cuales esta llena la sociedad, en cada clase y condición de la vida? Si Dios es infinitamente bueno, ¿por qué es la vida humana comenzada en dolor, y cerrada con dolor, y sujeta al dolor por toda su carrera entera?
Estas dificultades son de tanta magnitud para ser repasadas. Ellas perplejan el entendimiento, y conturban el corazón; y, por lo tanto, demandan una consideración candida y cuidadosa. Las siguientes observaciones son ofrecidas, para guardar el corazón encontra la influencias de ellas.
1. Admite la existencia de las dificultades en su completa fuerza, y, ¿luego qué? ¿En seguida será que Dios es un ser malévolo? Si lo era, las pruebas de su malevolencia abundarían como aquellas de su benevolencia lo hacen ahora. Debemos por dondequiera hallar sentidos animales adaptados de ser las entradas de miseria, y los objectos de estos sentidos todos adaptados para dar dolor. ¿En seguida sera que Dios es indiferente de que sus criaturas sean felices o miserables? Las provisiones inumerables que son hechas con una referencia manifiesta al goce animal, prohibe esta suposición. ¿En seguida será de que Dios es caprichoso? Esta conclusión es prevenida por el hecho de que el padecimiento hay en el mundo, corre a lo largo por todo con sus goces; la felicidad y la miseria son entrelazado uno con otro, y forman partes del mismo sistema. En sumar todo lo entero, discubrimos que la vida animal tiene más goces que padecimientos, y que sus dolores son, en casi todo caso, incidental. En nuestra experiencia diaria, las bendiciones son derramadas incesantemente sobre nosotros; y cuando viene el padecimiento, somos frecuentemente conscientes que resultan de nuestro abuso de la benignidad de Dios, y por lo tanto, no hay ningún argumento encontra ello. En muchos otros casos, hallamos el padecimiento presente conducivo a la bondad futura; y tenemos razón en creer que siempre será así, si lo soportamos con un espíritu propio, y hacemos una aplicación sabia de ello. Por lo tanto, nos conviene que cuando los padecimientos ocurren, la tendencia beneficial de la cuál no podemos discubrir, en recordar que comprendemos sino una parte muy pequeña del camino de Dios. Hemos hallado cada otro atributo de su naturaleza incomprensible, y así que no debe de sorprendernos que su benevolencia sea así.
Los padecimientos que experienciamos en nosotros mismos, o vemos en otros, vienen a ser una ocasión para la prueba de nuestra fe. Al entendimiento de un niño, la disciplina de su padre no aparecerá de ser sabia ni benigna. Las indulgencias que son deseadas con antojo podrán ser negadas; y trabajos y privaciones, incómodas extremamente, podrán ser imponidas. En estas circunstancias, es el deber del niño de confiar en donde no comprende. Así debemos de ejercer la fe en la sabiduría y bondad de nuestro Padre celestial, y creer que sus caminos son llenos de benevolencia, aun cuando son inescrutables. Suficiente de su benignidad son vistos por dondequiera para satisfacernos de su existencia cuando el misterio lo esconde de la vista.
2. No puede ser probado que una mixtura de dolor con una grande medida de goce de las cuales Dios otorga sobre sus criaturas es inconsistente con su bondad. El insecto de un día, y el inmortal cercas del trono de Dios, derivan el goce de ellos de la misma bondad infinita. Si el insecto de corta vida pasaría sus cuantas horas en los rayos del sol sin dolor, y hubiera de ser anihilado sin dolor, la dificultad que ahora nos avergüenza no se aplicaría a su caso. Su existencia, lleno con el goce, corresponderían con nuestras nociones de la bondad del Creador; y la limitación, o la muy pequeña medida de su goce, no desaprobará la fuente de ser infinita de donde procede. Ahora, si una criatura de otra clase tuviera goces cien veces más grandes, con una diminución de una medida de dolor, su existencia a lo entero, es noventa y nueve veces más deseable que de la del insecto. Entonces, ¿debemos de negar que esta existencia procede de la bondad de la deidad? Si el dolor forma una parte del mismo sistema con el placer, debemos de atribuírlos al mismo autor; y el animal que tiene noventa y nueve medidas de goce que le quedan, no tiene más derecho de quejarse de la diminución de una por el sufrimiento de dolor, que el insecto suponido tendría de quejarse por la ausencia de las noventa y nueve medidas que la criatura más favorecida se goza. Esta consideración podrá satisfacernos que la presencia de algun dolor, conectado con una más grande cantidad de goce, no es inconsistente con la doctrina que Dios es infinitamente bueno. Además, es perfectamente concebible que el dolor mismo, en algunos casos, podrá encarecer nuestros placeres, ya que el alivio del padecimiento hace el goce subsiguiente más exquisito: y, en otras maneras, las cuales no podemos comprender, el dolor podrá producir una resultado beneficial. En esta vista, la existencia del dolor no puede ser inconsistente con la bondad deDios.
