1. A quienes Dios llama eficazmente, también justifica gratuitamente,1
no infundiendo justicia en ellos sino perdonándoles sus pecados, y contando y aceptando
sus personas como justas;2 no por nada obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente
por causa de Cristo;3 no imputándoles la fe misma, ni la acción de creer, ni ninguna
otra obediencia evangélica como justicia; sino imputándoles la obediencia activa de
Cristo a toda la ley y su obediencia pasiva en su muerte para la completa y única
justicia de ellos por la fe, la cual tienen no de sí mismos; es don de Dios.4
2. La fe que así recibe a
Cristo y descansa en Él yen su justicia es el único instrumento de la justificación;1
sin embargo, no está sola en la persona justificada, sino que siempre va acompariada por
todas las demas virtudes salvadoras, y no es una fe muerta sino que obra por el amor.2
3. Cristo, por su obediencia y
muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el
sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo
que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la justicia de Dios en
favor de ellos;1 sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para ellos,2 y su
obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las de ellos,3 y arnbas
gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura gracia,4 a
fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la
justificación de los pecadores.5
4. Desde la eternidad, Dios
decretó justificar a todos los elegidos;1 y en el cumplimiento del tiempo, Cristo murió
por los pecados de ellos, y resucitó para su justificación;2 sin embargo, no son
justificados personalmente hasta que, a su debido tiempo, Cristo les es realmente aplicado
por el Espíritu Santo.3
5. Dios continúa perdonando los
pecados de aquellos que son justificados,' y aunque ellos nunca pueden caer del estado de
justificación,2 sin embargo pueden, por sus pecados, caer en el desagrado paternal de
Dios; y, en esa condición, no suelen tener la luz de su rostro restaurada sobre ellos,
hasta que se humillen, confiesen sus pecados, pidan perdón y renueven su fe y
arrepentimiento.3
6. La justificación de los
creyentes bajo el Antiguo Testamento fue, en todos estos sentidos, una la misma que la
justificación de los creyentes bajo el Nuevo Testamento.'