3. Mucho del padecimiento en el mundo es claramente el efecto del pecado, y ha de ser considerado una inflicción de la justica divina. La justicia de Dios reclama alcance por el ejercicio de ella, como tan bien por su bondad. La bondad de Dios es infinita, si da la felicidad tan anchamente como sea consistente con las otras perfecciones de su naturaleza. Es una teoría favorita con algunos, que Dios pone la mira a la cantidad más grande posible de felicidad en el universo; y que él admite el mal, solo porque la admisión del mal produce al fin una muy grande cantidad de felicidad que la exclusión de ella lo hiciera. Según a esta teoría, la justicia misma es una modificación de la benevolencia; y el dolor padecido por un ser, es infligido de el amor a lo entero. Pero o sea la justicia una modificación de la benevolencia, o un atributo distinto, sus demandas tienen que ser considerados; y la bondad no cesa en ser bondad, porque ella no trastorna el gobierno de Dios, o se opone a sus otros perfecciones.
Algunas personas atribuyen todos los padecimientos de los animales brutos al pecado del hombre, pero las Escrituras no enseñan claramente esta doctrina; y hemos demostrado que el dolor que los brutos padecen, puede ser de otra manera reconciliado con la bondad de Dios. Que los animales padecen por causa del pecado del hombre, es claro en la crueldad que ellos frecuentemente experiencian de las manos humanos; pero que todos los padecimientos de ellos proceden de esto no es tan claro. A menos que la orden de las cosas eran cambiadas grandemente en la caída del hombre, los gavilanes tenían las uñas y los picos de ellos desde el día que fueron criados, y los usaban en tomar y devorar otras aves para comer antes que el hombre pecara; y por lo tanto, el dolor y la muerte, en los animales brutos, no entraron en el mundo por el pecado del hombre. Los animales brutos, tienen por lo entero, un existencia feliz. Libres de la ansiadad, del remordimiento, y del temor d la muerte, ellos se gozan con un gusto elevado, los placeres cuales el Creador de ellos les ha dado; y no es menos de un don de su bondad infinita, porque es limitado en cantidad, o disminuído por alguna mixtura de dolor.
4. Puede ser que la bondad de Dios no es simple amor de la felicidad. En su punto de vista, la felicidad no podrá de ser lo único bueno, o aun el bien principal. Él mismo es perfectamente feliz; no obstante, la perfección de su naturaleza no es presentada a nosotros en su palabra, como el único funadamento, o aun el fundamento principal, sobre el cual resta su demanda a la adoración y el honor divino. Las huestes del cielo le adscriben la santidad a él, y le adoran por causa de ella; pero no por causa de su felicidad. Si pudieramos comtemplarlo como supremamente feliz por la crueldad, la falsedad, y la injusticia, debemos de necesitar una naturaleza diferente de aquella con la cual nos ha dotado, y una Biblia diferente para dirigirnos fuera de aquella que nos ha dado, antes que puédamos rendirle una adoración sincera y de corazón. En la regulación de nuestra conducta, cuando el placer y el deber conflictan una con otra, somos requeridos en escoger el posterior; y esto es frecuentemente hecho la prueba de nuestra obediencia. Sobre el mismo principal, si una vida entera de deber y una vida entera de goce son puestos delante de nosotros, seríamos requeridos en preferir la santidad a la felicidad. Por lo tanto, se acuerda con el juicio de Dios en no considerar la felicidad como el bien principal; y la producción de la cantidad más grande posible no podría de ser su objecto primario en la creación del mundo. Podemos concluír que su bondad no es una pasión débil de consentimeinto a sus criaturas, y que administra al goce de ellas, indiferente a la conducta y el carácter moral de ellas. Tiene la mira a la felicidad de ellos, pero en subordinación a un propósito más noble y más alto. Según a la orden a las cosas que él ha establecido, es rendido imposible para que un ser impío sea feliz, y esta orden acorda con la bondad de Dios, la cuál punta, no a una felicidad simple de su universo, sino a su bien-estar, en el sentido mejor posible.
Si estas perspectivas son correctas, las miserias que el pecado ha introducido al mundo, en vez de desprobar la bondad de Dios, proceden de ellas, y lo demuestran. Ellas son medios usados por el gran Padre de todos, en la disciplina de su familia grande, para disuadir de lo más grande de todos los males. Precisamente este uso de la sabiduría de lo alto nos enseña en hacer de sus juicios y amenazas; y cuando estos medios terribles nos enseñan la maldad del pecado, y nos han sido bendecidos como medios de santificación, podremos percibir en ellos una manifestación de la bondad de Dios.
5. En inferir la infinidad de la bondad de Dios de sus efectos, tenemos que verlas en el agregado. La perfección de su justicia se aparece en su adaptación precisa y menudo a cada caso particular. Cada parte de su administración, cuando traídos a la línea de rectitud para comparación, tiene que ser hallado precisamente de acuerdo con ella. Pero como en estimar la longitud de una línea, no examinamos sus partes, así la infinidad de la bondad de Dios tiene que ser juzgada del agregado de sus efectos, como aprendemos del poder de Dios, no de solo un grano de arena, sino de la extensión completa de la creación.
Para comprender este tema vasta, necesitamos la mente infinita de Dios mismo. En los eventos que ahora se nos aparecen misteriosos e obscuros, las semillas de los beneficios futuros para sus criaturas podrán ser envueltos, los cuales que traerán sus frutos después, para el uso de inteligencias que adoran y admiran. Las partes del gran sistema son tan maravillosamente adjustados unos a otros, que ningun ser infinito se atreve en decir que esto es inútil, o que es pernicioso o dañoso. Por qué Dios ha hecho precisamente tales clases de criaturas como las que moran con nosotros en el mundo, y por qué él les ha ordenado sus varios modos de vida, con los aventajes y inconveniencias particulares a cada una, estamos enteramente incapacitados de decir; y, si emprendemos en decir por qué él comoquiera ha hecho cualquier criatura, podemos asignar una razón la cuál pensamos que entendemos pero que en realidad sabemos muy poquito. Si la inteligencia unida del universo pudiera levantar su voz a Dios, como la voz de una criatura, y decir, "¿Por qué me has hecho tal?" (Romanos 9:20), esto sería una impiedad atrevida. Entonces, ¡qué impropio es para el hombre, quien es un gusano, en emplazar la sabiduría y la bondad de su Hacedor!
La bondad de Dios es el atributo de su naturaleza, el cual sobre todos los otros, saca el afecto de nuestros corazones. Somos llenos con el temor reverencial de su eternidad, omnipresencia, omnisciencia, y omnipotencia; pero podemos imaginarnos todos estos atributos conectados con cualidades morales los cuales los rinde repulsivos. Pero la bondad de Dios, aunque es terrible y grandiosa, es al mismo tiempo poderosamente atractiva. Es esto, cuando entendido en su sentido propio, no como el simple amor de felicidad, que rinde a Jehová como el centro propio del universo moral. Es esto que llama los corazones de todo los inteligentes santos que ahora estan en el cielo, y que esta atrayendo a ese lugar santo y alto todo lo que en la tierra es más excelente y bello; y si los corazones de cualquiera rechazan este centro, y se retroceden más lejos de él, ellos son "estrellas erráticas, á las cuales es reservada eternalmente la oscuridad de las tinieblas" (Judas 13).
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